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El coche-bomba griego

Alejandro Muñoz-Alonso
lunes 16 de marzo de 2015, 19:51h

Cada vez es más evidente que Grecia es como un coche-bomba que se ha metido en el complejo engranaje institucional europeo y que, por lo pronto, ha sembrado la alarma en el Eurogrupo pero también en el conjunto de la Unión Europea y en sus ciudadanos. Nadie sabe si explosionará o no y, si lo hace, todos ignoran si los efectos de la explosión serán fáciles de remediar o, por el contrario, provocarán una catástrofe. Esto último es lo que dice el francés Moscovici, comisario de Asuntos Económicos, que rechaza por eso la posibilidad de que Grecia salga del euro, mientras el germano Schäuble no oculta que a los alemanes se les está acabando la paciencia. Algo que no puede extrañar a la vista de los sondeos según los cuales un 60% de los alemanes estiman que Grecia debe salir del euro. Por no hablar del 80% que, simplemente, constata la patente realidad: que Grecia no está cumpliendo ninguna de sus obligaciones ni de sus promesas. Lo dice el país cuyos ciudadanos más han contribuido a paliar los males griegos (41.000millones de euros).

Entre el comisario francés y el ministro alemán se sitúa Juncker que, por su condición de Presidente de la Comisión Europea, está obligado a actuar como mediador. Pero tras su entrevista con Tsipras el pasado viernes día 13, no se mordió la lengua para decir que Grecia, con su actual Gobierno, no ha hecho hasta ahora nada de lo que se le ha pedido y ha exigido la rápida aplicación de las medidas acordadas con el Eurogrupo. En ese papel de mediador, Juncker ha pedido que “todos” –una alusión general que incluye tanto a griegos como a alemanes- rebajen la tensión, pero inmediatamente después vino a decir que la pelota estaba en el tejado griego y que no descartaba ningún extremo. Una vaga referencia al llamado Grexit, es decir la salida de Grecia de la zona euro, que supondría la vuelta a su antiguo dracma, que se devaluaría espectacularmente, al tiempo que se le cerraban todas las posibilidades de financiación exterior. La prima de riesgo griega alcanzaría niveles hasta ahora impensables. El coche-bomba explosionaría con los mayores efectos letales, por lo menos para los griegos.

Lo cierto es que Tsipras y su gobierno están dilapidando a ojos vista los cuatro meses que se les han dado para que empiece a poner su casa en orden. Pero no les da la gana de afrontar la realidad porque eso supondría ir en contra de todas las falsas promesas que hicieron en la campaña electoral, imposibles de cumplir, dentro o fuera del euro. Los engatusados ciudadanos griegos les compraron alegremente todas sus falacias, pensando en un milagrito de esos que en política son imposibles porque, como en cualquier familia, la única norma válida es que no se puede gastar más de lo que se ingresa. Oiko nomos,la norma o el gobierno de la casa, una de tantas palabras que hemos heredado de aquella otra Grecia, la clásica. La economía griega, que empezaba, lentamente, a crecer durante el gobierno anterior, se ha hundido aún más. La recaudación está bajo mínimos, las arcas del Estado están vacías y nadie cree que se puedan pagar los 7.000 millones de euros que vencen ya, el 20 de este mes, y que deberían recibir sus acreedores, 1.500 de los cuales son deudas al FMI.

Resulta incluso ridículo que, en ese ámbito de la ocurrencias, en el que se mueven tan ágilmente los populismos no se les haya ocurrido otra cosa que convertir a turistas, estudiantes, amas de casa y a otras personas no especializadas en “espías fiscales”, esto es en chivatos que denuncien que el vecino no paga los impuestos o que el fontanero no ha incluido el IVA en la factura. Esta medida no ha sido una licencia del ministro de Hacienda, el ya famoso Varufakis, ante una telecámara o un micrófono, sino que figura en una carta formal que este profesor burgués pasado al populismo -(lo que en España se llamaba al final del franquismo la gauche divine) y que vive como los dioses del Olimpo- ha enviado al presidente del Eurogrupo, Dijsselbloem. Una práctica ésta de la mitad de los ciudadanos espiando a la otra mitad, propia de los totalitarismos y que confirma la verdadera naturaleza de la gobernante coalición Syriza. Se trata, escribía el griego, de poner en marcha “una nueva cultura de cumplimiento fiscal”.

Pero a todo a quien gana y mientras Tsipras dialogaba con Juncker y Varufakis se dedicaba a la tarea epistolar, su compañero de Gobierno, el ministro de Defensa Kammenos, líder de un grupo ultranacionalista de derechas, llamado los Nuevos Griegos, se ha despachado a gusto en un medio alemán, Bild, afirmando que si Grecia saliese del euro detrás irían Italia y España. Y, seguramente añadió, también Alemania poco tiempo después. Es decir el coche-bomba griego en las intenciones de estas gentes se llevará por delante a toda la UE. Amenazas y provocaciones son el estilo de esta gente imposible, que ha vuelto a sacar la cuestión de las indemnizaciones que, en su opinión, debería Alemania a Grecia como reparación por los daños y horrores producidos durante la ocupación nazi. Algo así como si España le pidiera a Francia indemnización por la agresión y ocupación de nuestro país por Napoleón Bonaparte. ¡Ministro Montoro: A lo mejor ahí hay una mina!

Ante esta actitud no puede extrañar que a Alemania no le quede ya ni un gramo de paciencia. Según una noticia, que no he podido confirmar, Alemania y Grecia habrían dado por saldadas las deudas –tras algunos pagos que se hicieron- a cambio del apoyo alemán para que Grecia entrase no sé si en la UE o el euro. No hay más remedio que pensar que más valdría haber llegado a algún acuerdo económico y haber hecho esperar a Grecia a las puertas de la UE, hasta que se hubiera hecho realidad esa “nueva cultura del cumplimiento fiscal”. Lo que no tiene ningún sentido es que, como acaba de decir Rajoy, todos estemos ayudando a Grecia pero ellos no quieren ayudarse a ellos mismos. Nada que pueda extrañar si tenemos en cuenta que estos de Syriza son los descendientes ideológicos de los comunistas que, tras la II Guerra Mundial, sumieron a Grecia en una guerra civil porque querían que formara parte del bloque soviético.

La lección a aprender es el riesgo de los populismos irresponsables. A mediados de 2014, según diversos analistas económicos, Grecia experimentaba una “suave recuperación” y hasta creció, descontando pagos de la deuda, un 0’8 %. Esa era la vía, pero la perspectiva de que las elecciones las ganaría Syriza, como efectivamente ocurrió, echó por tierra esa leve esperanza. Ya en el trimestre octubre-diciembre el PIB cayó un 0’4% y si, como parece muy probable, vuelve a caer en el primer trimestre de este año, Grecia se hundirá de nuevo en la recesión.

Cuando uno ve los elevados porcentajes de “estimación de voto” -que no son votos efectivos pero que sí marcan las tendencias de la opinión pública- que obtienen en España partidos como Podemos no hay más remedio que lamentarse de la escasa racionalidad con que se afrontan por muchos ciudadanos sus responsabilidades políticas. Que los que venden, a estas alturas, esta mercancía averiada y engañosa del neo-comunismo sean sedicentes profesores de Políticas es aún más triste y deprimente. ¿Qué le ha pasado a nuestra Universidad para que albergue a estos charlatanes de feria, dedicados, como han denunciado muchos alumnos, al más avieso adoctrinamiento político?

La crisis española, como la europea en general, tiene muchos responsables: los que no hicieron nada para aliviar el tsunami que se acercaba y esa otra calaña de quienes se han aprovechado del sufrimiento ajeno para dar “el pelotazo”, algo que creíamos que era cosa de otros tiempos. Y, o Europa se libera de estos coches-bomba que ponen los populismos en medio de nuestras sociedades o perecerá si los electores no se toman el voto con toda la seriedad que requiere. Los pueblos no suelen aprender en cabeza ajena pero, en este momento, es imperativo no olvidar ni perder de vista la lección griega. Los populismos –tanto los de izquierda, como los que existen por aquí, como los de derecha que hay en otros países- sólo sirven para ahondar más las miserias que aquejan a la sociedad. Basta con mirar al este, Grecia, o al oeste, Venezuela. ¿Alguien espera que la prosperidad y la libertad puedan venir de estos países que están al borde mismo del abismo en que yacen los Estados fallidos?

Alejandro Muñoz-Alonso

Catedrático de la UCM

ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular

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