AL SUR DE TARIFA, AL NORTE DE ESPARTEL
El arabismo revistado
jueves 28 de mayo de 2015, 20:46h
Entre la segunda quincena de abril y la segunda de este mes de mayo que se acaba, se han prodigado una serie de actos culturales impregnados de densidad orientalista, que han tenido lugar en diferentes escenarios madrileños. De los cuatros actos aludidos, tres poseen una impronta magrebí predominante. Solo uno de estos se ha distinguido por su dedicación exclusiva al profesor Martínez Montávez, en formato de homenaje -algo tardío y harto merecido- con que Casa Árabe ha querido hacer público reconocimiento de una proyección docente, intelectual e institucional distinguida del ya emérito profesor.
El autor de estas cuartillas entró en relación académica con el homenajeado en el marco de la Universidad Autónoma de Madrid, a principio de los años 70 del siglo XX. Desde hace cuarenta (y pico) de años nos ha unido a los dos nuestra inclinación de estudiosos del Oriente musulmán: Montávez en cuanto arabista de fuste, y yo mismo en calidad de modesto historiador de las relaciones hispano-magrebíes (antes y después del paréntesis colonial que tanto marcó la intrahistoria de los países norteafricanos a lo largo del siglo XX). Luego de jubilados, hemos solido cultivar, sin calendario fijo y un tanto erráticamente, encuentros de ex colegas que permanecen amigos. Una mera incursión en Wikipedia pondrá al lector menos familiarizado con la figura del profesor Martínez Montávez al corriente de las facetas de su personalidad y obra dentro del arabismo español, consagrada preferentemente al mundo egipcio; al hispanismo árabe, con Al-Andalus como epicentro; y a poetas árabes, por él traducidos, que ya han dejado de ser unos desconocidos en España: Adonis, Darwish y Qabbani, muy en particular.
Dos de los otros actos a que nos referíamos al principio se han centrado en el pasado contemporáneo que han compartido Marruecos y España.
No hace mucho, Luis María Cazorla ha presentado en el palacete de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación su tercer volumen sobre la presencia de España en el noroeste de Marruecos entre 1909-1921. Se trata, en este caso, de una suerte de trilogía (La ciudad del Lucus; El general Silvestre y la sombra del Raisuni; Las semillas de Annual), que toca, ahora, a su fin. Cazorla se ha valido, en rigor, del género novelístico para encauzar la saga colonial española desde el ángulo local de la ciudad de Larache y la (hoy) provincia del río Lucus. En puridad, el autor -hombre docto donde lo haya- consigue narrar la acción apoyándose en un importante acerbo documental bien administrado a lo largo de los tres volúmenes de su obra. La última de estas, a propósito, transporta en su título el fatídico desenlace de la página escrita con sangre española y agarena en el verano de 1921. Aludo, claro está, a la rota de Annual, que inspiró no pocas páginas en su momento y que alcanzó en una novela de Ramón J. Sender (Imán) la cúspide de su excelencia literaria, al tiempo que constituyó la denuncia de una empresa colonial que, ciertamente, tuvo de todo.
Otra actividad norteafricanista, celebrada esta vez el pasado mes de abril, ha consistido en la conferencia pronunciada por el autor de estas líneas en el Centro Internacional de Prensa (Madrid), auspiciada por la Asociación de Periodistas y Escritores Árabes en España, y que se tituló “Recordando a Mohamed Ibn Azzuz Hakim. Semblanza de un diálogo hispano-marroquí centenario”. En esta conferencia he intentado subrayar los altibajos que han configurado las relaciones hispano-marroquíes durante la segunda mitad del siglo XX, en particular las del norte de Marruecos, con Madrid, Andalucía, Ceuta, Melilla y Canarias. O sea, con el universo fronterizo inmediato entre pueblos, naciones y culturas. Instalado en el centro expositivo de esta conferencia he situado a la figura de Mohamed Ibn Azzuz Hakim (+ 2014), que fue hispanista de pro, como arabista de pro lo es Pedro Martínez Montávez. Ambos, además, han sido traductores e historiadores, destacando, sin embargo, en Azzuz Hakim su intervención gradual y tenaz a favor de la causa independentista que desde Tetuán encabezó -entre otros líderes marroquíes anticolonialistas- Abdeljalek Torres, del que Azzuz Hakim fue secretario y hombre de confianza.
Mantuve una dilatada amistad con Hakim, historiador, erudito y, ocasionalmente, mordaz conversador tetuaní, durante no menos tiempo de trato que aquel durante el que se fue tejiendo la amistad con Martínez Montávez. Curioso paralelismo que me sobreviene al cálamo, mientras dejo esta efímera constancia de dos homenajes que ilustran biográficamente los destinos cruzados de todos aquellos que, desde ambas orillas, intentamos aproximar las dos riberas del mar que nos separa.
El colofón de esta ronda de manifestaciones históricas y culturales tuvo lugar el miércoles 27 de mayo con una conferencia del ministro tunecino de Asuntos Exteriores, Taïeb Baccouche. Desde el estallido de la Primavera Árabe en enero de 2011, Túnez ha estado en el epicentro de la sacudida social y política que hizo concebir esperanzas de un futuro renovado en varios países del universo árabe-islámico. Después de transcurridos cuatro años de decepción justificada -a la vista están los escenarios de Libia y Siria- Túnez continúa siendo un referente prometedor para la renovación general de la milenaria Ifriquiya -o sea, África-.
La expectación que ha generado la visita a Madrid del ministro Taïeb Baccouche viene avalada por el título de su conferencia: “La lucha contra el terrorismo y la seguridad de la región: el punto de vista de Túnez”. Marhaba al político y orador que viene a cerrar por el momento una suculenta oferta histórica y cultural sobre el Mundo Árabe en días inquietantes para su futuro.
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Historiador. Profesor emérito (UNED)
VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes
Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías
sobre España y el Magreb
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Últimos comentarios de los lectores (1)
122 | Khaled Salem - 29/05/2015 @ 11:01:40 (GMT+1)
Pedro Martínez Montávez, un arabista cabal e íntegro que destaca por su honestidad en un mundo lúgubre donde se encuentran y se enfrentan tantos intereses en la cuenca más conflictiva y, a la vez, crisol de civilizaciones y culturas. Es ahí donde sembró y cultivó el arabismo español contemporáneo abriéndole las puertas para arrimar los hombros con los otros arabismos europeos y salvándole de su estancamiento milenario y reducido a la etapa andalusí. Una labor de un quijote que empezó su andadura a mediados del S.XX en El Cairo, teniendo puentes útiles y prácticas para ambas orillas del Mare Nosturm, tarea que no sido fácil, ya tuvo más espinos y sapos que seda. Como bien ha acertado el profesor Morales Lezcano este homenaje ha sido tardío aunque ¨nunca es tarde si la dicha es buena¨. Creo que el maestro del arabismo español contemporáneo se merece otra iniciativa de sus discípulos y de las instituciones nacionales de este mundo y de otros.
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