Conquerer
martes 27 de mayo de 2008, 19:00h
La famosa Elegía de Miguel Hernández, una de las cumbres de la poesía en español del siglo XX, tiene una pequeña nota aclaratoria inicial que pone en alerta al lector para que sepa de qué se trata: “En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería”. La muerte del amigo le provoca una tristeza insondable: “Tanto dolor se agrupa en mi costado/ que por doler me duele hasta el aliento”. El alma dolorida siente que se queda sola, que ya no tendrá la compañía del amigo, que el mundo se presentará de otra manera diferente (¡y quién sabe si apetecible!) por su ausencia.
En mi adolescencia, no tan lejana como algunos mal pensados podrían creer, cuando las pupilas están abiertas a todo, me llamó la atención la expresión “con quien tanto quería”. De aquí se infiere el concepto de amistad de Miguel Hernández: lo importante no es sólo quererse sino querer juntos las mismas cosas, sentirse unánimes en aficiones, en proyectos, en metas, conquerer, en fin.
Una conquerencia cordial es la que se echa en falta en los nacionalismos. Tengo que reconocer que me resulta incomprensible que algunos catalanes, vascos y gallegos no compartan el proyecto que ha sido y es la nación española, lo cual no quiere decir que lo justifiquen en todo cerradamente sino que lo sientan como propio de forma crítica, pues la solidaridad con el pasado sólo puede ser crítica si no queremos que sea siempre presente, que no haya futuro, y la solidaridad con el futuro tiene que ser siempre activa, es decir, afirmando todo lo positivo y luchando por evitar todo lo negativo. De la misma forma me llama poderosamente la atención y me molesta grandemente el rechazo a lo catalán, lo vasco o lo gallego como antiespañol. España, como nación, no es comprensible sin las aportaciones de lo vasco, de lo catalán y de lo gallego, quiero decir sin el genio de algunas de sus figuras representativas y de sus pueblos. No conozco mejor definición de “nacional” que la que dio Ortega en 1935: “No he sido nunca nacionalista; pero he sido siempre nacional, y esto significa para mí sentir un entusiasmo siempre renaciente ante las dos docenas de cosas españolas que están verdaderamente bien y un odio inextinguible hacia todo lo demás que está verdaderamente mal. Claro es que este amor y este odio ejercitan su contraria operación sobre un fondo de radical solidaridad con todo lo que ha sido y es el pueblo a que pertenezco”.
Todas las grandes naciones europeas han alcanzado su actual configuración tras de agrupar a pueblos diversos, a naciones previas que por propia voluntad o por la fuerza se sumaban a un proyecto común, pues como ya vieron tantos autores lo importante no era el pasado sino el futuro. Renan dijo aquello de que una nación es un plebiscito cotidiano, bien que el que a él le interesaba especialmente era el que proponía para que Alsacia y Lorena retornasen a Francia tras la conquista prusiana. Nietzsche hablaba de la tierra de los hijos como contrapuesta a la tierra de los padres. Y Ortega se refería a la nación como un proyecto sugestivo de vida en común. En esta España que puso de moda el eslogan de lo diferente, se tergiversa con gran facilidad la idea de que la pluralidad nacional (la nación de naciones) es algo que nos define frente a los otros países europeos, cuando es justo lo contrario. La unidad cultural y política que había alcanzado España en 1808 era muy superior a la de cualquier país europeo. Napoleón fue el verdadero unificador de Francia, e Inglaterra nunca ha conseguido reducir a unidad cultural al resto de los pueblos de la Gran Bretaña. ¡Qué decir de Alemania y de Italia a las que les quedaban todavía varios lustros para llegar a la unidad política, que sólo fue posible gracias a más de un siglo de intenso nacionalismo cultural!
Es un contrasentido sentirse catalán, vasco o gallego y europeo al mismo tiempo sin pasar por el aglutinador previo que ha sido y es España. Igual que es un contrasentido sentir lo español como excluyente de lo catalán, lo vasco o lo gallego, pues España no es sólo Castilla. Las naciones tienen su pasado pero son principalmente un proyecto de futuro que hacen sus ciudadanos.
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Profesor de Historia del Pensamiento Político
JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.
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