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La ínfima calidad del empleo

lunes 13 de abril de 2015, 20:58h

Mariano Rajoy es un gobernante sui generis. Se sabe que es Presidente del Gobierno de España aunque los españoles no sepan realmente qué país dice estar gobernando. Porque los ciudadanos están desapegados de sus gobernantes no por voluntad propia sino porque ellos, con Rajoy a la cabeza, parecen ignorar las verdaderas inquietudes y problemas rutinarios con que se enfrentan cada día millones de personas.

Los de Rajoy viven en los mundos de Arriola, como de Yupi, no en España. Se congratulan de la buena marcha de la creación de empleo aunque se obvia en qué consiste esa generación de trabajo y en cómo repercute sobre el trabajador, el verdadero sacrificado para dar continuidad a la marcha económica del país. La mayoría sujeta el peso macroeconómico en tanto es aplastada por el abuso laboral que permite poner en marcha una maquinaria de generación de empleo bajo la explotación sin paliativos del asalariado. Eso no es trabajo, sino el espejismo de un despegue económico basado en el maltrato de una población activa que malvive soportando una imposición laboral de carácter aberrante.

Precarios sueldos, condiciones extenuantes de estrés mal pagado; mileurismo escaso y ramplón en la mayoría de los hogares españoles con el privilegio de la supervivencia; carestía pese al sacrificio de diario, inestabilidad e incertidumbre para quien posee un empleo en régimen de explotación, no son características que den razón al triunfalismo de un Partido Popular que vende humo en las promesas incumplidas. Los populares se equivocan cuando creen que con medidas concretas de índole electoralista, van a concitar la atención de quienes han aguantado durante estos años ante un horizonte personal plagado de desesperanza y desasosiego.

Al emprendedor se le castiga con obligaciones fiscales que parecen ser una burla a la osadía de intentar conseguir una autonomía económica. No se incentiva al autónomo como tampoco las empresas incentivan al personal sobresaliente que languidece ante la mediocridad de sus directivos o ensoberbecidos supervisores.

Durante estos últimos años surgieron empresas especializadas en máximo y estresado rendimiento de sus operadores con mínimos sueldos. Grupo Konecta es una referencia sobre esta explotación del trabajador. Se anuncia como líder en el sector outsourcing y Contac Center, pero las tripas no huelen bien. Así cualquiera es líder parasitando del esfuerzo descomunal de malpagados asalariados. No puede presumirse con el interior putrefacto. No deberían endiosarse mientras hay empleados con más de una década de antigüedad en la misma empresa que no se digna ni a ofrecer un seguro médico o el aliciente de un mínimo plan de comisiones. Abundan las personas que llevan el peso de las ventas multinacionales con miserables sueldos de mil euros, sin reparto de dividendos ni programación de regalías. Las empresas como estas se han convertido en abusadoras asiduas que usan a los candidatos durante un periodo de prueba para echarlos a la calle por no conseguir objetivos y sin remunerar el esfuerzo. Siempre hay borregos a los que trasquilar que pululan buscando su oportunidad elemental. Muchos desquiciados sufren el mercado laboral, abandonados sus derechos en manos de desaprensivos.

Vivimos en país de caraduras que contemplan desde la cúspide cómo se arrastra un pueblo al que se le exige sacrificio sin compensación. Los autónomos y los asalariados en régimen de esclavitud mantienen este país que no merece a sus políticos que ven en un espejismo la solución a los problemas de quienes no poseen un ápice de esperanza trabajando para sobrevivir y pagar abusivos impuestos. Ese es el perfil generalizado del trabajador en una España que Rajoy no conoce sino a través del oráculo de Arriola; el gurú de las actuales y futuras derrotas, a este paso, del Partido Popular.

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