Lídice Valenzuela García nació en Yaguajay, provincia de Sancti Spiritus, Cuba. Es licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana y, actualmente, se desempeña como profesora de técnicas periodísticas en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, de la capital cubana. Con vasta trayectoria en la profesión, la pluma de Valenzuela deja entrever a las claras el oficio periodístico.
Un paseo con Gabriel García Márquez podría ser tan solo un libro más sobre el ganador de Premio Nobel de Literatura. No obstante, el género de la crónica viene a dar una vuelta de tuerca a ese camino que ya ha sido transitado por otros autores con mayor o menor fortuna, como es el de escribir acerca de la vida de García Márquez, su biografía y sus círculos privados.
La crónica de viajes es la clave que le permite a la narradora en primera persona dar vida a los personajes y lugares y transformarlos en auténticos protagonistas de un libro que, en tan solo 140 páginas y con una edición cuidada, desarrolla un recorrido emotivo por los primeros años de aquel Gabo o “Gabito”, joven provinciano o de “pago chico” -como se los conoce a los habitantes de pequeños poblados rurales en el argot rioplatense- que una vez dejó su tierra natal para alzarse con fama, fortuna y gloria pero que nunca olvidó sus raíces.
Así, Lídice guía a los lectores por un itinerario que empieza con su desembarco en Colombia en 1989, con el firme propósito de filmar un documental sobre el autor de Cien años de soledad. Tras las huellas de esta obra cumbre de la literatura latinoamericana y los pasos de su autor, la periodista cubana desanda el camino que condujo a García Márquez desde una infancia teñida de sortilegios y aromas a cocina casera, con parientes cuyas excentricidades parecen haber sido destinados a transformalos en personajes literarios al abandono de una promisoria carrera de abogado para dar los primeros pasos en la prensa escrita a cambio de un sueldo de miseria.
Cuesta creer que Gabriel García Márquez fue una persona común y corriente y que la vida, como a la mayoría de nosotros, le pudo haber puesto muchas piedras en el camino antes de alcanzar la celebridad. En medio de los avatares que expone Valenzuela con naturalidad en la voz de los protagonistas de aquellos primeros años en la biografía del escritor -como por ejemplo, la maestra, el editor, el profesor y confidente, la prima lejana, entre otros- sorprende que alguna vez uno de los mejores escritores latinoamericanos -en palabras de Valenzuela, el mejor de todos- haya sentido el desasosiego de recibir la noticia de que su original enviado a la editorial Losada haya sido rechazado por su baja calidad literaria de acuerdo con el veredicto lapidario del crítico y ensayista español afincado en Argentina, Guillermo de Torre (en el libro está escrito por error con ese final), esposo de la genial Norah Borges.
Entre las notas de color, la anécdota del empresario hotelero que cuenta risueño que todavía guardaba la boleta de la deuda que Gabo tenía con él tras haberse ido sin pagar una habitación, es realmente jocosa. Lo mismo que el nombre del ron de caña, “Las tres esquinas” que se toma caliente y cuyo nombre remite a la imposibilidad de encontrar la cuarta esquina después del primer trago. En cambio no es nada gracioso y, de hecho provoca profunda consternación, la historia de aquella empresa norteamericana que sometía a los trabajadores bananeros a condiciones laborales infrahumanas o la crónica de la masacre de obreros jornaleros a finales de la década de 1920.
En definitiva, sin golpes bajos ni estridencias, Un paseo con Gabriel García Márquez cumple con lo que promete, desarrollar una crónica de viaje, no ya con el famoso Gabo, sino con aquellas personas que contribuyeron a hacer de él una celebridad porque constituyeron su fuente de inspiración