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ELECCIONES EN ISRAEL

Netanyahu despliega su magia: las claves de su victoria en Israel

miércoles 18 de marzo de 2015, 15:02h
Netanyahu despliega su magia: las claves de su victoria en Israel
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Será primer ministro por cuarta vez, tercera de forma consecutiva.

Israel ha decidido. Seguridad por encima de calidad de vida. Contra todos los pronósticos, o al menos los de los últimos días de campaña, Benjamin Netanyahu se hizo este martes con la victoria en las elecciones legislativas israelíes al lograr que su partido, el Likud, fuera el partido más votado por delante de la coalición de izquierdas abanderada por Itzhak Herzog yTzipi Livni.

Con la vitola de haber sido el primer ministro más joven de la historia del país, Bibi, como se le conoce popularmente, ha conseguido sobreponerse a la caída de su popularidad y a unas políticas sociales errantes que le daban como segundo para los comicios de ayer, una consulta adelantada por el propio Netanyahu tras la crisis abierta el pasado mes de diciembre con la destitución de dos ministros.

Finalmente, el Likud seguirá siendo la formación más representada en el Knesset, el parlamento nacional, con 30 de los 120 asientos en liza, seis más que la coalición progresista de Campo Sionista.

'Robar' a la ultraderecha
El porqué del vuelco electoral de última hora en Israel se explica por el gran esfuerzo del Likud en los últimos días de campaña, en los que Netanyahu ha estado omnipresente en los medios locales, en contraste con su alergia a pregonarse ante los periodistas, y el más que notable giro de su discurso hacia posturas mucho más conservadores que de costumbre.

Netanyahu, sabedor de que la numerosa población jaredí (ultraortodoxa) del país, el 10 por ciento de la población, unas 790.000 personas, no optaría por la opción de Campo Sionista, intentó acercar para sí los votos que en principio se decantaban hacia la formación ultranacionalista de Habayit Hayehudí (Hogar Judío) de Naftali Bennett, el gran derrotado de las elecciones y, sin embargo, más que probable aliado del Likud a la hora de formar un nuevo Ejecutivo.

De este modo, el Likud ha logrado sumar a su causa un buen puñado de votos de las formaciones más de derechas, algo que no logró Campo Sionista con las otras opciones progresistas. Netanyahu recolectó más votos útiles de última hora que su gran rival y es así como ha pasado en apenas una semana de estar 4 puntos por debajo en las encuestas a obtener cinco por encima, motivo por el que los liberales han bautizado a su líder como 'El mago'.

Esta remontada también se cimenta sobre la movilización de la población de las colonias, tradicionalmente de centroderecha y que suma 650.000 personas, el 7,4 por ciento del censo nacional.

Al tanto de este nicho, Netanyahu programó uno de sus últimos actos de campaña en uno de los bastiones de la izquierda, la Plaza Isaac Rabin de Tel Aviv, donde anunció ante 25.000 personas, la mayoría proveniente de los territorios ocupados, que promoverá nuevos asentamientos en Jerusalén este y Cisjordania.

Obama es Herzog, Herzog es Obama
Bibi ha hecho de su discurso de fin de campaña un pregón mucho más hostil, llegando a reconocer que, mientras él esté en el poder, jamás habrá un Estado Palestino, que Jerusalén no será dividida bajo ningún concepto o que Israel es la primera línea de defensa contra la amenaza que suponen Irán, en plenas conversaciones con Estados Unidos a cuenta de su programa nuclear, y Estado Islámico para Occidente.

La ruptura de relaciones entre Obama, un presidente saliente y sin ganas de hipotecar sus últimos días con un amigo incómodo, y Netanyahu, escenificada en la última comparecencia del primer ministro hebreo ante el Congreso de Estados Unidos sin el visto bueno de la Casa Blanca, ha dado alas al premier hebreo para radicalizar su discurso sin el filtro que supone su gran alianza con Washington.

La estrategia, pues, era clara. Ligar la tibieza de la Casa Blanca en Oriente Medio y Próximo al programa laborista de Herzog y Livni. “Si ganan, cederán ante las presiones externas; seremos más débiles”, repetían en la recta final de la campaña numerosos y destacados miembros del Likud. El discurso, apelando claramente al miedo de los israelíes, ha surtido efecto.

Ahora, con los resultados sobre la mesa, unos guarismos que ni el mismo Likud se esperaba, Netanyahu tiene la labor de formar un Gobierno, su cuarto como primer ministro, tercero consecutivo, en alianza.

Lo natural sería un Ejecutivo de corte muy conservador donde tendrían cabida Hogar Judío (8 diputados), Kulanu (10), liderado por el centrista Moshé Kahlón; Israel Beitenu (6), encabezado por el radical Avigdor Lieberman; Shas (7), de Arie Deri; y Judaísmo Unido de la Torá (6), con Moshé Gafni y Yaacov Litzman al frente.

Descartado un gran Ejecutivo de concentración nacional, de llegar a un acuerdo a seis bandas, las cuentas le salen a Netanyahu, pues tendría a su favor 67 de los 120 escaños del Knesset, margen de sobra no sólo para formar Gobierno bastante homogéneo ideológicamente, no muy habitual en Israel y para lo que se ha fijado un plazo máximo de tres semanas, sino también para asegurarse respaldo suficiente como para poner en marcha sus próximas políticas.

A pesar de haber ganado los comicios, Netanyahu es consciente del creciente descontento entre sus compatriotas. El Likud ha cedido terreno respecto a las elecciones legislativas de hace dos años, mientras que la izquierda laborista ha pasado de 15 a 24 representantes, lo que es un claro toque de atención a los liberales.

Durante la última legislatura, el coste de la vida en Israel se ha disparado un 74 por ciento, lo que ha disparado las desigualdades sociales y ha llevado al 40 por ciento de los jóvenes a querer emigrar en busca de mejores condiciones, una tendencia inaudita en un país que promueve el acercamiento de los judíos del mundo hasta sus fronteras.

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