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ENTREVISTA AL PROFESOR RAFAEL CRUZ

Así protestamos los españoles desde 1900

Alberto López Marín
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albertolopezelimparciales/13/7/13/25
domingo 01 de marzo de 2015, 10:32h
Actualizado el: 01 de marzo de 2015, 22:54h
'Protestar en España. 1900-2013' (Alianza Editorial) recoge más de un siglo de desigual lucha en las calles y en muy distintos contextos. Por ellos pasa documentada y analíticamente Rafael Cruz, profesor titular de Historia de los Movimientos Sociales en la Universidad Complutense de Madrid.
'Protestar en España. 1900-2013', de Rafael Cruz (Alianza Editorial).
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'Protestar en España. 1900-2013', de Rafael Cruz (Alianza Editorial).

PREGUNTA. Portada y contraportada, ocupadas por una ilustración de Enrique Flores de una multitud en torno a la 'ballena' de Sol, recuerda el 15-M. ¿Qué significó entonces y qué significa hoy esa fecha de 2011?

RESPUESTA. Fue un movimiento social muy original porque, entre otras cosas, ocupó por medio de una acampada las principales plazas de las ciudades españolas, incluida la Puerta del Sol -era la primera vez en la Historia de España que ocurría algo parecido- y se aprovechó de un ambiente político que era la campaña y las elecciones de mayo. Tanto el Gobierno de la Comunidad de Madrid como el de España no se atrevieron a desalojar la acampada porque eso restaba votos.

P. ¿Sigue vigente, está desapareciendo o sólo se ha transformado?

R. Tiene una traslación política. Ya en las europeas se presentaron varias coaliciones que respondían a ese espíritu. Creo que hay multitud de expresiones de lo que significó que siguen existiendo. Inmediatamente después del 15-M, empezaron las movilizaciones contra los desahucios, que a principios de 2013 tuvo una presencia política muy fuerte con los llamados escraches. Y después han estado todas las mareas, en 2013 también y parte del 14. Está vigente, lo que pasa es que repetir el 15-M es bastante difícil.

P. ¿Qué le parece la respuesta política, en especial la legislativa?

R. Los gobiernos suelen tratar de restringir la capacidad de protesta de la gente. La Ley de Seguridad Ciudadana saca del Código Penal buena parte de la protesta y la pone en códigos administrativos, elevando las multas. En general, quienes protestan no tienen mucho dinero.

P. Llaman la atención imágenes de cargas policiales o quema de contenedores, de violencia. ¿Son representativas? ¿Nos llega una noción correcta de las protestas?

R. El 99 por ciento de las manifestaciones, la inmensa parte, son pacíficas y no producen enfrentamientos violentos. En segundo lugar, generalmente, cuando hay enfrentamientos con la Policía tienen que ver con grupos marginales que pretenden llamar la atención y que no encuentran otra manera, porque les falta número y respaldo. Y los medios de comunicación son muy receptivos a reproducir los actos violentos. La Policía en ocasiones comete errores cuando trata de disolver una manifestación y en otros casos ocurren cosas indeseadas. Acordémonos del famoso "que soy compañero", con el agente infiltrado.

P. Ciertos políticos han puesto sobre la mesa la posibilidad de limitar el derecho a manifestarse, argumentando que se molesta a quien no participa, que hay un abuso.

R. Ha habido un incremento increíble desde 2011. Se han duplicado. En 2012 hubo 46.000, y 48.000 en 2013. Es una forma muy habitual por la gente que quiere llamar la atención sobre algún conflicto. Son decenas de miles de manifestaciones, pero estamos hablando del día a día y de todas las provincias españolas, y la mayoría de ellas compuestas por pocos centenares de personas. Un porcentaje muy pequeño de espectaculares o grandes

P. ¿Qué consiguen? ¿Cuál es la capacidad de presión especialmente de las pequeñas?

R. La mayor parte no consigue nada, pero tampoco los sabemos muy bien, porque los medios no las atienden. Es muy posible que aunque pequeñas, a quienes van dirigidas las conozcan y puedan responder para negociar lo que quieren los manifestantes.

P. ¿Han evolucionado los lemas, las proclamas, las formas?

R. En un siglo han cambiado mucho. Se han vuelto festivas, cosa que no era así. Hay una mayor profusión de música, de cánticos, de colores. Y los eslóganes también cambian. Se han hecho famosos sólo en este siglo el 'Lo llaman democracia y no lo es' o el 'No nos representan'; antes el 'Nunca mais', procedente de Brasil. La creatividad es infinita, hay mimetismo entre los creativos publicitarios y los que protestan, y los mensajes son acordes a los cambios de los tiempos.

P. ¿Cuál es la importancia de las redes sociales en todo esto?

R. La primera repercusión es la rapidez. Han creado una inmediatez en la comunicación fundamental. Y no hay que pagar por las convocatorias, los comentarios o los debates. De todas formas, no todo el mundo puede acceder a las redes sociales, los que no están se quedan aislados y hay mucha gente así.

P. Los hitos, el libro es una prueba, dan para mucho, pero sabrá apuntar algunos de los principales hitos de la protesta en España.

R. En la primera década del siglo XX, los españoles aprendieron a participar políticamente a través de la protesta porque el voto estaba muy restringido por el caciquismo y la intervención gubernamental. Y aprendieron a través de mítines, manifestaciones y otras formas no tan pacíficas. Luego, el 14 de abril del 31, cuando se produce la proclamación de la República, fueron cuatro días -que yo llamo "los que alumbraron al mundo"- en los que también los ciudadanos participaron de forma muy directa. Es otro momento culminante, un hecho transformador, en forma incluso de fiesta. Y por acortar, el ciclo de protestas de la llamada Transición fueron dos o tres años de una movilización extraordinaria sin la que no se entiende el cambio político. Y el 15-M, algo singular que no había hecho nadie y que de una forma improvisada tuvo éxito.

P. ¿Qué conciencia de protesta, cultura de manifestación tenemos los españoles en comparación países de nuestro entorno?

R. Desde hace 40 años, mucha. Lo que en otros lugares había arraigados en décadas anteriores, sobre todo en los 60, a España llegó en los 70-80 por la guerra primero y la dictadura, después. La cultura de la protesta más extendida en Europa occidental y Estados Unidos llegó con retraso pero ya no ha dejado de ser así. Protestamos igual y con las mismas herramientas.

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