El 29 de diciembre de 2014 escribí
una crónica económica que, como las últimas que he escrito años a año, formulaba las
previsiones para los ejercicios siguientes. A finales de 2011, “malas previsiones para 2012”. Cuando concluía ese año, “Nos espera un nuevo año de crisis global”, el 2013. Y a finales de este último decía que para 2014 se podía ser “moderadamente optimista”. Dije que en 2014
las previsiones de recuperación iban a quedarse cortas, y así ocurrió.
¿Qué dije para 2015? Que de nuevo las previsiones se quedarían cortas. Las oficiales apuntaban, como escenario más positivo, a un crecimiento del
2,5 por ciento, una tasa de paro del 23,1 por ciento, y un déficit público del -4,4 por ciento.
Rafael Pampillón estimó que se crearía medio millón de empleos, con una tasa de paro del 22,5 por ciento. Me atreví a recoger otras previsiones de crecimiento que corrían entre los analistas, pero que nadie ponía en negro sobre blanco: del 2,8 al 3,1 por ciento.
Este jueves,
el Gobierno ha publicado su nuevo cuadro macroeconómico. Según el mismo, la economía
crecerá un 2,9 por ciento, se crearán 600.000, y la tasa de paro caerá al 22,1 por ciento. Esto es así porque la población activa se mantendrá, y el número de parados caerá en 590.000 personas. El déficit público se reducirá, si se cumplen sus previsiones, al -4,2 por ciento. Todas estas previsiones, hechas en abril de 2015, son ya mejores que las mejores previsiones que había a finales de 2014. Parece que las expectativas formuladas en estas crónicas se van a cumplir.
Pero hay más. Porque no sólo ha habido novedades respecto de las previsiones. También ha habido datos reales. El INE ha hecho público el
dato preliminar de crecimiento en el primer trimestre. Ha sido del 0,9 por ciento a lo largo de los tres primeros meses de 2015. El ministro de Economía,
Luis de Guindos, ha dicho que se corresponde con un crecimiento anualizado del 3,5 por ciento.
Esto es: la realidad del crecimiento hoy es ya superior a las previsiones del cuadro macroeconómico. Si se mantiene este crecimiento, y no hay que pensar que no será así, mejorarán más el empleo y el déficit público.
Como curiosidad, diremos que las previsiones del gobierno son de
estabilidad presupuestaria en 2018, con un nivel de deuda del 93,2 por ciento. La tasa de paro será del 15,6 por ciento y durante estos años creceremos en el entorno del 3 por ciento.