El Bayern logró sacar de sitio y ritmo a un Barcelona que, cuando atravesaba su peor momento, fue rescatado por el punta argentino. Sus dos goles, lanzados tras pérdidas, construyen una ventaja casi definitiva ante un bloque alemán al que le faltó ambición ofensiva. Neymar redondeó la sentencia castigando el desequilibrio teutón de camino a Berlín.

La festividad que constituía el regreso del hijo pródigo a casa empezó con un escorzo anacrónico en el ambiente elitista de la Liga de Campeones: Villar no quiere que Hacienda aumente los impuestos a recaudar del fútbol y llamó a la huelga. Pero el buscado impacto del particular regidor de la Real Federación Española se esfumó cuando el Camp Nou y cada rincón de viejo continente atendieron al protagonista primitivo de la jornada, este delicioso Barça - Bayern. La medida del progreso del matizado prototipo ideado por Pep -moviendo a Messi al centro- desde la Masía frente al último equipo con sello genuino de la marca Guardiola.
Apostó Luis Enrique de inicio por el once clásico que ha disparado sus opciones de triunfo en la Liga. Un 4-3-3 con el tridente como epicentro, aliñado por la presión sin pelota de un centro del campo hambriento, con laterales -flechas- incorporados a la medular para generar superioridad y lucir una buena asociación y con Mascherano y Piqué en estado de gracia para taponar los balones al área y transiciones del rival. La idea era imponer sus condiciones de monopolio de la pelota en el día más complicado para lograrlo. Y, si fuera menester, virar hacia el robo y salida vertical, la elementar añadidura de Lucho al proyecto catalán.
El técnico del conjunto bávaro, que arrastraba las ausencias trascendentales de Robben y Ribery, adoptó un sistema con tres zagueros que colocaba a Lahm y Bernat como carrileros, con Xabi Alonso y Thiago en un centro del campo que contaría, uno metros más adelantado con Schweinsteiger y quedaría culminado por Müller y Lewandowski, dos piezas inteligentes para aguantar y desahogar ante el posible encierro teutón. Discutir la posesión, de nuevo, elemento principal, con la necesidad del orden y la precisión en el envío para no cometer errores que desnuden el desequilibrio ante la contra rival que ha lucido el campeón de Alemania.
Arrancó el duelo con la intensidad propia de dos filosofía simétricas. Ambos equipos presionaban muy arriba y la circulación fluida, que es propia de los dos contendientes, quedaba relegada la economía de riesgos y el balón largo, confiando en el buen hacer de los puntas. Sin embargo, antes de cualquier vicisitud, Suárez ya había ganado la posición a Boateng, provocando que el coliseo pidiera penalti en los primeros suspiros. Empezaba una batalla que acabaría sustituyendo a la brega por dominar la medular.
Cimentó el Barça hasta el minuto 20 un ejercicio de control, ganando pulgada a pulgada el dominio del cuero y amenazando con envíos verticales que encontraban la red venenosa que configuran Messi, Neymar y Suárez. Así, fue el propio uruguayo el encargado de abrir oquedades en el sistema de repliegue visitante: chutó cruzado el charrúa en una transición rápida que atajó Neuer en el 7; marró un mano a mano ante el excelso meta alemán tras aprovechar el pelotazo de Stegen y pelota ganada por alto de Messi -en el minuto 11-; y cedió, tras desbordad, para el remate claro, en el área de Neymar. Un intento que fue desviado, in extremis, por Rafinha. El Bayern no conseguía tapar su inestabilidad defensiva y el Barça con intencionalidad puntiaguda.
Por el camino, con el club barcelonés protagonizando la charla y el cortejo con la pelota, surgieron Lewandowski y Müller para desahogar la presión blaugrana. Los dos puntas ganaban peso al controlar envíos largos que sacaban a sus compañeros para tomar aire. Fruto del oxígeno arrancado del control local, nacieron dos acciones propiciar de los muniqueses. Una pared entre los dos delanteros, con mayoría de la retaguardia oponente, concluyó con una pifia del polaco en el centro del área, sin oposición. Avisaba de su astucia la vanguardia teutona, que perdonaba con otro otra testarazo desviado por poco del 9. La concentración sin pelota debía llegar al máximo.
Leyó Guardiola antes de que se completara la primera media hora que necesitaba menos peones en la medular y más en la retaguardia. Colocó a Rafinha de lateral, Lahm se centró para acompañar a Alonso y Bernat quedaba amarrado para acorralar los pasillos de pase generados por un Messi matizado en el primer acto. El Barça permanecía aplicado al repliegue y salida, con incorporaciones de segunda línea secundadas con los espacios que abría el tridente, al tiempo que la posesión se igualaba.
Lograba la táctica desconectar al tridente catalán de los interiores -Iniesta y Rakitic-, quedando relegado el nacimiento de llegadas a la creatividad de Messi, Suárez y Neymar. En esta tesitura compacta, el balón parado surgió para abrir caminos al Barça. Cabeceó a las nubes Suárez un saque de esquina botado por Rakitic y Messi encontró la buena colocación de Neuer en la falta directa ejecutada por el 10.
Sobrevino el intermedio con un paisaje de dominio del tempo del Bayern, que descartaba la verticalidad y se contentaba con entregarse a la asociación, sin riesgos, con Xabi ALonso y Thiago como elementos nucleares. Pero, sin la amenaza por banda, gracias a las coberturas de Rakitic e Iniesta, las convertían posesiones bávaras no fluían hacia el marco de Ter Stegen y la comodidad se generalizó en los contendientes en el último tramo de primer tiempo. Sólo un destello del manchego, que leyó el desmarque de Alves para dejar al brasileño en mano a mano rompió el pentagrama. El carioca se estrelló en al salida de Neuer, el mejor de los visiantes hasta entonces. La posesión (52 a 48%) y las opciones de remate (9-4 en tiros totales y 4-0 en disparos a portería) favorecían a un Barça que templó su esfuerzo en la recta final.

No movió ficha Guardiola tras el descanso. Su equipo trataba de cortar líneas de pase desde la zaga blaugrana y mantener una red de circulación de la pelota que le permitiera controlar el paso de los minutos. Pero se le fue desnudando al técnico catalán la incapacidad para golpear y la endeblez a la espalda de Thiago, con Xabi Alonso sobrepasado en transición. El cuero era alemán pero las ocasiones volvieron a ser locales. Messi abrió fuego desde la frontal, tras cesión inteligente de Neymar, con un chut centrado que atrapó Neuer en el 57. El propio meta alemán robó la cartera a Neymar cuando el brasileño controlaba un envío a la espalda de la zaga rival que le dejaban en franca posición para anotar tres minutos más tarde.
Se resquebrajaba la tranquilidad posicional del Bayern a medida que el Barça subía pulsaciones en su presión y la verticalidad en los envíos y lanzamiento de contras suponían a estas alturas un verdadero quebradero de cabeza a los de Guardiola. Neymar mandó al limbo otra oportunidad inmejorable en el anuncio de la debacle alemana. En el 63 se esbozaba el elemento que desarticularía la igualdad: una serie de indecisiones y pérdidas de pelota en campo propio regaló al croata la opción de poner en vuelo a Ney.
Una contra conducida por Bernat confluyó en la primera y única ocasión clara de remate del Bayern hasta el final de este primer cruce. Thiago remató trompicado y la pelota, que golpeó en un zaguero, no despistó a Segen. Transitaba el partido en la incertidumbre. El equipo visitante trataba de presionar arriba pero empezaba a ceder espacios ante el peso bajón físico. Y, sin capacidad para inquietar la concentración de Piqué y Mascherano, el césped se volcó hacia la meta de Neuer, con el Barça manteniendo la efervescencia en la búsqueda del error teutón. Y recogió frutos a su cosecha con creces.
En el último cuarto de hora emergió la colosal figura de Messi, desatascados de los problemas de circulación de los suyos. Un icono que, alimentado por los secundarios, rompió la eliminatoria. Un robo de Dani Alves -sobresaliente- a Bernat en campo ajeno dejó el balance visitante mal parado en el 77. El cuero se reconcilió con las botas de la Pulga que, con la ligereza del relámpago encañonó al primer poste desde el pico del área, asestando un borrón a la impecable actuación del meta alemán. Ejecutaba las primeras pinceladas de su obra maestra. Acto y seguido, una nueva pérdida en terreno propio del Bayern, fuera de eje y sin seguridad en la posesión, concluyó en robo de Rakitic, que avistó el pasillo para un Leo que, tras recibir, sentó a Boateng y picó con seda ante la salida de Neuer en el 80.
Quedaba despedazada la eliminatoria gracias a la coherencia entre el esfuerzo colectivo y la calidad absoluta de paladar exquisito de Messi. No supo reaccionar el club alemán, que seguía cayendo en la horizontalidad. Xavi, Rafinha y Bartra entraron en escena para cerrar el duelo y Guardiola sólo incluyó a Götze en el verde, en sustitución de un desasistido Müller. Suárez perdonó el segundo mano a mano tras otra pérdida y salida de Neymar y Schweinsteiger ejecutó un chut descontrolado a las nubes, el oasis en el fútbol control del Bayern. Una estrategia que se le vino en contra, quedando impotente.
Se cerró el envite, redondeado para los intereses del Barça y del balompié español, con el Bayern volcado sin fe en la circulación, sin lanzamientos a portería, y con la línea de ataque culé habiendo olido la sangre. Suárez batalló -valiosa su labor sin pelota, con la inteligencia intacta- para arrancar un balón en la medular y lanzar la contra que elevó a la enésima potencia la asistencia al espacio de Messi y Neymar coronó con una resolución repleta de calma y clase. El 3-0, rubricado en el 93, señaló el rapapolvo sufrido por el Bayern ante un equipo que aguantó y supo esperar su momento para morder en el agujero negro bávaro, la zaga. El balance final mostró un 17 a 8 en remates con un rotundo 8-0 en intentos que encontraron portería. Pagó Guardiola -que volvió a sufrir un faraónico traspié continental y podría ver peligrar su cargo- las ausencias y la excesiva horizontalidad (ganó la posesión) en un duelo que elevó la belleza táctica con dos fórmulas muy presionantes de la que sobresalió el bloque catalán y un Messi que no conoce límites a sus páginas legendarias.
Ficha técnica:
Barcelona: Ter Stegen; Alves, Piqué, Mascherano (Bartra, min. 88), Alba; Rakitic (Xavi, min. 81), Busquets, Iniesta (Rafinha, min.86), Messi, Suárez y Neymar.
Bayern Munich: Neuer; Rafinha, Boateng, Benatia, Bernat; Xabi Alonso; Lahm, Thiago, Schweinsteiger; Müller (Götze, min. 77) y Lewandowski.
Goles: 1-0, minuto 77: Messi; 2-0, minuto 80: Messi; 3-0, minuto 93: Neymar.
Árbitro: Nicola Rizzoli (Italia). Amonestó a Xabi Alonso (min. 34) Alves (min. 45), Benatia (min. 51), Bernat (min. 55), Piqué (min. 65) y Neymar (min. 68).
Incidencias: 99.000 espectadores en el partido de ida de las semifinales de la Liga de Campeones disputado en el Camp Nou.