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Raúl del Pozo y el Mariano de Cavia

Juan José Alonso Millán
martes 27 de mayo de 2008, 17:31h
El ganador del último Premio Mariano de Cavia siempre ha escrito bien. Desde “El Diario de Cuenca” a “El Mundo”, pasando por “Pueblo”, Raúl del Pozo era un periodista-escritor de raza, esto es, que transmite interés por su forma de contar las cosas. Hay escritores que escribimos pensando que no nos va a leer nadie y otros que cuentan con la seguridad de saberse leídos y admirados. Cuando desaparece Umbral, el periódico “El Mundo” lanza un concurso para sustituir la columna de su última página. Son números clausus que escriben, muy bien por cierto, sobre el genio desaparecido. De todos ellos, uno, va a hacerse con el honor del artículo diario. Raúl del Pozo, el amigo de Umbral, obtiene la plaza. Como si se tratara de sacar notaría o abogado del estado. El castigo, digo el premio, es el artículo de todos los días. Da miedo hasta contarlo. He admirado ciegamente el chiste de Mingote, la “canela fina” de Anson, el artículo de Campmany y la columna de Umbral. Alfonso Paso escribía cuatro cuartillas todos los días. Lope de Vega seguro que más. Al novelista que lanza al mercado tres o cuatro títulos de cuatrocientas páginas le parecerá una broma. Escribir y publicar a diario tiene un mérito extraordinario, que no envidio.

Cuando propuse para Jurados del Premio Mayte de Teatro a Umbral y a Raúl del Pozo, Paco me advirtió que a Raúl se le había olvidado hasta dónde estaba el teatro Calderón. Luego me confesó Raúl que no había vuelto al teatro desde el estreno de “El Adefesio” de Alberti. Un coñazo importante. No basta ser comunista para escribir buen teatro. Raúl y un servidor nos hicimos amigos en la “universidad” del Café Gijón, entre periodistas, poetas, pintores y gente del teatro. Cenábamos en Casa Pepe, después Casa Gades. Su dueño, Pepe, había pasado tanto tiempo en la cárcel por republicano que te ofrecía el modesto menú como si estuviera pasando en la clandestinidad una consigna subversiva. Te recomendaba lentejas como ahora te ofrecen cocaína. Con mi inolvidable Tito Fernández -el mentiroso más gracioso que ha dado este país-, corrieron aventuras de ludópatas aficionados, intentando desbancar al casino de Torrelodones, para acabar volviendo en el autobús de los caninos. Ese medio de desplazamiento, que pone el casino para trasladar a los que se quedan tiesos. Según Tito, un día ese autobús sufrió el atraco de unos facinerosos. Hay que tener poca vista.

Raúl del Pozo fue siempre un tío simpático, seductor y buena gente. Entendiendo por buena gente aquél que tiene amigos y los respeta. Un ser inteligente que escribía cuando le apetecía y resulta que se compromete a escribir a diario. O sea, que lo del Mariano de Cavia no es para jubilarse, sino el acicate a programar su septuagésimo cumpleaños. Si es así, no te felicito, más bien te doy el pésame... Aunque por otra parte, si uno no escribe todos los días, ya me dirás en qué coño pasa el tiempo. Como ves, querido Raúl, estamos igual que cuando escribías en “Pueblo”. Yo trataba de estrenar y cenábamos en casa Pepe… sólo que peor.

Juan José Alonso Millán

Comediógrafo

JUAN JOSÉ ALONSO MILLÁN es comediógrafo

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