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¿Por qué la Unión Europea no ataja el drama de la inmigración en el Mediterráneo?

lunes 20 de abril de 2015, 15:02h
¿Por qué la Unión Europea no ataja el drama de la inmigración en el Mediterráneo?
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Intereses encontrados entre los socios del sur y el norte de la comunidad.
Las terribles noticias que llegan casi a diario desde el Canal de Sicilia, donde más de un millar de inmigrantes han perdido la vida en la última semana en varios naufragios, están consternando a toda Europa, cuyos líderes, sin embargo, siguen sin encontrar una solución consensuada a un problema que no se mide en millones de euros o votos, sino en seres humanos muertos.

La falta de una política conjunta de materia de inmigración es un lastre que está poniendo en evidencia desde hace años la falta de efectividad de la Unión Europea a la hora de alcanzar acuerdos de peso en materia social. La fractura existente entre los países socios impide poner en marcha una estrategia de gestión, tanto en territorio europeo como en los países de origen de esta marea humana, como de prevención.

De un lado se encuentran los países más afectados por la inmigración ilegal, especialmente los mediterráneos. Italia, España, Malta, Grecia y últimamente Bulgaria llevan tiempo reclamando una política común de los 28 que afronte el problema de un modo inmediato. El país transalpino, junto con el heleno, han sido los grandes 'coladeros' de los inmigrantes ilegales en los últimos años, un asunto que han tenido que afrontar prácticamente en solitario, si bien es evidente que es un problema conjunto.

En comparación con el periodo que va de enero y a febrero del año pasado, el de 2015 ha supuesto un récord en materia de inmigración ilegal. Las entradas desde el Mediterráneo se han incrementado un 40 por ciento, un 160 por ciento desde Bulgaria, país no incluido en el Tratado de Schengen, y desde Grecia y los Balcanes un 990 por ciento.

Otro dato demoledor es que ofrecía estos días la Fiscalía de Palermo: según sus investigaciones, un millón de inmigrantes se encuentra en el norte de África esperando su turno para embarcarse hacia las costas italianas

Demasiados problemas
La Unión Europea adolece de un marco jurídico y legal que aborde la inmigración ilegal como un asunto conjunto, y delega en los países miembros el vigilar de manera particular sus fronteras. De este modo, al encontrarse las grandes vías de entrada de ilegales en el sur de Europa, Bruselas circunscribe este frente a los estados más australes, mientras que los del norte y centro de Europa se desentienden, si bien son destino de un importante porcentaje de este constante goteo humano.

La política migratoria siempre ha sido un tema espinoso entre los socios comunitarios, que han preferido posponerlo sine die. La falta de un gran acuerdo pone de manifiesto la fractura entre las dos Europas, sino que refleja la delicadeza del asunto, pues tiene implicaciones en materia económica, social, de política interna y externa, de seguridad o integración que pueden condicionar a muchos mandatarios en sus países de origen.

Por lo pronto, sólo en los últimos siete años la petición de asilo en la Unión Europea se ha duplicado por dos, siendo Siria, Afganistán, Kosovo, Eritrea, Sudán, Malí, Gambia, Senegal y Nigeria los países con mayor número de solicitantes. Estados de origen, a su vez, de la inmensa mayoría de los inmigrantes ilegales interceptados.

Hay que tener en cuenta también que la problemática cuenta con varios frentes y enigmas: ¿Cómo atajar el problema? ¿Cómo financiarlo? ¿Qué hacer con las personas que logran alcanzar las costas europeas o son rescatadas en el mar? ¿Y si son rescatadas en aguas comunitarias y no en las internacionales? ¿Cómo gestionar una posible repatriación? ¿Habrá que firmar convenios con terceros países de acogida? Demasiados interrogantes para una lenta y complicada burocracia europea.

Alemania ha sido uno de los primeros países en mostrar clara su postura, remarcando que no hay "soluciones fáciles", al promover la estabilidad de los países de origen de los inmigrantes y combatir el tráfico de personas para combatir el flujo ilegal de seres humanos.

España, por su parte, pide que Naciones Unidas se involucre más y un "tratamiento conjunto" del problema a nivel comunitario. José Manuel García Margallo, responsable de Exteriores, señalaba este martes que "si las causas son la pobreza, la inestabilidad, la guerra y la intolerancia, habrá que atacar esos fenómenos".

Otros, como Federica Mogherini, alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, llaman reiteradamente a un acuerdo global, sin entrar en propuestas concretas.

"La falta de acción significa gente muriendo"
Obviando Bruselas el problema en origen, lo que supondría entrar a trabajar en complicados avisperos como son ahora mismo Túnez o Libia, principales puertos lanzadera, Italia puso en marcha en 2014, y tras la tragedia humanitaria que supuso la muerte de 368 personas en Lampedusa, la operación 'Mare Nostrum', un dispositivo hasta aguas internacionales de nueve millones de euros de sus arcas públicas y que logró rescatar a casi 200.000 seres humanos del Mediterráneo.

En paralelo, la Agencia Europea para la Gestión en las Fronteras (Frontex) dio luz verde a su propio plan, 'Tritón', un operativo comunitario de tres millones de euros, de los que el 40 por ciento los aportaba el Gobierno transalpino, que sólo cubre hasta 30 millas mar adentro desde las costas italianas.

Sin embargo, 'Tritón' es sólo un parche de emergencia puesto por Bruselas a una vía de agua mucho mayor, pues Frontex no tiene entre sus atribuciones el hacer de Salvamento Marítimo y sí el custodiar la entrada ilegal de personas en las fronteras comunitarias, para lo que se claramente desbordada en medios y presupuesto.

Tanto Naciones Unidas, a través de Acnur, su agencia para los refugiados, como diversas ONG han instado a la Unión Europea a tomar cartas en el asunto de una vez. "Continuar con el status quo no es una opción. La falta de acción para atender este tema significará más gente muriendo”, advertía hace unos días Vincent Cochetel, director de Acnur en Europa.

Por lo pronto, los ministros de Asuntos Exteriores y de Interior de la UE se reúnen este lunes para abordar el problema como preludio del consejo extraordinario convocado para este jueves a instancias del premier italiano Matteo Renzi y al que asistirán los 28 jefes de Gobierno acompañados de sus respectivos ministros del Interior, Defensa y Exteriores.
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