Una de las noticias literarias de los últimos días es que la escritora chilena Carla Guelfenbein obtuvo por unanimidad el Premio Alfaguara de Novela 2015. En esta ocasión participaron más de 700 manuscritos, en uno de los concursos literarios más prestigiosos de habla hispana.
La obra se titula
Contigo en la distancia y, según ha explicado la autora, desarrolla una historia que transcurre desde la década de 1950 hasta la actualidad, con Vera Sigall como protagonista, personaje que "está basado en Clarice Lispector, autora brasileña de origen judío. Me deslumbró y leí dos biografías. Sigall es el apellido de mi bisabuela, quien llegó de Ucrania a Chile de la misma forma que llegaron los padres de Clarice a Brasil".
El Premio comenzó a entregarse en 1998, y lo han obtenido, entre otros, autores como Elena Poniatowska,
La piel del cielo (2001), Tomás Eloy Martínez,
El vuelo de la reina (2002), Santiago Roncagliolo,
Abril rojo (2006), Gabriel Vásquez,
El ruido de las cosas al caer (2011), y los españoles Manuel Vicent,
Son de mar (1999) y José Ovejero,
La invención del amor (2013). Entre los jurados ha habido figuras de renombre, como Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Luis Goytisolo, José Saramago, Jorge Semprún, Rosa Montero, José Manuel Caballero Bonald y Javier Cercas, por mencionar algunos de los más conocidos.
Para el caso de Chile este es un reconocimiento importante. El 2010 había obtenido este mismo galardón Hernán Rivera Letelier, con
El arte de la resurrección. En la versión anterior del premio también había ganado Carlos Droguett, en 1970. Con ello, estos autores se suman a otros que han obtenido importantes reconocimientos en España, como el Premio Cervantes que distinguió a Jorge Edwards (1999), y los poetas Gonzalo Rojas (2003) y Nicanor Parra (2011). Podríamos agregar otros que vivieron y fueron leídos en las tierras de Don Quijote, como Pablo Neruda, Gabriela Mistral y Nicanor Parra (los dos primeros galardonados además con el Premio Nobel de Literatura).
El caso de Carla Guelfenbein es interesante. Algunos dicen que empezó a escribir tarde, y ya ha publicado cuatro novelas, todas las cuales he tenido la oportunidad de leer. Ahí están
El revés del alma (Alfaguara, 2002),
La mujer de mi vida (Alfaguara, 2005),
El resto es silencio (Planeta, 2009) y
Nadar desnudas (Alfaguara, 2012). Esta última obra, además,
la comenté en su momento en El Imparcial destacando el perfil sicológico de los personajes, una característica habitual en todas sus obras, así como también su adecuada y equilibrada contextualización histórica de la novela, situada en torno al gobierno de la Unidad Popular y el golpe del 11 de septiembre de 1973 en Chile.
Entre febrero de 2012 y febrero de 2014 tuve la oportunidad de ser Agregado Cultural de la Embajada de Chile en España. Fue una excelente ocasión para difundir la cultura chilena en general, y su literatura en particular, con iniciativas y proyectos que se extendieron a lo largo y ancho de la península. Fue muy importante contar con el compromiso decidido de los artistas y escritores, siempre dispuestos a exponer sus trabajos e iniciativas en los más diversos lugares. Así pudimos estar con Raúl Zurita en Alicante, Jorge Edwards en Santander (en una interesante actividad promovida por la Fundación Chile-España), con Carlos Franz en Madrid, y con homenajes a Neruda o Nicanor Parra en Barcelona, Cádiz y Salamanca, que se me vienen ahora a la memoria. Además tuvimos el placer de contar con la presencia del entonces ministro de Cultura chileno Roberto Ampuero, quien también es un gran escritor, que asistió a la Feria Liber, en la cual Chile era invitado de honor, en octubre de 2013.
En marzo de ese mismo año una de nuestras invitadas fue precisamente Carla Guelfenbein, de quien me impresionó su excelente disposición, esa capacidad para compartir sus experiencias y obra literaria, su sencillez personal. Tuvimos dos actividades principales, la primera en Casa de América, en Madrid, donde estuvo junto a Carlos Franz en la inauguración de la exposición fotográfica de Raúl Hernández, "Escritores chilenos por España". En la ocasión conversaron entre ellos y con el público sobre Literatura chilena contemporánea. Al día siguiente, fuimos a la Universidad de Salamanca, donde Carla expuso ante alumnos de Literatura española y latinoamericana, concentrándose principalmente en su última obra,
Nadar desnudas.
Como suelo hacerlo cuando tengo la posibilidad de hablar con un escritor, le pedí -además de la firma de sus libros- que me diera alguna sugerencia de lectura. Me recomendó
Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez (Barcelona, Anagrama, 2004), un libro sencillo y precioso que valía la pena conocer. Me puse a la tarea inmediatamente y disfruté esa lectura. Es un libro corto y maravilloso, situado a finales de la Guerra Civil Española, entre 1939 y 1942. Está escrito en cuatro textos que, en principio, podrían parecer autónomos, pero que se van articulando cronológica y temáticamente con el correr de las páginas. Como corresponde, después agradecí a Carla su sugerencia.
El Premio Alfaguara de Novela 2015 representa un gran reconocimiento para la obra de Carla Guelfenbein y es, por extensión, un nueva valoración de la literatura chilena actual. Hoy existen importantes escritores en el país, algunos de ellos muy jóvenes y con una interesante presencia internacional, tanto por la publicación de sus obras, como por la participación en Ferias del Libro y otros encuentros literarios. Adicionalmente, también hay numerosos concursos y premios que permiten no sólo participar en el concierto internacional, sino también subir la vara y contribuir, desde Chile, al desarrollo de la literatura en español.
Eso es, después de todo, lo que intenta lograr el Premio Alfaguara, y también es lo que ha hecho Carla Guelfenbein en su obra
Contigo en la distancia, ganadora de este valioso reconocimiento internacional.