Yihadismo, el enemigo en casa
lunes 23 de febrero de 2015, 08:07h
Las sanguinarias y brutales acciones del Estado Islámico (EI) a todos repugnan y conmocionan, y por todos son condenadas, pero no dejan de verse muy lejanas. Lo que es un error porque el fanatismo que desencadena los crímenes yihadistas vive también entre nosotros, en una Europa que no puede comportarse más como “la ciudad alegre y confiada”. El islamismo radical está intensificando su ofensiva en su salvaje delirio de arremeter contra “los infieles” y sembrar el miedo y el horror. En la mente de todos permanece el recuerdo del reciente atentado en París contra la revista Charlie Hebdo y el de hace apenas unos días acaecido en Copenhague en un acto sobre la libertad de expresión, que incluía un homenaje a las víctimas del semanario satírico.
Mientras que los hermanos Said y Chérif Kouachi, autores del atentado en la capital francesa, fueron enterrados en secreto y no se sabe dónde está su tumba, al entierro del asesino de Copenhague, Oman Abdel Hamid El-Hussein, asistieron unos quinientos hombres y todo apunta a que el cementerio musulmán de Brondby, en la capital danesa, pueda convertirse en un destino de peregrinación de yihadistas. El hecho resulta altamente inquietante, pues esos quinientos asistentes suponen una base social -junto a los que no asistieron, pero quizá aplauden su ataque-, que es una auténtica bomba de relojería inserta en el Viejo Continente. Una inquietud que se acrecienta al ver el perfil de los asesinos tanto de París como de Copenhague. Se trata de miembros de la tercera generación, nacidos y educados en los países de acogida. Los hermanos Kouachi eran franceses y El-Hussein danés.
Son personas absolutamente impermeables, sin embargo, a la educación recibida y al ambiente, que no se consideran en absoluto ciudadanos del país donde han nacido y viven, con independencia del credo religioso que profesen y que nadie les impide. No se sienten ciudadanos con derechos y deberes que no están ligados a una identidad de cualquier tipo -religiosa, étnica, ideológica…- y que implican unas reglas de juego aceptadas y compartidas. Habrá que analizar en profundidad esta realidad y desarrollar una decidida y eficaz acción integral que abarque medidas preventivas, sociales, educativas, policiales, judiciales… Pero hay que hacerlo pronto. En España, el pacto PP-PSOE contra el terrorismo yihadista va por buen camino, pero no hay que dar por zanjado el asunto, faltando, además, que en ese pacto participen otras fuerzas políticas. El yihadismo asesino no es solo patrimonio del EI. Sin alarmismos, hay que ser muy conscientes, para hacerle frente con toda contundencia y medios, de que puede estar en casa. De que está en casa.