Mariano Rajoy se dispone a hacer cambios, pero al estilo Mariano Rajoy: no fácilmente previsibles y siempre en menor intensidad de lo esperado. Eso sí, aguardará al menos hasta julio, una vez se hayan resuelto los gobiernos de las autonomías y los municipios; por ejemplo, para que se confirme que dirigentes como María Dolores de Cospedal pierden el poder.
Tras una tibia y autocomplaciente rueda de prensa que siguió a una noche electoral en la que no compareció, los ánimos internos no hicieron sino empeorar y la presión, crecer. No tardaría muchas horas Juan Vicente Herrera en cuestionar la validez del presidente y su Gobierno y señalarlos como razón principal de la pérdida de territorios.
Rajoy accede y se moverá, pero no quiere en absoluto que haya jaleo de puertas afuera, más críticas, que se cuestionen su candidatura y su gestión o el rumbo que ha de tomar el partido. En definitiva, el proyecto. Así, cierra el paso a que puedan celebrarse congresos regionales antes de las generales. Orden de Génova a instancias de Moncloa.
Wert, Cospedal, Feijóo, Casado
Se espera que en las próximas semanas Luis de Guindos y José Ignacio Wert salgan del Ejcutivo. Uno, para presidir el Eurogrupo; otro, como embajador de España ante la OCDE, en París, donde Monserrat Gomendio, su pareja y 'número 2' en Educación, será directora general adjunta. El sustituto de Guindos sería Álvaro Nadal, responsable de la Oficina Económica de Rajoy, de su plena confianza y útil para el escaso tiempo que resta hasta las generales.
Para la vacante en el Ministerio se especula con el nombre de Cospedal, y para ese supuesto hueco en la secretaría general, Alberto Núñez Feijóo, que tarde o temprano, al menos con Rajoy al frente, dará el salto a Madrid, y ante un panorama en Galicia que, a tenor del resultado en las locales, no le pinta favorable.
Otro nombre en las quinielas es el de Pablo Casado, especialmente por su facilidad para la comunicación, gran laguna en el PP, no tanto para la secretaría general, dada su juventud, como para una vicesecretaría. A los cambios de caras habrían de sumarse cambios de formas, piden desde las delegaciones regionales, o el 24-M habrá sido un castigo menor en comparación con el que esperaría en noviembre.