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Rajoy, ¿víctima o verdugo?

martes 27 de mayo de 2008, 22:03h
A estas alturas de la crisis en el PP (que no desaceleración, como la llamaría Solbes) la cuestión está en conocer cuál es el verdadero papel de Rajoy. ¿Es la víctima de una sublevación de personalidades obcecadas por ambiciones egoístas que no soportan con generosidad la necesaria renovación? ¿Es el verdugo que tira por la borda el PP histórico y pretende eliminar cualquier sombra sobre su liderazgo, aunque sea a costa de no ganar jamás unas elecciones?

Quienes le pintan como San Sebastián asaeteado (González Pons, supongamos) olvidan que Santa Juana de Arco (María San Gil, digamos) ha sido mártir antes, y San Juan de la Cruz (Ortega Lara, pensemos) escaló hace tiempo el martirologio.

Quienes atribuyen la desafección con Rajoy a la clásica conspiración democristiana (¡qué nostalgia de aquéllas de la época de UCD!), de un Jaime Mayor, por ejemplo, olvidan que, en el tumulto opositor, las voces más conspicuas están cerca del liberalismo de Aguirre, Costa o del espíritu de Rato; o de la no alineación (Arístegui, Vidal Quadras, Abascal, Delgado). Por supuesto, con algún democristiano (Nasarre) que tampoco iba a perderse la fiesta. Y uno que otro despistado, como Elorriaga.

Quienes entienden que la vieja guardia se remueve en sus panteones porque quiere mantenerse en la pomada, olvidan que los sublevados son por lo general cuarentones, que no cincuentones, y que éstos han cedido grácilmente sus puestos para explorar el mundo empresarial que, siendo duro, da para algo más que lo que aporta un escaño en la oposición.

Y todos los anteriores han caído bajo la espada flamígera de la renovación, luego así, a primera vista, parecería que las víctimas son ellos, y no Rajoy.

Y se puede pensar, justo en sentido contrario, que quienes creen que Rajoy es la única posibilidad en el PP, por carecer de alternativas, lo que transmiten es que el partido ha no mucho triunfador se ha transformado en un desierto, con Rajoy como único beduino.

Y que quienes apuestan por Rajoy de forma tan entregada que se convierte en increíble (Ruiz Gallardón, por ejemplo; Camps sin ir más lejos), están esperando su oportunidad como el halcón con la presa.

Visto aquí y ahora, los rebeldes parecen ser quienes están apoyados en la tapia del cementerio. Lo que sucede cuando se analiza la situación es que Rajoy no peligraría, dado el control del aparato del partido y la alianza con las baronías territoriales, pero da una sensación de fragilidad suma, como la de esos emperadores romanos enaltecidos por la guardia pretoriana, y por ella liquidados después.

Lo que sembraría la duda sobre si Rajoy es víctima de conspiradores actuales, o más bien es una víctima potencial de conspiradores futuros.

Finalmente ¿es Rajoy verdugo? Hombre, la verdad es que sus nombramientos no han sido un prodigio de equilibrio, sino más bien una apuesta algo paranoica por los "apartchiks" de su confianza. Pero tampoco ha perseguido a sus potenciales adversarios con algo más que su indiferencia.

¿Se merece, por tanto, que se cuestione su liderazgo? Bien, concluyamos que esto es lo normal, especialmente cuando se tienen dificultades para ser líder.

Rajoy es, en efecto, víctima y verdugo. Sólo que de sí mismo. Era mejor candidato que Zapatero. Le hubiera ido estupendamente a una España en caída libre económica y política. Pero le faltó suerte en el remate y ahora se ha convertido en transferible, porque no diagnosticó bien su derrota y empezó a remover el avispero de su partido antes de amarrar su legitimación. Expuso demasiado pronto su vocación de mesías, en lugar de esperar pacientemente a que le reclamaran las bases traumatizadas, como hábilmente hizo Felipe González en su momento. Se presentó como servidor de la estabilidad, pero activó todas las alarmas sobre una ambición que no se le presuponía. Y ahora sólo vive a expensas de no tener alternativa, mientras los enanos le crecen en el circo.

A corto o a medio plazo, es el hombre que pone la cabeza bajo la guillotina, mientras activa la cuchilla con su propia mano.
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