Ha muerto Eduardo Galeano, escritor y periodista de renombre, un hispanoamericano sobresaliente e incansable defensor de “los más débiles”. Los tercermundistas y alucinados revolucionarios ya le han cantado los ditirambos en los principales periódicos de todo el mundo. Nadie como este adalid de los desamparados de la tierra merece tantas palabras altisonantes y columnas periodísticas para alabarlo. Sosegado el vocerío de los “intelectuales” de pacotilla rojiza, de los autodenominados “enemigos de la impotencia”, como Elena Poniatowska, Osvaldo Bayer, los pipiolos como Iglesias y los payasos tipo Maradona, tenemos que preguntarnos cuál es la aportación de Eduardo Galeano como escritor: ¿Las páginas de prosa bien escrita o las metáforas memorables? Ojaláeso fuera todo su legado. Pero pocos, muy pocos, son los que tratan de criticar el aspecto más destacado de la obra de Galeano: la ideología, es decir, la mentira llevada hasta sus últimas consecuencias.
Es difícil negar la importancia de las dictaduras que influyeron en toda la generación de autores hispanoamericanos dedicados a crear una historia-ficción, un genero que nadie quiere reconocer. Sí, Hispanoamérica es el continente más castigado por este genero de escritura política. Niegan su historia, la tergiversan para decir que las civilizaciones antropófagas prehispánicas es lo mejor que les había ocurrido a los hispanoamericanos. Sobre esta negación brutal del pasado construyen los caciques de hoy sus Estados, instrumento decisivo para esclavizar y tiranizar a la población. Dudo de que los aztecas o incas explotaran con tanto ahínco a sus propios súbditos.
Gracias a escritores, como Galeano, la historia no existe en América. Tampoco existe la realidad social. La mentira absoluta de los izquierdistas de corte soviético es lo que sigue moviendo a la población. Son maquiavélicos en el peor de los sentidos: incapaces de resolver sus problemas concretos de empleo y hambre, los “revolucionarios” no encuentran mejor salida que lanzar los mensajes como el de las Venas abiertas de América Latina. La estrategia del enemigo externo es lo mejor que puede ayudar a un gobierno inepto e incapaz: todo es la culpa de España y los EEUU, los explotadores del pasado y del presente.
Decía Galeano: ”No volvería a leer Las venas abiertas de América Latina porque si lo hiciera, me caería desmayado” reconociendo su deficiente conocimiento de economía y política. Nunca lamentósu ignorancia fatal de la historia, la falta de voluntad de conocer el pasado, al contrario, se atrevióa redactar Memorias del fuego, una abigarrada e indigesta mezcla de mitos y experiencias personales. La historia-ficción fue su genero preferido.
Ojaláque de la obra de Galeano sólo perviviera la metáfora de las venas abiertas, una nueva versión de lo dicho por Bernardo de Balbuena en el siglo XVII:
Que hoy a España tributa y da barata
La sangre de sus venas vuelta en plata.
(El Bernardo, libro XVIII).