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El talón de Aquiles energético

lunes 26 de mayo de 2008, 19:42h
No hay en estos momentos un problema que sea de mayor importancia para Europa que el de su dependencia energética, que ha convertido al continente en un tributario de Rusia, de donde procede una buena parte de la energía que consume. El 30 por ciento del petróleo y el 50 por ciento de gas natural que se consume en la UE proceden del gigante euroasiático, que ha conseguido ahora lo que nunca logró alcanzar durante el largo periodo de la Guerra Fría. Como ha señalado recientemente un experto, el poder y la influencia de Rusia ya no se basa en sus misiles balísticos sino en los kilómetros de gaseoductos construidos y en los barriles de petróleo producidos cada día. Hay países europeos -sobre todo los situados más al este- cuyo nivel de dependencia respecto de Rusia es tan alto, que llega al 90 por ciento. Y esto le da al Kremlin una capacidad de influencia con el que nunca había podido soñar. La actitud desafiante de Putin en la última parte de su mandato se explica a partir de esa situación y sólo con un exceso de optimismo se puede esperar que las cosas cambien con Medvedev, especialmente si tenemos en cuenta que va a gobernar bajo la estrecha vigilancia de Putin, convertido en su primer ministro.


Debe reconocerse que Rusia ha jugado sus cartas con una extrema maestría, buscando complicidades de alto nivel en Europa. Ahí está la espléndida salida que Putin le ha dado al ex-canciller Schröder, jugada que ha querido repetir con Prodi, esta vez sin éxito. Por otra parte, es bien conocido como el Kremlin está utilizando sus recursos energéticos como medio de presión político con sus vecinos, antiguos miembros del bloque soviético. Los países bálticos, además de Ucrania, ya han padecido este peculiar chantaje energético, que ha afectado incluso a un país tan próximo a Rusia -no sólo geográfica sino, sobre todo, políticamente- como Bielorrusia. Al mismo tipo de política pertenecen las presiones de Rusia en relación con los proyectos de óleo o gasoductos que escapan a su influencia, como el denominado TGI (Turquía ; Grecia, Italia) o el llamado Nabucco que, desde Turquía, atravesaría Bulgaria, Rumanía y Hungría, hasta Austria. Esas presiones están teniendo éxito pues tales proyectos languidecen sin que se produzcan avances. Pero esta acción no se limita a la distribución sino que llega a la producción, como lo sabe muy bien Turkmenistán, uno de los principales productores de gas natural de Asia central.


Ante esta situación, la UE sigue siendo incapaz de articular una política energética común, que incluya una respuesta eficaz a este desafío ruso. Alemania calla porque se va a beneficiar del gasoducto que la unirá directamente a Rusia por el mar Báltico. Y las protestas de Polonia y de los países bálticos han caído en oídos sordos. Francia, mientras tanto, al margen de estos problemas por obra y gracia de su potente producción de energía nuclear, mira para otro lado, al tiempo que los demás debaten acerca de las energías renovables y de los biocombustibles, que pueden tener sin duda un papel complementario, pero que nunca podrán sustituir por completo a los combustibles fósiles , cada vez más escasos y más caros, no por efecto de la guerra de Irak, como todavía dice por aquí algún genio, sino como consecuencia del desarrollo acelerado de esos dos gigantes que son China e India que, a efectos energéticos, son como esponjas que cada vez consumen más.

La mayor parte de los expertos no ven más salida a este problema que la energía nuclear y piden que se abra en las sociedades europeas un debate que aborde el problema sin prejuicios ideológicos, que por ahora hace imposible un debate inteligente. Pero los políticos que sembraron el miedo a lo nuclear no se atreven ahora a explicar a los ciudadanos que, sin nucleares, Europa va a tener que caer de rodillas ante Rusia, que ha descubierto su peculiar soft power, la energía, que podría llegar a ser el talón de Aquiles de esta Europa tranquila y confiada.

Alejandro Muñoz-Alonso

Catedrático de la UCM

ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular

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