TRIBUNA
Rasgarse las vestiduras
sábado 09 de mayo de 2015, 19:25h
Actualizado el: 05/09/2015 19:39h
España se ha transformado en el arquetipo de una sociedad que va construyendo a sus ídolos para después fagocitarlos y destruirlos igual e implacablemente, a los ojos de su público.
Si pudiera darse alguna profunda pornografía ésta, de la que escribo, sería la madre de todas ellas.
Ortega Cano, Isabel Pantoja, José Luis Núñez, José María del Nido, Rodrigo Rato, Jaume Matas….son solo el ejemplo de alguno de ellos. En su conjunto vienen a representar lo más venerado, elevado y querido de los diferentes estamentos sociales, culturales, institucionales, políticos y económicos de nuestra sociedad.
Es muy posible que si cualquiera de nosotros hubiéramos estado sometidos a semejante prueba habríamos caído indefectiblemente. Pero se trata de una sociedad hipócrita, calvinista y maniquea.
Lo más normal es que esas personas físicas que han sido sometidas a esa presión laboral, a esas tensiones, a esa responsabilidad tan tremenda tuvieran algún punto de fuga, alguna liberación, lo anormal, lo patológico es que no hubieran caído en alguna adicción, sencillamente porque son seres humanos y a los seres humanos no se les puede pedir tareas inconmensurables y titánicas, dignas del superhombre de Nietzsche.
Clinton hubiese estallado si la becaria no le hubiera hecho aquella felación en su momento oportuno, sencillamente porque Hilary, su esposa, no funcionaría en la cama como era de esperar porque ella tenía la mente y otras cosas ocupadas en escalar los puestos de Secretaria de Estado y de Defensa e incluso la Presidencia en lugar de ocuparse de esas tonterías que aquel hombre, su marido, quería hacer una noche sí y otra también… Con lo importante que es el tiempo como para perderlo.
Y Ortega Cano iría bebido para olvidar sus penas, que eran muchas, y Strauss-Kahn cuando se tiró a la camarera de las habitaciones y aquellas otras orgías otro tanto de lo mismo, y Rodrigo Rato al salir del Fondo Monetario Internacional tras ser Vicepresidente del Gobierno de España saldría hecho polvo. Y si a esas gentes importantes se les niegan las tarjetas de crédito a fondo perdido, los whiskys a granel, sacar algún dinero al extranjero o construirse algunos pisos para su familia, es que los jueces, los magistrados, los legisladores y los periodistas que no saben de la misa la media. Y esas cosas además no se deben de refrotar ante la plebe o pueblo pues se les frustra y se les hace sufrir inútilmente, es una suerte de sadismo masoca que en lugar de dar ejemplo y hacer justicia lo que hace es fabricar justicieros que el día menos pensado caerán en los mismos errores, en las mismas faltas, si no son antes degollados por algún yihadista disfrazado de ciudadano de bien.
Si una sociedad se pudre, por favor, no muestres las pústulas, los mocos, las heces y esos fluidos viscosos, esas otras porquerías cuando estamos comiendo ante el televisor, esa pantalla diabólica del “Mundo feliz” de Huxley, que concentra todos los horrores y todas las miserias de este mundo antes de que lleguemos al segundo plato.
Los santos son los santos, los que están en la hornacinas, pero a las gentes que solo saben poner ladrillos o arreglar cañerías no les muestren las maldades que han hecho o dejado de hacer los que dirigen nuestro mundo envilecido en sus horas libres, porque en sus horas libres cada uno de nosotros hacemos los que no da la gana, faltaría más.
Y no comparen a los unos con los otros, y no digan que todos somos iguales ante la ley porque eso es mentira, es una falacia, es la gran mentira de esta sociedad hipócrita, calvinista y maniquea, como decía antes en la que todos robamos y nos vamos de putas de alguna manera, todos menos aquellos que se han vuelto locos y estrellan los aviones llenos de pasajeros inocentes contra las cumbres de unas montañas que fueron hechas hace milenios no para hacer morir a las personas sino para ver amanecer algún día en el que dejemos de envilecernos y sepamos perdonar a nuestros semejantes porque no supieron hacerlo de otra forma mejor.