Esta semana volvían a sentarse en el banquillo los principales imputados de la trama Gürtel, con Correa copando casi todo el protagonismo. El resto le corresponde a Bárcenas que, desde su libertad provisional, sigue atacando a la línea de flotación del Partido popular apuntando hacia Mariano Rajoy como máximo responsable de todo lo que va conociéndose.
En su momento, PSOE e IU clamaron por la puesta en libertad de ex tesorero cuando, en realidad, eran más que conscientes del juego que les iba a dar -y que ya les está dando- . Bárcenas es un arma arrojadiza contra el PP sumamente efectiva, máxime ahora que está libre. Desde el lado popular, resulta tan pueril como ridículo el afán de ningunear al que fuera su tesorero, evitando pronunciar su nombre -Rajoy, Cospedal y Floriano se refieren a él como “este señor”- igual que en tiempos Zapatero hacía con la palabra “crisis”.
En todo este asunto, Rajoy lleva equivocándose de plano desde el principio. Empezó mandando mensajes de apoyo a alguien de quien todo el mundo en el partido barruntaba que no era trigo limpio. Permitió que Génova pagase su defensa, y lo mantuvo activo de militancia demasiado tiempo. Y ahora, tribunales. Tanto del caso Gürtel como del de los papeles de Bárcenas puede salir una condena al PP por financiación ilegal. Por de pronto, ya tiene otra, la de la opinión pública. Y o desde Génova se enteran de una vez por todas que los buenos datos económicos no lo tapan todo o la avería puede ser considerable.