El mundo hispano está unido por la cultura tanto escrita como material. Pese a que los países de habla hispana se pasen los siglos matando lo que les da la vida, a saber, la lengua y su tradición cultural, ésta última pervive y sigue mostrando su esplendor. Un ejemplo de esa grandeza es la Semana Santa. Este año ha sido singular: no ha llovido por toda la península y todas las procesiones han salido y mostrado al mundo unas imágenes de singular belleza. La Semana Santa es única. Es, sin duda alguna, hispanoamericana.No nosdebe sorprender la proposición del Senado de inscribir la Semana Santa en el patrimonio inmaterial de la Humanidad. Estaría más que justificado hacerlo, porque pocas son las tradiciones que unen todo tipo de arte, desde la imaginería hasta la gastronomía, y, además, tienen un hondo significado histórico: la resistencia a la Reforma protestante que no favorecía las manifestaciones suntuosas de fe popular.
No olvidemos que ya hay una Semana Santa declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Es la de Popayán, una ciudad colombiana conocida también como la “Jerusalén de América”. Aunque es reconocida como la segunda después de la Semana Santa sevillana, se adelantó en su reconocimiento oficial. La ciudad fundada en 1537 empezóa celebrar las tradicionales procesiones ya desde el año 1558 y lo hace ininterrumpidamente desde entonces, a pesar de las dificultades o conflictos militares. Allí, en Colombia, como en toda España, los ciudadanos preparan los “pasos”o procesiones durante todo el año y en ellas participan hasta los niños a partir de cinco primaveras. Tenía razón el ex presidente de Colombia, el periodista y abogado Guillermo Valencia, cuando escribió: "Nuestras procesiones son la reproducción de las tradicionales de Europa durante la Edad Media, y particularmente de las que celebró España con un fervor y una magnificencia”.
La imaginería, o mejor, esas grandiosas obras de arte de la imaginería española y quiteña, la mayoría han sido creadas en el siglo XVII, pero también hay ejemplares más antiguos del XVI y también más modernas del XX. Las imágenes de la escuela quiteña demuestran que la tradición empieza por copiar magistralmente otras tradiciones: ya que las últimas investigaciones revelaron que algunas figuras consideradas de Quito, resultaron ser de la Península. No podía ser de otra manera, porque los aprendices de la Escuela de Bellas Artes y Oficios de San Juan Bautista, fundada por los franciscanos fray Jodoco Ricke y fray Pedro Gocial en 1551, fueron educados dentro de la tradición del arte renacentista español, italiano y flamenco. Sólo a partir del dominio magistral de las técnicas europeas lograron originalidad: introdujeron los colores de gama ocre, los personajes africanos, mestizos e indígenas, y también integraron los símbolos prehispánicos como soles, culebras y maíz. Así,los grandes imagineros, como el mestizo Bernardo de Legarda y Manuel Chili Caspicara, crearon numerosas obras maestras de la imaginería quiteña destinadas para la devoción popular, al igual que las imágenes de Alonso Cano o de Pedro de Mena en la Península.
He aquíotra tradición que une ambos lados del Atlántico, que surgió como una de las medidas de la Contrarreforma y pasó al Nuevo Mundo para atraer a sus habitantes a la nueva fe.