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La adulación y el servilismo

José Manuel Cuenca Toribio
lunes 26 de mayo de 2008, 18:13h
El disfrute dionisíaco de libertades y derechos a que los españoles se han entregado desde el feliz advenimiento de la democracia explica y, en cierto grado, hace comprensible la preterición en que se encuentra todo lo referente a obligaciones y deberes, identificados con un pasado dictatorial que se quisiera erradicar por completo.

Deseo éste último, desde luego, tan plausible como bien intencionado, pero cuya materialización indiscriminada corre el peligro de arrojar por la bañera el agua con el bebé... La condena tajante, sin paliativos, del autoritarismo, despotismo, absolutismo y otras aberraciones similares en el ejercicio del mando y la dirección en los diferentes ámbitos de la existencia colectiva en manera alguna han de confundirse con la censura y proscripción de la guía moral y profesional, de la norma y regulación estrictas en el cumplimiento de los distintos deberes y quehaceres de la vida social.

Pero en la España hodierna -(aunque no sólo en ella...)- los dirigentes políticos se desviven por abajar fronteras y trato con los ciudadanos y, muy singularmente, con los profesionales del mundo de la comunicación; maestros y profesores rivalizan en aquistarse la simpatía de los alumnos; jefes y oficiales castrenses se disputan encarnizadamente el favor y popularidad entre sus subordinados; el entrenador de cualquier equipo deportivo consagra más tiempo a granjearse la benevolencia del vestuario que a la planificación partidos y pruebas; y, en fin, en consejerías, delegaciones, ayuntamientos, diputaciones y toda suerte de instituciones y organismos oficiales parece haberse alcanzado ya, en el área de la relación entre sus miembros -algo menos, respecto del público-o un horizonte edénico, y el reino de la más absoluta igualdad del género humano semeja hallarse al alcance de la mano. Como prenda y premonición de ello, el tuteo extiende con frenético ritmo de avance su dominio universal, sin reparar algunos sus más ardidos prosélitos en la marca de origen totalitaria -comunistas y fascistas avenidos lingüísticamente- de su férvida y más que exitosa cruzada, en la que, por contera y para mayor paradoja, gentes entusiastas de la privacidad y el intimismo a ultranza, derriban sin ningún miramiento su mejor y más antinomásica defensa...
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