España no entra en el juego de Maduro
viernes 24 de abril de 2015, 08:13h
Las próximas elecciones parlamentarias en Venezuela no se presentan precisamente halagüeñas para el chavismo. La mayor parte de las encuestas certifican con claridad un descenso cada vez más estruendoso de la popularidad de Nicolás Maduro frente a una población que está harta de su política, que no solo ha convertido el país en prácticamente una dictadura, sino que, pese a contar con infinitos recursos naturales, se encuentra en la ruina por obra y gracia del mandatario bolivariano que únicamente se ha dedicado a incrementar los dislates de Hugo Chávez.
Venezuela tiene la inflación más alta del mundo y un agobiante desabastecimiento de los productos más básicos y el chavismo practica el acoso y derribo de la oposición, con muchos de sus dirigentes encarcelados de manera arbitraria, junto a gestos infumables y muy significativos, como poner una foto del gobernador de Miranda y líder opositor Henrique Capriles como diana en centros de formación policial. Al hartazgo de los venezolanos se une el más absoluto desprestigio internacional, incluso con el distanciamiento, más allá de las soflamas retóricas, de aliados como Cuba que no quiere que se caliente el deshielo con Estados Unidos.
En esta calamitosa situación, Maduro busca a la desesperada recuperar terreno de manera tramposa. Así, la mayoría chavista de la Asamblea Nacional acaba de aprobar que se disminuya el número de diputados que se eligen en las zonas donde prevalece la oposición. Y, sobre todo, como todo personaje autoritario, Maduro ha puesto toda la carne en el asador en buscar cabezas de turco en un vano intento, como si los venezolanos no vieran la torpe maniobra, de desviar la atención de su fracaso.
Su actual arremetida contra España no es la primera pero sí reviste sin duda una especial gravedad. El chavismo ha proferido insultos a diestro y siniestro, contra Rajoy y contra expresidente como Aznar o Felipe González, a quien han declarado persona non grata -quiere evitar a toda costa que se sume a los abogados que defienden a los opositores Leopoldo López y Antonio Ledezma-, y contra nuestras instituciones, haciendo gala de una inaceptable actitud amenazante. Ante esto, España ha llamado a consulta al embajador español en Caracas, algo solo propio de situaciones extremas, a la que Maduro se ha empecinado en llegar. No obstante, nuestro ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, ha dicho que no existe la menor intención de romper relaciones diplomáticas con Venezuela.
Frente a la vesania grotesca de Maduro -una vesania, claro está, interesada, con el propósito de vender la existencia de un enemigo exterior- y una rabia que solo demuestra su falta absoluta de argumentos, el Gobierno español está actuando con firmeza, pero con acertada prudencia y sin decisiones precipitadas, dejándose arrastrar por el momento, que, en realidad, no harían otra cosa que entrar en el dañino juego de las provocaciones de un Maduro que se revuelve camino del declive.