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TRIBUNA

Ciudadanos, una alternativa decente

lunes 30 de marzo de 2015, 20:40h
El estrepitoso fracaso del Partido Popular no se debe a una mala gestión de la candidatura de Moreno Bonilla quien ha dado de sí mismo lo que podía esperarse de él, sino al nuevo desatino de un Mariano Rajoy que ha perdido, definitivamente, toda la credibilidad que anteriormente dio la victoria a Javier Arenas pese al pacto entre socialistas y comunistas que le negó la legítima oportunidad de gobernar.

Después del descalabro, Carlos C. Costales del Rebuznómetro sigue defendiendo la convocatoria de un Congreso Extraordinario del Partido Popular en previsión de futuribles desastres con un Rajoy indolente, confiado, idiotizado por Arriola, el brujo de la tribu. No son pocos los que piensan igual comprobando el percal de nula autocrítica en los populares, con el grueso de las elecciones cada vez más cercano.

En anterior análisis poselectoral no comenté la magnífica irrupción de Ciudadanos por ser merecedora de especial reseña, con un Albert Rivera mucho más centrado que el presidente de gobierno español incapaz de poner coto al reto separatista catalán que Ciutadans ha afrentado con tanta garantía de éxito e integridad durante estos años como para permitirse dar el salto a la arena nacional y pugnar por llevarse el voto desencantado de los populares, además del de los afiliados de la formación en vías de extinción UPyD. El reto de Andalucía ha sido un triunfo que ha frenado con inteligencia la oportunista irreflexión de un Podemos desinflado que seguramente cuenta ya con sus propios exvotantes decepcionados. La radicalidad en pos de la facilidad demagógica del embaucamiento podemita venido a menos después de tan triunfalistas expectativas, ha sido frenada con la actitud responsable de un político que apunta muy alto para los próximos comicios incluida la cita de las Generales. La dignidad política existe, escasea pero existe.

La victoria de Ciudadanos es proporcionalmente achacable a la imagen de seriedad política que brinda Albert Rivera frente a politicastros de nueva hornada y otros desgastados por el nulo compromiso adquirido con los votantes después de ganar holgadamente anteriores comicios.

Sacar del error al electorado andaluz no es fácil con una Andalucía comprada por el populismo que posee en Susana Díaz la continuidad del descontrol de las irregularidades, el califato del chanchullo y la postergación de la honestidad sociopolítica en una autonomía carcomida por la corrupción, el desempleo y el carácter facilón de los arreglos internos que han convertido a esa pobre Andalucía en una reserva socialista a través de un pesebre bien montado y sobrellevado con picaresca que aprueba en su mayoría el esquilmado pueblo del sur. Semejante desatino para seguir decidiendo equívocamente, sin aprender durante 40 años de ruina aceptada, no supuso óbice para que haya un sentido común que a buen seguro Ciudadanos imprimirá a la política andaluza y después, previsiblemente, al resto de las comunidades autónomas sin descartar una influencia decisiva en las próximas Elecciones Generales susceptibles de convertirse en la verdadera prueba de fuego para el bipartidismo, así como para el extremismo de Podemos que no ha logrado engatusar en Andalucía como probablemente tampoco lo haga en el territorio nacional. De eso se encargará Rivera que al día de hoy posee más credibilidad que los líderes de Podemos y del Partido Popular juntos, solo hay que dejarlo crecer pues la siembra ya está realizada.

Susana Díaz hizo su declaración de intenciones de gobernar en solitario sin estar supeditada a los intereses de un aliado político. Quizá creyera que con las otras fuerzas políticas en los antípodas del consenso pudiera tener fácil un gobierno que no rinda cuentas ante nadie. No es seguro que sea así con el marcaje de Ciudadanos que con menos influencia se lo ha puesto tan difícil al separatismo catalán, como para permitir que el PSOE andaluz tenga cancha libre para hacer lo que le plazca en la línea de histórica corrupción que le ha caracterizado hasta el momento.

Por lo pronto, la influencia por la renovación de Albert Rivera se ha extendido con solidez como para considerar a Ciudadanos una fuerza política digna y válida en esta metamorfosis que España está experimentando con vertiginosa rapidez.

Unos caen en tanto Ciudadanos se afianza en el panorama político. El arriólico consejo que ha ocasionado una pérdida absoluta de credibilidad a Rajoy puede estar manchado de corrupción según las investigaciones en las que el Juez Pablo Ruz señala a Arriola y a su mujer como perceptores de dinero en negro. En el extremo izquierdo Podemos parece ser que deja de ser el depredador letal de la selva política para convertirse en la serpiente que muda de piel ocupando el espacio natural de Izquierda Unida, con primeras efervescencias que luego reposarán hasta quedarse en lo que es: una amenaza de oportunismo radical de aparente nuevo cuño que en realidad constituye una importación de la revolución bolivariana que ha sumido a Venezuela en el desastre cívico, la desafección democrática y la ruina de todo un pueblo.

Bienvenido sea pues el pulso de la responsabilidad con Albert Rivera frente a la chapuza de la improvisación que había dejado sin norte nuestro sino sociopolítico. Eso sí, hay que mirarse bien lo de restablecer el impuesto de Sucesiones en Madrid que bastante carga fiscal se soporta como para sugerir más antes de ganar unas elecciones. Luego la táctica descarada de Mariano Rajoy en el incumplimiento sería más fácil, aunque siempre nos queda la ingenua esperanza de que algún político electo cumpla, alguna vez, sus muy solemnes compromisos.
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