La mujer, sin ir más lejos
miércoles 18 de marzo de 2015, 16:02h
El pasado día 8 se conmemoró el Día Internacional de la Mujer. Las mujeres, mal que les pese a los que carecen de verso en sus malgastados paladares, son el paradigma de todo equilibrio en esta ambivalente sociedad.
El mecanismo es muy sencillo de entender. Iguales a los hombres no, o sea, no, y bien sabido es que por diversas razones somáticas, que no viene al caso extenderse, así como a la filosofía de ser mero instrumento a la deriva del hombre omnipresente de la creación, tampoco. Veamos un ejemplo práctico para aquellos que aún esperan una aclaración de esta teoría.
Supongamos que ellas compiten con los hombres en la vuelta ciclista. La cosa está en dar pedales sin más. Les aseguro que todas irían pedaleando sin parar, pero al mismo tiempo unas estarían cambiando las cortinas del dormitorio, retocando el fondo de armario, haciendo una tarta de manzana y arreglando la cisterna del baño; mientras que otras estarían firmando el protocolo de emprendimiento para el desarrollo sostenible rural, dirigiendo los planes específicos de apertura hacia nuevos mercados estratégicos o desarrollando estudios sobre la biodiversidad de la conducta igualitaria. Mientras tanto, el hombre ciclista seguiría con la cabeza agachada metida sobre el manillar de la bicicleta dando pedales y más pedales. Así cualquiera.
Quien dijo haber creado a la mujer no tiene fundamento. La mujer se reinventó a sí misma y luego se dedicó a crear la naturaleza viva, es decir, los océanos, las montañas, la flora, la fauna y los afluentes del río Ebro. Algo más tarde inventó el sistema de conteo (madre de todas las cuentas actuales), el astrolabio, el periscopio, el lavavajillas, los dolores de cabeza e incluso la marcha atrás (con perdón) porque antiguamente solo sabíamos andar hacia adelante.
Por aquél entonces aún no existía el hombre, llegaría poco después mediante el proceso de fermentación de un fruto llamado embrión; claro que esta teoría no les interesa a muchos, principalmente a los antropólogos, filósofos e incluso al mismísimo hombre de Cro-Magnon. Por ello no debe extrañar que las autoridades gubernamentales, la iglesia y demás poderes terrenales guarden absoluto silencio al respecto. La teoría sobre la no existencia del hombre humano sería una auténtica catástrofe, más o menos el fin de los tiempos, de tal manera que la historia habría que volver a escribirla desde el principio, con lo que eso tiene de costoso. Hoy en día ya no quedan amanuenses.
Lo cierto es que a estas alturas la mujer continúa estigmatizada por unas leyes desiguales e infumables, unas costumbres arcaicas, unos legisladores consumidos por la naftalina y, en definitiva, un baúl lleno de prejuicios maledicentes con doble fondo. Ahora que estamos en época de consultas, campañas electoralistas y mercados de ocasión de poltronas, habría que preguntar a los indignados, clase política en general, sindicalistas, inspectores de trabajo, medios de comunicación, asociaciones, seres humanos donde los haya ¿por qué diantres las mujeres empadronadas en este mundo tienen que ser diferenciadas, hostigadas, maltratadas y humilladas?
En fin, permítanme un consejo, a las mujeres no hay que tratar de entenderlas, basta sólo con admirarlas.