TRIBUNA
El Papa Francisco
sábado 21 de marzo de 2015, 20:00h
Ha tenido que ser un hecho de considerable relieve para que mi corazón entumecido y acorchado se haya dado cuenta, como si se tratara de un aldabonazo, de quien es en realidad el Papa Francisco. Y el hecho ha sido que el Papa no vendrá a España. “El norte de Castilla” lo titula a grandes titulares “El Papa Francisco rechaza visitar Ávila y Alba de Tormes durante el V Centenario”.
La noticia cayó como una bomba. La Secretaría de Estado de la Santa Sede hizo llegar a Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal una carta con el comunicado. Se aducen problemas de agenda, falta de acuerdo en las fechas, citas electorales. Pero el que venga el nuevo Papa a España es siempre un motivo de prestigio, de fama y por qué no también de dinero.
Pero hay otras fuentes que parecen indicar que al Papa Francisco, ese hombre que viajaba en metro, que llevaba un coche casi cochambroso, que denuncia de manera constante la perversidad del mundo actual donde unos pocos tienen de todo y una inmensa mayoría carecen de casi todo, prefiera ir, vamos no dude en ir donde verdaderamente le necesitan, esto es, lo que él llama “Las Periferias”. Sí, las periferias de este mundo globalizado donde necesitan su voz, su compañía y su amor de padre.
Este hecho que ha generado en España una gran desilusión pues se habían puesto muchas esperanzas en la visita ya que se conmemora el V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús y la ilusión por parte de los organizadores era tremenda, me da que pensar.
Es posible que cualquier otro Papa, cualquier otro hombre habría venido sin pensarlo. Francisco tampoco lo habrá pensado demasiado, la vida humana es muy corta y la de un Papa por supuesto, sobre todo con la edad que suelen tener los Papas.
España es un país esencialmente católico, descubridor y evangelizador de las Américas, del Nuevo Mundo, propagador de la fe como ningún otro, “reserva espiritual de Europa” como gustaba llamarla un jefe del Estado que estuvo décadas en el pasado. Un país por otro lado descristianizado en los últimos tiempos por contagio general con la marea laicista y relativista, y últimamente, muy últimamente victima por no decir protagonista de una masa de dirigentes que han robado al pueblo a mansalva, sus dineros a millones, por no decir su honra y hasta su fama.
Francisco comprende esto, no hay duda, pero lo tiene claro, es un papa pragmático o por decirlo de otra manera es uno de los papas que más se siente interpelado por los miserables de este mundo, por los más miserables, y que curiosamente coincide milimétricamente con lo que hizo Jesús de Nazaret durante su corta primera estancia en la tierra, planeta tan hermoso y tan injusto, tan bello y tan cruel.
Francisco ordena a sus sacerdotes, a sus obispos, a sus fieles, marchar hacia las periferias, evangelizar, hacer llegar el consuelo, la palabra y la ayuda, el amor a los que no tienen nada, a los que mueren día a día de hambre y de miseria ante la indiferencia de los habitantes del mundo de la opulencia y no digamos de muchos de los dirigentes de ese mismo mundo de la opulencia, y aquí no quiero echar más leña al fuego pues en parte, aunque sea pequeña, me considero responsable de esa ignominia.
¡ Quién pudiera ser el Papa Francisco por dentro, ese jesuita nombrado papa con toda la fuerza, la inteligencia y el arrojo que han tenido tantos jesuitas, misioneros, mártires y hasta teólogos de la liberación !