www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Viajando en ascensor (Capítulo primero)

jueves 30 de abril de 2015, 20:28h
La entrada en un ascensor genera desasosiego. De pronto te ves enlatado en un aparato en apariencia sumiso, aunque a veces de obediencia tan retardada que empiezas a apedrear la misma tecla o botón hasta que te hace caso por aburrimiento.

Las puertas tardan, en ocasiones, en cerrarse. Y en esos evanescentes segundos te entran escalofríos y, sobre todo, enormes ganas de salir a escape e incluso subir al galope los cinco o seis pisos de rigor.

Las puertas tardan, en ocasiones, en abrirse. Llegas a tu destino, aquello deja de moverse, a veces, tras un frenazo de los que provoca el desplegable del airbag; y nada, que permaneces enclaustrado cual cartujo. Ciertamente cambias varias veces de color ante el temor de quedarte a hacer noche en el elevador.

Los ruidos, ruiditos, los chirridos o chirriditos, dicen los encargados del mantenimiento de los ascensores que son naturales, como sucede en un vehículo mal o poco engrasado. Pero son insoportables, sobre todo, si el viajecito en el ascensor es un poco largo y con estaciones intermedias. Te rechinan los oídos, te tiemblan las piernas y te vienen imágenes de esas terribles películas en las que al final el aparato se acaba cayendo al fondo del universo. No les digo nada cuando acudimos a uno de esos edificios nobles con preciosos ascensores de madera surcando escaleras de hierro forjado que no es que titubeen sino que se bandean de derecha a izquierda, haciendo infinitos los segundos. La mayor parte de los usuarios se mantienen tiesos y sin respirar, quizás pensando que así atenúan el movimiento.

Mucha gente prefiere viajar sola en el ascensor y a la mínima que pueden te ceden el paso. ¡Ande, suba, suba usted, que no llevo prisa! Otros, la mayoría, prefieren compartir y si hay unos cuantos en espera, incluso hasta empujan como si fuera el metro de Tokio (desconozco si hay metro en Pekín, pero si existe deben ir atornillados unos encima de otros).

Así pues tenemos tres modalidades: el viaje del llanero solitario o del solo ante el peligro; el viaje semiseco de dos o tres personas en plan tranquilo mirándose por el rabillo del ojo; y el viaje apelmazado en plan magdalena harinosa.

Continuará… porque los ascensores dan mucho juego.

Por cierto, ¿los que hacen running utilizan el ascensor?

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (7)    No(0)

+
0 comentarios