Dice el evangelista san Lucas en el perícope que narra las tentaciones de Cristo, que en la segunda tentación (cap.4, vers. 6) el diablo dice a Jesús: “Te daré todo este poder (potestatem) y su gloria, porque me han sido entregados, y yo doy el poder a quien quiero ( cui volo ).” Interpretando esta frase literalmente habría que decir que todo poder político ( es decir, la “potestas” romana ) viene del Diablo. Y es exactamente así si no combatimos su origen con la condición que nos pone el propio Jesús: “Adorarás al Señor tu Dios, y a Él sólo servirás”. Dios entendido como entrega total al bien del pueblo. Dios entendido como moral pública de carácter universal. Dios entendido como pueblo-amo y jamás vasallo.
Me presento ante ustedes para ser el alcalde de toda la ciudad, que si los ciudadanos me dan su apoyo, jamás seré la percha de intereses personales, de algunos miembros de algún colectivo, de maquinaciones insidiosas que enriquezcan a algún particular contra el sagrado interés del Bien Común, y que gobernaré el Municipio sólo pensando en el bien de todos y de cada uno de los vecinos, y muy particularmente en el vecino más necesitado.
Los liberales – vocablo político nacido en España que ha conquistado el mundo - hemos sido los padres del estado del bienestar, y no los socialistas, como se ha venido diciendo al pueblo desde hace más de un siglo. Cuando el gobierno liberal de Bismarck a finales del siglo pasado, hizo gratuita la Segunda Enseñanza para todos los muchachos alemanes, los socialistas junto al programa de Gotha se opusieron por completo porque afirmaban que al final sólo las clases medias y la pequeña burguesía se beneficiaría de esta enseñanza pública gratuita, pagada con el erario público. El combate duró veinte años hasta que aceptaron la conquista social de los liberales. Pero fueron durante veinte años enemigos de este derecho universal. También fueron los liberales alemanes los primeros en instaurar el seguro médico para todos los trabajadores y la jubilación. Ésa es la verdad aunque no la hayamos sabido los liberales defender, enterrada por repetidas mentiras que se han transformado en Historia. La prosperidad y la libertad al pueblo siempre ha venido bajo lemas liberales, como el de Cobden, “Free Trade, Goodwill and Peace among Nations”, y la miseria y la servidumbre bajo lemas como el de “¡Proletarios de todos los países, uníos!”.
Yo quisiera gobernar la ciudad con la participación política activa de todos los ciudadanos, reactivando las ahora mortecinas y abandonadas asociaciones de vecinos que canalizarían y vertebrarían la opinión pública municipal, e incorporando a las personas mayores en mi proyecto político a través de los dos consejos que existen en los dos Centros de Mayores. Creemos que el hombre mayor debe adaptarse continuamente a fin de sentir siempre un sentido a su edad en la participación política. Para todo liberal es una religión instintiva el respeto al anciano, el agrado con que recibe ese trato prudente y la valoración de su consejo. El secreto no es disfrazarse de joven, como insta a hacer la bobalicona cultura socialdemócrata, sino conservar la curiosidad por la vida, que es la medida de la juventud verdadera.
Nada da la medida de la verdadera edad del hombre como su curiosidad. La expresión genuina de la vitalidad no es la fuerza física ni el ímpetu erótico, sino la curiosidad. Cuando la curiosidad se pierde la decrepitud nos invade, como un anticipo de la muerte. Por eso queremos apoyar de forma decisiva nuestros centros de mayores, como canales y fuentes de un sentido común político bien acrisolado.
Las personas son las piedras de la ciudad que queremos construir. De nada vale embellecer la ciudad con soberbias y pretenciosas piedras si empobrecemos con impuestos que llegan a ser exacciones a las verdaderas piedras que son los vecinos. Mi compromiso sagrado que deseo adquirir es con el bienestar del pueblo y su patrimonio vernáculo, no siempre cuidado con el debido celo bien por la codicia de miras cortas, bien por una modernidad que a veces puede llegar a ser hortera y anodina. Nuestra ciudad no debe convertirse en un Carabanchel Alto. No podemos aceptar que la mediocridad haga que cada vez nos parezcamos más a todos. Cuidaremos con regalo y esmero el medio ambiente, en especial esa media docena de parajes verdes, manteles de verdura, que festonean radiantes las cercanías de nuestra ciudad. Usaremos con eficiencia la electricidad y el agua, con un plan de ahorro muy conveniente para las exhaustas cajas municipales.
Mi agenda política estará sujeta siempre a la agenda de las necesidades y urgencias más imperiosas de nuestra ciudad, y no a mis deseos y elucubraciones.
La mujer y la familia constituirán un área en el gobierno de la ciudad, por lo que solicitamos desde ahora la siempre sabia asesoría de nuestras queridas y admiradas lideresas. También saben ellas que fue la Gironda, el centro-derecha de la Asamblea Nacional Francesa, quien a través de Condorcet, Vergnaud, Prudhomme, Amar o Santerre, propusieron por vez primera en la Historia el voto de la mujer y su participación política, con las carcajadas y chistes subidos de tono de los jacobinos, la izquierda de entonces, que acabó por descabezar literalmente a la Gironda. Ni aún hoy puede alardear la izquierda se ser vanguardia de los derechos de la mujer cuando uno oye a mis amigas liberales cómo están luchando por la dignidad de las mujeres.
Bajo la categoría de sociedad civil queremos nombrar una serie de anhelos, insatisfacciones y ciertas libertades que el totalitarismo político y administrativo ha amenazado en muchas ocasiones, incluso a veces también en democracia. Para los liberales la sociedad civil no es algo anacrónico, creado el término en 1842 por Lorenz von Stein, y designa las exigencias de la libertad frente a la hipernormativación de la Administración, que lo quiere mangonear todo. Es por ello que la sociedad civil es el ámbito de la política liberal, aquello que aunque parezca paradójico queremos independizar del poder político. No todo puede ser absorbido por la política y paradójicamente los liberales luchamos por una sociedad civil no pilotada por la política. Siempre nos resistiremos a encerrar a la sociedad civil, a las singularidades, en una fórmula o un código administrativo, que convierta a la gente en seguidores de planes ajenos, como los monos. Bajo la categoría de sociedad civil queremos nombrar una serie de anhelos, insatisfacciones y ciertas libertades que el totalitarismo político y administrativo ha amenazado en muchas ocasiones, incluso a veces también en democracia. Para los liberales la sociedad civil no es algo anacrónico, creado el término en 1842 por Lorenz von Stein, y designa las exigencias de la libertad frente a la hipernormativación de la Administración, que lo quiere mangonear todo. Es por ello que la sociedad civil es el ámbito de la política liberal, aquello que aunque parezca paradójico queremos independizar del poder político. No todo puede ser absorbido por la política y paradójicamente los liberales luchamos por una sociedad civil no pilotada por la política. Siempre nos resistiremos a encerrar a la sociedad civil, a las singularidades, en una fórmula o un código administrativo, que convierta a la gente en seguidores de planes ajenos, como los monos.
Voy a la conquista de su Alcaldía, no al estilo de Curzio Malaparte, pero sí con algunas técnicas que enseñase aquel gran intelectual italiano, en el marco de una Democracia liberal, y siempre con el respeto sagrado que se merecen nuestros adversarios, que también son vecinos de nuestra misma ciudad e incluso amigos, y sin ofender jamás a nadie, ni convertir nuestras palabras en dolorosos aguijones. Pero si se nos hiere, si se nos acusa, si se trata de hacernos odiosos, si se distorsiona la verdad, sin duda entonces nos concedería la ciudadanía la defensa y la conservación de nuestra dignidad. Esta campaña exigirá el celo de todos los afiliados y simpatizantes de los liberales. El objetivo de triunfo debe primar sobre otras consideraciones. Toda crítica interna que nos debilite será mezquina, y hará el juego a nuestros oponentes. Os exhorto, por tanto, a todos, afiliados y amigos de este partido liberal conservador, con todo el ahínco que exige el afecto que os profeso, a que ya que estamos unidos por la comunidad de ideales políticos, hagamos todo lo posible por la victoria, sirviendo, acrecentando y asociándonos al honor y a la gloria de esta ciudad. Que si lo hacemos así, nadie nos arrebatará el triunfo cierto. Muchas gracias.