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TRIBUNA

70 aniversario del fin de la II Guerra Mundial

miércoles 06 de mayo de 2015, 20:07h

Hace 70 años el régimen nazi fue derrotado y los norteamericanos liberaban Mau­thausen, el último campo de trabajo y exterminio en manos de los nazis en Austria. Sin embargo, sólo unos días antes los verdugos de las SS ejecutaban a presos en el patio central de Mauthausen apurando el tiempo hasta el 9 de mayo de 1945, fecha en la que los ejércitos del III Reich se rindieron y la II Guerra Mundial finalizó cerrando la cruenta historia del Holocausto.

Mauthausen constituía un campo central de trabajo y exterminio que aglutinaba la comandancia suprema de una red de 40 subcampos repartidos por el territorio austriaco para la producción de armamento. Sin embargo, aunque la fabricación de armas gracias a la mano de obra esclava parecía el principal objetivo nazi, aquellos campos se convirtieron en testigos del genocidio al contar con cámaras de gas, hornos crematorios y otros dispositivos que hacían posible la cruel matanza en serie. Hay cálculos que sitúan en 300.000 el total de asesinatos cometidos en Mauthausen.

Esta cifra estremece aún más cuando se conoce la forma en que murieron: unos en las duchas de agua helada en las que los prisioneros extenuados caían al suelo ahogándose al no tener ya fuerzas para levantarse, otros lanzados por los nazis al abrupto acantilado de la cantera de Mauthausen, por no hablar de los que se suicidaron al no poder soportar tan alta dosis de sufrimiento. A estos últimos, las SS los denominaban con ironía e indisimulado desdén “los paracaidistas”.

El barcelonés Boix, nacido en 1920 y muerto en París en julio de 1951 probablemente por la secuelas renales que le produjo su paso por Mauthausen, tuvo el acierto de fotografiar estos escenarios del horror como la pared de “los paracaidistas” o “las escaleras de la muerte”, consiguiendo que en 1946 sus célebres fotos sirvieran para acreditar los crímenes cometidos por la Alemania nazi en el juicio de Nuremberg, testificando él mismo contra altísimos jerarcas nazis, como Ernst Kaltenbrunner o Albert Speer. También sus imágenes fotográficas resultaron decisivas en el proceso en Dachau contra 61 oficiales y carceleros de Mauthausen de los que fueron condenados más de cincuenta.

Se espera que la canciller alemana, Angela Merkel, no acuda al desfile militar del próximo 9 de mayo en Moscú, que conmemora el fin de la Segunda Guerra Mundial, aunque sí que ha confirmado que celebrará la efemérides al día siguiente junto a Vladimir Putin, ante la tumba del soldado desconocido en la capital rusa a los pies de la muralla del Kremlin. Por su parte, su jefe de diplomacia, Frank-Walter Steinmeier, viajará el 7 de mayo a Volgogrado, antigua Stalingrado, donde murieron varios millones de ciudadanos soviéticos y alemanes en la batalla más cruenta de toda la guerra.

Para Merkel parece claro que no procede la asistencia a la parada militar en la Plaza Roja de Moscú a la vista del conflicto ucraniano. De hecho, como era de esperar, el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, también ha declinado la invitación, mientras el bielorruso, Aleksandr Lukashenko, se ha decidido a organizar en Minsk su propio desfile castrense.

La posición de la canciller alemana, Angela Merkel, coincide con la defendida por otros mandatarios occidentales como el presidente estadounidense Barack Obama o el francés François Hollande, hasta el punto de que el presidente ruso, cuyo padre fue herido en la contienda, se ha quedado prácticamente solo en la celebración del 70 aniversario de la Victoria sobre la Alemania nazi. Incluso en el último momento ha presentado sus excusas para asistir al acto el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, por miedo al escrutinio de la prensa occidental, según medios surcoreanos, decidiéndose a enviar en su lugar a Kim Yong-nam, jefe de Estado honorífico.

A pesar de que el Kremlin había enviado invitaciones a todos los grandes líderes mundiales, de todas las potencias contendientes, únicamente parece haber aceptado China, país que combatió contra el invasor Ejército imperial japonés en el Lejano Oriente. Putin tendrá por tanto que conformarse con el apoyo presencial de los líderes de Sudáfrica, India o Cuba, países que, como sabemos, no participaron en la Gran Guerra.

Llama la atención cómo se han ido deteriorando paulatinamente las relaciones de Rusia con el resto de países occidentales si echamos la vista atrás, hace 10 años, y recordamos que en la celebración del 60 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial en 2005, nada menos que fueron al desfile moscovita los dirigentes norteamericano, George W. Bush; alemán, Gerhard Schröder; francés, Jacques Chirac, y japonés, Junichiro Koizumi.

Parece una evidencia que el boicot occidental a Rusia se relaciona, en primer lugar, con el conflicto existente en Ucrania y, en segundo lugar, con la anexión de la península de Crimea, asuntos respecto a los que Rusia y Occidente defienden posiciones divergentes que necesariamente les distancian.

Parece razonable que tanto Estados Unidos como los países europeos consideren poco serio y contraproducente mantener las sanciones económicas contra Rusia por su injerencia en el país vecino y simultáneamente hacer el teatro de celebrar esta efeméride de los 70 años del final de la Segunda Guerra Mundial en Moscú como si las cosas no hubiesen cambiado en estos últimos 10 años. De hecho, los jefes de Estado de España, Bulgaria, Croacia, Chipre, la República Checa, Estonia, Lituania, Rumanía, Ucrania, Eslovaquia y Letonia participarán en Polonia el 7 y 8 de mayo en una conferencia dedicada al 70º aniversario de la Victoria en la Segunda Guerra Mundial. Además se espera la visita del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. Esperemos que de todos los eventos conmemorativos dedicados a la Victoria, sobre todo, el discurso del presidente polaco Bronislaw Komorowski “La integración europea. Lecciones de la Segunda Guerra Mundial y su papel en la actualidad” esté a la altura de las circunstancias.

Cristina Hermida

Catedrática de Filosofía del Derecho

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