El presidente de Perú, Ollanta Humala, se ha negado a recibir a las esposas de los opositores encarcelados sin ningún tipo de garantías en Venezuela: Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López, y Mitzy Capriles, consorte del alcalde de Caracas Antonio Ledezma. Ambas cónyuges se encuentran en la capital peruana con motivo del Seminario Internacional:
“América Latina: Oportunidades y Desafíos” -organizadoporlaFundación Internacional para la Libertad- quesecelebraestosdías en la Universidad de Lima, para intervenir en la jornada inauguraljuntoalPremioNobelMario Vargas Llosa, en torno a una primeraponenciabajoeltítulo “Venezuela y la libertad”.
Ollanta Humala se ha apresurado a declarar que este rechazo a Lilian Tintori y Mitzy Capriles, que ya habían obtenido el respaldo público de los exmandatarios Alan García y Alejandro Toledo, no ha quebrantado la sintonía de Vargas Llosa con su Gobierno. En sus propias palabras, recogidas por EFE: “Aquí no hay nada de confrontaciones, con Mario Vargas Llosa tenemos una muy buena relación.” Sin negarlo, el escritor hispano-peruano ha mostrado su evidente malestar lamentando “profundamente que el presidente Humala y su esposa Nadine Heredia no hayan querido abrir sus puertas a las esposas de los opositores apresados.”
Humala ha tratado sin duda de esquivar las complicaciones diplomáticas que habría traído consigo esa entrevista. La llamada a consultas de los embajadores, sufrir la avalancha de descalificaciones chavistas y los habituales insultos de Nicolás Maduro, que sitúan a sus interlocutores en la difícil tesitura de tomar medidas a la altura de los agravios proferidos o intentar quitar importancia a esa verborrea, a cambio de dejar sin respuesta las ofensas recibidas. La inhibición de Ollanta Humala, en cualquier caso, concuerda a la perfección con el mal denunciado por Mario Vargas Llosa en la tribuna de la Universidad limeña: la actitud timorata de la gran mayoría de los Ejecutivos democráticos hispanoamericanos, acobardados ante la beligerancia del chavismo venezolano.
Para el autor de La Fiesta del Chivo es “una vergüenza que en América Latina existan tan pocos Gobiernos que hayan condenado las prácticas opresoras del régimen de Caracas.” En consecuencia, dirigiéndose a sus compañeras de mesa, proclamó: “Les pido a ustedes, y a través de ustedes a todos los resistentes venezolanos, perdón por esa conducta de los Gobiernos democráticos latinoamericanos que muestran muy débiles convicciones democráticas, cuando no una secreta complicidad con la dictadura venezolana.” Pero hizo una salvedad entre lo que es la actuación de los Gobiernos y el verdadero sentimiento de los ciudadanos hispanoamericanos: “No piensen que esa actitud de esos Gobiernos timoratos, de esos Gobiernos acobardados y a veces cómplices de la dictadura venezolana representa a sus pueblos. No es verdad.” Por lo que concluyó que “Venezuela reclama solidaridad con su democracia y la oposición venezolana se encuentra en el lado correcto de la historia.”
La causa iniciada por Mario Vargas Llosa frente al chavismo venezolano y los regímenes que lo escoltan, le ha convertido en el intelectual que lidera hoy la batalla ideológica y política contra los autoritarismos que imperan en amplísimas áreas hispanoamericanas. No se trata de un escritor que opina sobre la vida social y política con mayor o menor arbitrariedad o acierto. Sino que estamos ante un autor cuyas obras poseen como uno de sus ejes centrales la observación descarnada de la naturaleza del poder y la exploración de ese poder en el ámbito político, adoptando una decidida posición de combate cuando este se torna opresor, despótico o criminal. Ya en sus primeros cuentos reunidos en Los Jefes indaga en el carácter del mando fuera de las instituciones, en el territorio de las pandillas juveniles desarraigadas, pasando a contraponer la autoridad institucional frente al poderío personal en La ciudad y los perros tras su experiencia en el Colegio Militar Leoncio Prado.
Conversación en La Catedral es, a su vez, quizá el más profundo análisis narrativo que se haya hecho sobre los resortes corruptores en los que se fundamenta el poder dictatorial, a raíz de la dictadura militar articulada en torno al general Manuel Apolinario Odría. Relatos como La guerra del fin del mundo o Lituma en los Andes diseccionan los movimientos de masas opresivos, su irracionalidad y su apelación al terror como Sendero Luminoso en Perú. La Fiesta del Chivo ahonda en la lucha por el poder en la tiranía dominicana de Trujillo y su última novela, El héroe discreto, ensalza el valor del ciudadano cuando se rebela contra los déspotas que quieren someterle.
Antecedentes como Tirano Banderas, de Valle-Inclán, o El Señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias, quedan como narraciones precursoras de excelsa calidad literaria, pero con muchísimo menor calado en el uso del escalpelo para arrojar luz sobre la auténtica condición última del poder político y su manipulación dictatorial. Es desde este conocimiento, en obras ineludibles para comprender el cesarismo hispanoamericano, donde Mario Vargas Llosa es una voz autorizada e imprescindible para desmontar las autojustificaciones de los regímenes inaceptables en la región.
Apenas quedan restos de las dictaduras militares fomentadas en la época de la Guerra Fría en Hispanoamérica. Pero sí han proliferado en el siglo XXI otras formas de opresión que malversan el sentido democrático de las urnas. Al Premio Nobel Mario Vargas Llosa le asiste la legitimidad de concertar un movimiento liberal en Latinoamérica contra el chavismo, algo que le traerá sinsabores, grandes esfuerzos, corrientes de opinión que intenten doblegarle. Pero este liderazgo liberal contra la doctrina bolivariana resulta hoy poco menos que indispensable y urgente, abarcando el desmontaje ideológico de los diferentes populismos, reunidos en torno a los petrodólares de Venezuela en la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA), el peronismo kircherista, la antidiluviana dictadura castrista. Instituciones como la Fundación Internacional para la Libertad hacen bien en proporcionar los medios -como hoy sucede en Lima- para que la figura liberal de Mario Vargas Llosa pueda ejercer toda su capacidad en aglutinar voluntades contra los autoritarismos en Hispanoamérica, de los que el chavismo venezolano no es el único, pero sí uno de los más hirientes ejemplos.