Pedro Sánchez ha pasado a segundo plano. Susana Díaz centra la actualidad en torno al Partido Socialista y hasta la atención del oponente. Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría han criticado en las últimas horas un adelanto electoral que entienden responde únicamente a los intereses de la presidenta andaluza. Recuerdan que resta más de un año de mandato en esta región y que no hay bloqueo en iniciativas de calado.
De hecho, Izquierda Unida admite que el pacto no pasaba por su mejor momento, pero que la ruptura ha sido "unilateral" y "desleal" con los ciudadanos. Tampoco entiende nada. Sáenz de Santamaría se preguntó este martes por qué se arrebató el poder a Javier Arenas, vencedor de los últimos comicios, si no había compromiso de completar la legislatura, y por qué Díaz ha elegido marzo y no mayo, cuando se celebran autonómicas y municipales en buena parte del territorio nacional.
Ajena a las acusaciones, la socialista ha empezado la campaña asegurando que sólo responde a los intereses de los andaluces y con gran atención sobre Podemos. Ha admitido este miércoles en Telecinco que no le ha gustado que José Luis Rodríguez Zapatero y José Bono se reunieran con Pablo Iglesias. Díaz no ve peligro desde el Partido Popular de cara al 22-M, pero teme la irrupción histórica de una candidatura que amenazaría la Junta y con ello sus hipotéticas aspiraciones en Madrid.
Las europeas son un ejemplo lo suficientemente reciente y contundente como para no fiarse de los sondeos o el supuesto techo de Podemos. En este sentido, Díaz juega sus cartas, aunque se vea obligada a imponerse por una amplia mayoría, una vez ha perdido la confianza de sus socios estos años. Serán, cabe recordar, sus primeras elecciones como cabeza de cartel.
En sus declaraciones más recientes, ha confirmado contacto permanente con Felipe González y, quizá más significativo, con Eduardo Madina, con quien ha retomado relaciones, en especial desde su decepción con Sánchez, a quien aupó a la secretaría general con el deseo de un discurso más consensuado y una dirección menos promocional y personalista.
Moncloa, como han dicho sus principales ocupantes, no entra en los líos internos del PSOE, pero ve venir la tormenta y no le agrada: el más mínimo traspiés de la otra pata del bipartidismo dejaría efectivamente, como ya proclama Iglesias, un duelo PP-Podemos en las generales.
Rajoy añora a Alfredo Pérez Rubalcaba, sentimiento que crece en cada interlocución con Sánchez. En Díaz aprecia más sentido de Estado, menos coqueteo con los que él llama populistas, estabilidad; pero también la extrema dificultad de que pueda alcanzar el liderazgo en el PSOE sin herir las opciones del partido.
Entretanto, el secretario general sigue su camino consciente de los complicados meses que le esperan. Lo hace al menos con una decisión ya tomada: quiere llegar a La Moncloa y sólo las urnas dentro y fuera de Ferraz se lo pueden impedir.