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TRIBUNA

Vieja y nueva política

Juan José Solozábal
martes 26 de mayo de 2015, 21:57h
Llama la atención, si se atiende a la lectura que se hace de los resultados electorales por los dirigentes políticos, el contraste entre la disposición proclamada de los mismos, que dicen haber entendido el mensaje de los votantes demandando un cambio, y su actitud efectiva, conforme a las actitudes sabidas y acostumbradas de la vieja política. Sorprende verdaderamente, por lo general, la actitud insincera e impostada de los agentes políticos, su interpretación sesgada y partidista, todo lo ventajista que se pueda, de las elecciones.

El Partido Popular aduce los resultados globales que le confirman como la fuerza más votada, pero a Rajoy nadie puede apartarle de su convicción de que es la economía el terreno en el que se juega el partido político. No hay atención alguna a las formas, esto es, a la necesidad de los gobernantes por simpatizar con los ciudadanos, a los que se dirige con suficiencia desde la torre de la superioridad y la experiencia. Nadie explicará por qué, frente al modelo de comedimiento y sensatez ofrecido con la candidata a la Comunidad, se optó por una candidata manifiestamente inadecuada a la alcaldía de Madrid, que se cree con derecho natural a mandar, que se va del gobierno sin dar explicaciones y que pretende volver a él como si fuera una propiedad más a su disposición. Eso sí con malos y expeditivos modos. ¿No es hora de reconocer la penetración de la corrupción en el funcionamiento institucional y del partido, y reaccionar enérgicamente, lo contrario que se ha hecho por ejemplo en dos actuaciones lobbistas conocidas recientemente? El problema de las mayorías absolutas, como la que disfruta en la actualidad en nuestro Parlamento el Partido Popular es su interpretación incorrecta, pues no deben inducir a actuar sin límite o con prepotencia sino a ensanchar su base, pensando en su mantenimiento, abriéndose a los planteamientos y sugerencias de los demás. Si no se procede a drásticos cambios, que son muy difíciles de adoptar siempre, el edificio popular se derrumbará con estrépito aunque, obviamente, sin sorpresa excepto para quienes lo habitan.

El Partido socialista tiene una oportunidad, que debe aprovechar si actúa con prudencia y sentido de estado. No ha empezado bien reaccionando Pedro Sánchez con desmedida satisfacción ante unos resultados que, considerados con objetividad, muestran una considerable pérdida de apoyo electoral. La cuestión reside en la actitud del PSOE a la hora de pactar para formar, o consentir, gobiernos en ayuntamientos y Comunidades Autónomas. Esta actitud, si se rige por los postulados de la nueva política que deben ser los de la decencia y la trasparencia, debe atenerse a dos exigencias. En primer lugar, la congruencia con los valores del socialismo, que conjuga la moderación y el progreso; en segundo lugar, las exigencias con la estabilidad y la unidad del Estado. El riesgo es en efecto la alianza con Podemos que solo puede tener lugar en condiciones de liderazgo, para evitar la frivolidad o el aventurerismo, propios de la ultraizquierda antisistema. Mejor entonces quedar en la oposición y tener siempre bien presente lo que algunas coaliciones han significado para el socialismo, como el tripartito catalán, que aun está pasando factura al PSC. Tampoco excluir el apoyo al centro conservador cuando lo requiera el sentido de estado (Navarra, en su caso Cataluña), o cuando el acceso al poder suponga contrariar un claro mensaje electoral que habría dado casi la mayoría absoluta al Partido Popular. De manera que el Partido Socialista haría bien en poner las luces de larga distancia, para ver más allá de lo inmediato, que puede llevarle a engaño.

Podemos debe ser objeto, antes de someterlo a crítica, de un triple reconocimiento. Sin Podemos no se explica la toma de conciencia del anquilosamiento del sistema, a la que habría contribuido con superior importancia la renovación de la Corona; la frenada al soberanismo, aunque otro representante del viejo orden como Mas no lo reconozca consecuentemente, tiene que ver con la llegada de esta formación, a lo que tampoco sería ajeno el sorprendente rebaje de Sortu en Euskadi; y , de modo general, la implicación política de la juventud en el sistema político, que considero extraordinariamente positiva. Pero Podemos no ha dado la cara en estas elecciones: no se ha atrevido, me refiero a las municipales sobre todo, a presentarse con su propias siglas y en un ejercicio notable de manipulación, ay el tinglado de la vieja política, explotará el éxito de las candidaturas inspiradas por ellos en Madrid y Barcelona. Está por ver si su futuro se relaciona con el éxito reciente en su veste municipal o sus modestos resultados en las elecciones andaluzas. Entremedias está su atención a los problemas de los ciudadanos que deben resolverse en el nivel municipal y autonómico, que exigen atención a cuestiones pragmáticas y concretas, es la administración, ya se sabe, lejos del terreno de la especulación y el espacio etéreo de la revolución, que parecen preferir quienes aspiran a alcanzar el cielo.

Los resultados electorales de Ciudadanos, que esos sí han dado la cara, no permiten despejar las dudas sobre la formación, confirmando, antes de nada, su necesidad, clarísima y servida con dedicación admirable en Cataluña. Todavía demasiado dependiente de Rivera, un extraordinario valor, y pendiente de una implantación nacional que ha de tener problemas, aun contando con gente tan notable como la candidata principal de Madrid. Vamos a ver cómo Ciudadanos vigila a los gobiernos que se formen, pues tan importante es controlar como mandar; y ,antes, como permite su constitución: el electorado futuro valorará su fidelidad a los propios criterios, por ejemplo es estupenda su voluntad de adelgazar el equipamiento de las administraciones y la recuperación de los funcionarios en el control jurídico de la actuación de las mismas (no se puede alabar, en cambio, su pretensión de decidir sobre la organización interna de otros partidos, así su manía en imponer las primarias a los demás; y no digo nada sobre su despropósito foral), pero también su flexibilidad para dar luz verde a gobiernos autonómicos y municipales de manera que no se ponga en cuestión la capacidad del sistema para funcionar con eficiencia.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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