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ORIENT EXPRESS

El Regimiento Inmortal

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 10 de mayo de 2015, 19:47h
El Día de la Victoria se celebra el 9 de mayo y conmemora la derrota del III Reich. La capitulación se firmó el 8 de mayo de 1945 pero, debido a la diferencia horaria con Moscú, en la capital de la URSS ya era el día siguiente. Bueno, en realidad, los nazis se rindieron el 7 de mayo en Reims pero Stalin no dio a esa capitulación más valor que el de un documento preliminar. La derrota de la Alemania nazi debía firmarse en Berlín y ante el mando supremo de los aliados y los soviéticos y no solo de aquellos. Así, los días 8 y 9 de mayo han quedado en casi toda la memoria de Europa como las fechas de conmemoración de esta victoria.

Por desgracia, en algunos países como España no se conmemora nada por esa idea –algo equivocada- de que la II Guerra Mundial fue ajena a nuestra historia y de que, dado su estatuto de neutralidad, nuestro país permaneció ajeno a los avatares de la contienda. España fue neutral pero, desde luego, no fue ajena.

Por otra parte, las denominaciones, las conmemoraciones y las narrativas sobre la guerra tampoco coinciden por completo. La Federación de Rusia llama a la lucha contra la invasión nazi la Gran Guerra Patriótica y no la II Guerra Mundial como se hace en Europa Occidental, los Estados Unidos y otros países como los de la Commonwealth. Algunos como Polonia subrayan que la agresión no vino solo de la Alemania de Hitler sino también de la URSS, que mantuvo su Tratado de No Agresión hasta que el Reich decidió invadir el territorio soviético por sorpresa y sin previa declaración de guerra. Otros países como Francia o Ucrania deben lidiar con cuestiones tan problemáticas como la colaboración con los ocupantes. La victoria sobre el Reich no cerró los conflictos internos sino que los dejó en estado latente. Algunos han aflorado en los últimos años, como el revisionismo en torno a la figura de Stepan Bandera –el nacionalista ucraniano que se alineó junto a los nazis- o el resurgir del antisemitismo en Europa Oriental.

A setenta años de la derrota de Hitler y sus aliados, la sombra de la II Guerra Mundial sigue alzándose sobre nuestro continente y algunos de sus conflictos siguen sin resolverse.

En la Federación de Rusia, millones de personas se han unido a las conmemoraciones o las han seguido por televisión. Se han celebrado desfiles en 26 ciudades desde Vladivostok, en el Lejano Oriente de Rusia, hasta Múrmansk, en el Ártico. Hay toda una geografía de la guerra que evoca el esfuerzo sobrehumano del pueblo ruso en la lucha contra los invasores. San Petersburgo, la ciudad que se llamó Leningrado, soportó un asedio de casi 900 días desde 1941 hasta 1944. Cuando Shostakovich fue a estrenar en la ciudad su Séptima Sinfonía, que había comenzado a componer allí y en honor a sus defensores, Eliasberg, el director de la Radio Orquesta de Leningrado, le advirtió que no podrían interpretarla. De los 100 músicos de la orquesta solo quedaban quince. El resto habían muerto de hambre o estaban combatiendo. Eliasberg pidió ayuda al general del Frente de Leningrado, Leonid Govorov, que ordenó a todos los soldados y civiles que supiesen tocar un instrumento presentarse ante el Comité de la Radio para la función. La sinfonía dura unos 70 minutos pero los músicos estaban desnutridos, agotados, y apenas podían tocar. Tres de ellos murieron durante los ensayos. El propio Eliasberg tenía dificultades para dirigir a causa del hambre. Sin embargo, el director aguantó y junto a los demás músicos estrenaron el 9 de agosto de 1942, en plena guerra, una pieza que ensalzaba el coraje de una ciudad que se resistía a morir. Con el Salón de la filarmónica abarrotado, Eliasberg comenzó la velada con unas palabras: “Esta función es testigo de nuestro espíritu, nuestro valor y nuestra disposición al combate”.

Los nazis fueron derrotados.

Hoy, desde Brest, en la actual Bielorrusia, hasta Sebastopol, en Crimea, los desfiles recuerdan el sacrificio de los pueblos de la URSS y su significado. Por los desfiles de todo el país, ha marchado el llamado Regimiento Inmortal, que agrupa a familiares de veteranos que portaban las fotografías de sus padres, sus abuelos, sus tíos... El propio presidente Putin ha caminado junto a ellos llevando el retrato de su padre, que luchó contra los nazis. Entre el público, podían verse también a muchas personas que sostenían retratos en blanco y negro o lucían medallas al pecho. Algunas eran de Héroes de la Unión Soviética.

El Regimiento Inmortal significa la recepción de una memoria transmitida de generación en generación. A medida que las personas que combatieron en la guerra van desapareciendo, su recuerdo no queda solo circunscrito al núcleo familiar sino que se integra en la narración colectiva de la Gran Guerra Patriótica. Si hay un relato capaz de movilizar hoy a todo el país, es el de la defensa de Rusia.

Por eso, la ausencia de los representantes de los aliados occidentales en aquella guerra –el Reino Unido y los Estados Unidos en primer término- y de la propia Alemania es un motivo de tristeza y preocupación. Es cierto que Angela Merkel ha visitado Moscú al día siguiente, pero el valor simbólico de aquella ausencia pasados 70 años del final de la guerra es más elocuente que cualquier comunicado. No es la primera que se produce con motivo de las celebraciones de los 70 años del fin del conflicto. La ausencia de Vladímir Putin de la conmemoración de la liberación de Auschwitz en enero de este año –a la que no fue formalmente invitado- fue un motivo de tristeza.

El Regimiento Inmortal muestra un aspecto de Rusia que no se suele tener en cuenta: la memoria transmitida y recibida de generación en generación. En esos retratos, en esas medallas, en esos hijos, nietos y bisnietos que sostenían los retratos de sus mayores, hay una Rusia que no suele salir en los telediarios ni en las crónicas, a la que casi nadie presta atención y que no habita solo en las grandes capitales sino en las ciudades medianas y pueblos pequeños del país más extenso del mundo.

Esa Rusia que ha desfilado con el regimiento Inmortal fue la que resistió a Hitler y es la que setenta años después sigue celebrando su victoria.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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