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TRIBUNA

Preparando la Semana Santa

jueves 26 de marzo de 2015, 19:52h

Acaba el duro primer trimestre del año, el de la famosa cuesta, con un confuso comienzo primaveral, pero con la buena nueva inusual de que empieza la Semana Santa con algunos días sombreados en el deseado (a estos efectos exclusivamente) color rojo.

Preparados estamos para ese famoso anuncio-anticipo de la Dirección General de Tráfico de que “se esperan más de equis millones de desplazamientos”, equis que va creciendo año tras año. A pesar de tanta agobiante crisis, la Semana Santa permite hacer un breve paréntesis y darse un garbeo a coger aire.

Qué mejor opción que coger carretera y manta y plantarse en Cáceres, declarada Capital Gastronómica (con mayúsculas) de España a catar el jamón de cerdo ibérico criado con la mejor bellota o la torta de la Serena o del Casar, soñar con las primeras cerezas del Jerte o disfrutar con la mejor presa ibérica del mundo mundial. Eso sí después de haberse ganado el derecho a las viandas paseando por el barrio renacentista más alucinante de España en sesión de mañana y de nuevo al atardecer.

Tampoco es mal plan desplazarse a Zamora a callejear entre sobrias procesiones castellanas, eso sí paseando por el bar de vez en cuando a caldearse con un caldito o con una copita, o a quedarse sin habla escuchando en la plaza de la Diputación Principal el enmudecedor Miserere. Y si queda tiempo dar un salto hasta el Monasterio de Silos, cerca de Lerma, para paladear los cantos gregorianos de los benedictinos aunque, naturalmente, tras hacer escala en Sepúlveda a ser transportado a la galaxia celestial en forma de cordero asado de verdad. En el AVE te plantas en un rato en Málaga para que se te ericen los pelos al ritmo del himno de la legión con una docena de legionarios elevando el Cristo en la Cruz de Mena. Sobrecogedor.

Otros preferirían reservarse para dentro de unos días y participar en la excepcional fiesta de Moros y Cristianos de Alcoy al ritmo lento que marca el tambor, que ha de culminar necesariamente con una buena paella de leña. O cruzar el charquito hasta Menorca y darse una vuelta por la exhibición de los caballos en Ciudadela o por la representación inigualable de la ópera “Carmen” en el Teatro de Mahón, el más antiguo de España, a finales de mayo, encargando una buena langosta en mesa mirando al puerto.

Que nadie piense que no hay aprecio por la gamba de Huelva o de Palamós, el bocarte del Cantábrico, los percebes de las Rías Altas, las fabes con almejas, el rodaballo de Guetaria, el salmorejo cordobés, el zancarrón aragonés o los calçots… Que nadie piense que me olvido del Cristo de los Faroles, de la cofradía de la Macarena o de la tamborrada de Almazán, de Jumilla, de Calanda o de la Andorra de Teruel, como tampoco de la Alhambra granadina o de las pistas de Baqueira. ¡Es que no da tiempo!

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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