El desafío de acordar un nuevo tratado de Kyoto
domingo 25 de mayo de 2008, 18:50h
La comunidad internacional enfrenta un gran desafío que pondrá a prueba la aptitud de nuestras instituciones globales para afrontar la amenaza que significa el cambio climático, con los riesgos que fueran precisados en el Tercer informe del Grupo Intergubernamental de Expertos convocados por Naciones Unidas el año pasado. Por los acuerdos de Kyoto 38 países industrializados se han comprometido a reducir, entre 2008 y 2012, sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 5,2 por ciento por debajo de los niveles de 1990 (lamentablemente el mayor contaminador mundial, Estados Unidos, se negó a ratificar el Protocolo de Kyoto). Además, en diciembre del 2007, todas las naciones que suscribieron la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático resolvieron que hacia fines del 2009 se reunirán en Dinamarca para lograr un nuevo acuerdo que sustituya este Protocolo que fenece en el 2012. Las negociaciones que se avecinan serán complejas por tres circunstancias. Primero, todos los países industrializados con compromisos de reducción representan hoy apenas el 28 por ciento de las emisiones mundiales (Unión Europea 15%, Rusia 6% y Japón 4%). Segundo, Estados Unidos que es el principal contaminador no asumió ningún compromiso internacional de reducción (21 por ciento del total de emisiones). Y en tercer lugar, el mundo en desarrollo no está obligado a realizar reducciones de sus emisiones, que alcanzan al 50 por ciento del total (China ya es el segundo país contaminador con el 19 por ciento de las emisiones totales).
El panorama de las negociaciones se complica aún más si se consideran tres hechos adicionales. Primero, las proyecciones indican que en las próximas décadas nada menos que el 75 por ciento del incremento en las emisiones será responsabilidad del mundo en desarrollo (China sola causara el 40 por ciento del aumento esperado); en esta etapa de la globalización el mundo emergente acorta las distancias económicas con el mundo industrializado. El segundo hecho tiene que ver con la historia de los últimos siglos. La acumulación de gases en nuestra atmosfera es responsabilidad de las naciones que lideraron la Revolución Industrial desde fines del siglo XVIII. Europa y Estados Unidos representan apenas el 12 por ciento de la población mundial pero han sido responsables de nada menos que el 70 por ciento de los gases acumulados hasta hoy. En tercer lugar, el tablero negociador se complica aun mas cuando se presta atención a las enormes diferencias en las emisiones por habitante, es así como un alemán contamina 100 veces más que un etíope, un norteamericano el doble de un alemán y 5 veces más que un chino, un canadiense 20 veces más que un guatemalteco y un ingles 8 veces más que un vietnamita. Un habitante del primer mundo industrializado contamina 15 veces más un habitante de un país pobre. Por esto Kevin Watkins, Director de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, pudo expresar que “Si los habitantes del mundo en desarrollo hubieran generado emisiones de CO2 per cápita al mismo ritmo que los norteamericanos, necesitaríamos la atmosfera de nueve planetas Tierra”. El Presidente Busch proclamo en abril por vez primera la decisión de evitar el incremento en las emisiones, pero recién hacia el 2025. Mas importante que esta tibia y tardía decisión del Presidente que ya está concluyendo su mandato, es el compromiso anunciado por los candidatos Obama y McCain de implementar reducciones de por lo menos el 65 por ciento en las emisiones contaminantes.
Las evidencias señalan la urgencia en reducir las emisiones, es cierto que hay incertidumbre, pero cuando enfrentamos riesgos globales de magnitud la falta de certeza absoluta no justifica la inacción, ya que el actual sistema energético mundial no es compatible con los sistemas ecológicos que sostienen nuestro planeta. Se requiere una revolución tecnológica “verde” de alcance global, que no solo sea más eficiente desde el punto de vista ambiental (energías “limpias”) sino que además promueva la conservación de la energía. El consenso global no será nada fácil, como ya hemos visto, por los enormes intereses nacionales enfrentados entre sí, pero tampoco es imposible si la comunidad internacional se decide enfrentar solidaria y responsablemente el desafío del cambio climático y preservar la Tierra para las futuras generaciones.
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Economista
ALIETO GUADAGNI es economista graduado en la Universidad Nacional de Buenos Aires, con estudios de postgrado en la Universidad de Chile y Doctorado en la Universidad de California (Berkeley)
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