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TRIBUNA

Candidatos: cara, palabra y vida

Manuel Sánchez de Diego
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msdiegoucmes/7/7/11
sábado 23 de mayo de 2015, 19:40h

Dicen que la cara es el espejo del alma. Al contemplar una fotografía de la agencia EFE de las caras de dos líderes de Podemos, me asalta una gran inquietud. Para ser más precisos se trata, de un ex líder, Monedero y de un líder, Errejón. No es que sean feos –pues sobre gustos no hay nada escrito- o que parezcan malvados, la cara del primero no parece augurar nada bueno, o pardillos, el puchero del segundo nos hace pensar sobre la inocencia de quien ha perdido una beca-bicoca, lo cierto es que no me tranquilizan.

Quizás la ex compañera de Iglesias, sí esa que echaron de Izquierda Unidad porque no se enteraba que los fondos de su Ayuntamiento, Rivas-Vaciamadrid iban a parar a su familia, pueda congraciarme con los de Podemos. Sé que es una cara dura, pese a un pircing cada vez más pequeño, y que tiene un discurso cortante y claro, pero al menos sabe sonreír.

Aunque es algo más que la cara, también la confianza se gana con lo que dicen y hacen los candidatos.



Sé que las peroratas de otros políticos tampoco me mueven a la confianza. De algunos pienso que me están mintiendo y de otros que me están engañando. Es lo malo de los discursos precocinados, que por muy bonita que sea la cara, después de haber escuchado tantas veces lo del cambio y el recambio, pues no, ya no cuela. Igual me ocurre con algunos curas y obispos, al verlos y escucharlos, me asalta la duda de si ellos creen en Dios.

Obras son amores y no buenas razones, reza un refrán muy recordado. Y también aquí veo a servidores públicos o candidatos a serlo que por su cara y discurso gozarían de mi adhesión, pero cuando se examina su vida, su currículum existencial, algo no encaja. Cuando de la política de turno de quien se presume una moral tradicional, resulta que tiene una alterada vida sentimental, con hijos de padre desconocido y elevado nivel de vida, pues la verdad todo ello me aboca a la desconfianza.

La verdad es que hay candidatos normales; ni feos, ni guapos; con un discurso comprensible fruto del sentido común, ese que es el menos común; y que llevan una vida corriente. Esos son a quienes debemos votar. Si además en su discurso se piensa más en los ciudadanos que en la política, en no agobiar de impuestos, en contener los costes de la administración y en desarrollar una política social de integración, no de exclusión, pues me apunto.

Al final el consejo es claro: mirar a la cara de los candidatos, escucharlos y observa sus vidas. Una vez encontrado el mejor, vótalo sin rubor.

Manuel Sánchez de Diego

Abogado y Periodista. Profesor de la UCM

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