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crítica teatral

"Traición" despliega una audaz revisión del adulterio

lunes 26 de mayo de 2008, 17:21h
La Guindalera, ese teatro madrileño que combina el encanto de lo familiar y lo cuidado de sus apuestas teatrales, repone "Traición", un texto del Nobel inglés Harold Pinter. En él, se aborda el inagotable asunto de la infidelidad entre personajes de la alta burguesía (escritores, editores, galeristas) que, colmados y aburridos de su bienestar, recurren a la traición como último recurso para azuzar sus vidas.

Para ello, Pinter elabora una desarrollo cronológico a la inversa, que va del presente al pasado, en una involución de los hechos que es todo un acierto, por cuanto permite conocer qué piensan los personajes, y cómo actuarán ante esas incomódas preguntas del interlocutor que ha sufrido la traición del mejor amigo. Una inocente pregunta como ¿te gusta tal escritor? puede ser un arma arrojadiza si el interpelado sabe que el citado autor también le gusta a la pareja que formula la pregunta. En otras palabras, ese ir de adelante hacia atrás permite adentrarnos en la paranoia del traidor, que debe mantener el equilibrio entre la honestidad al amigo engañado, y las argucias para ocultar que se la está pegando con su mujer.

Espectador-"voyeur"
Con esa superioridad intelectual, el espectador tiene la ventaja sobre los personajes, y se convierte en una especie de "voyeur" que disfruta, sorprendido, al ver cómo el triángulo amoroso y amistoso se las apaña como puede para sobrevivir a la traición. Traición al convencionalismo asumido de la fidelidad, pero también a la amistad, quizá la más grave de todas. Conmueve en este punto la intensa escena del almuerzo entre Jerry (Raúl Fernández) y Robert (un impecable Álex Tormo, que con su aire 'british' aporta una imprescindible consistencia a la obra). Robert, el traicionado, prefiere no torturar a su "más antiguo amigo" con la información que maneja: sabe que le es infiel con su mujer. Pero, en la reacción quizá más noble de la obra, prefiere no ensañarse con él. No cae en la traición en la que cayeron su mujer y amigo.



Tan sólo uno de los sutiles matices que el espectador atento y con sensibilidad podrá apreciar en una obra bien llevada de principio a fin. La dulce y bien mesurada interpretación de María Pastor (Emma) actúa también como vehículo de una obra en la que los pocos detalles -la sobriedad domina la escena- están elegidos con buen tino. Quizá la selección de algunas canciones de los setenta suene demasiado a tópica, como el final con "Penny Lanne", de los Beatles, pero que se subsana con creces con una preciosa "While my guitar gently weeps", en una versión de emocionante desnudez.

También el vestuario, las actitudes, la forma de beber, asumen esa estética vital de los setenta ingleses, y que los actores de "Traición" hacen suyos. Una obra que permanecará en cartel hasta el próximo domingo, en La Guindalera (c/ Martín Izquierdo, 20, metro Diego de León) pero que merece la pena tener en consideración.