Una de las mayores ignominias que está cometiendo el chavismo, y son muchas, es el arbitrario encarcelamiento de líderes opositores, a quienes mantienen en prisión sin las más elementales garantías jurídicas -en la Venezuela de Maduro la separación de poderes es mero papel mojado-, y en unas condiciones que atentan contra el más mínimo respeto a los Derechos Humanos. Ahora uno de esos líderes, Leopoldo López, dirigente de la formación Voluntad Popular y exalcalde de Chacao, que está en la cárcel militar de Ramo Verde desde hace más de un año, se ha puesto en huelga de hambre, acompañado del exalcalde de San Cristóbal, Daniel Ceballos, igualmente entre rejas. Con su decisión, quieren denunciar la violación no solo de sus derechos, sino de los de todos los venezolanos, privados de libertad y condenados a la miseria, a la vez que exigen la liberación de todos los presos políticos, el fin de la represión y la convocatoria de elecciones que sean vigiladas por observadores independientes de la Unión Europea (UE) y de la Organización de Estados Americanos (OEA).
Igualmente, Leopoldo López ha hecho un llamamiento a la celebración este próximo sábado de una gran marcha en Caracas para manifestar pacíficamente que la situación ha llegado a un punto insostenible y que los bolivarianos no pueden seguir arrastrando al país al abismo y desoyendo todas las voces de la comunidad internacional que condenan la política chavista, esa que tanto le fascina al Podemos español y a sus satélites. La mujer de Leopoldo López, Lilian Tintori, que viene desarrollando una valiente labor a favor de la verdadera democracia en Venezuela, ha anunciado que está previsto que asistan líderes demócratas de todo el mundo, y que ya han confirmado que se sumarán a la marcha los expresidentes de Colombia y de Bolivia Andrés Pastrana y Jorge Quiroga.
No se entiende que, amparándose en confusos y vagos pretextos, la alianza opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) haya dicho que no secundará la marcha, aunque comparta sus razones. El chavismo forma una piña en torno a Maduro, pero la oposición no ha logrado una unidad sin fisuras -la situación de Venezuela no exige menos-, sin la cual es mucho más complicado derrotarlo. La MUD debería reconsiderar su postura y contribuir a que la convocatoria del sábado, que merece un decidido y claro apoyo internacional, sea un clamor de tal contundencia que al caudillo bolivariano le resulte imposible obviarlo o minimizarlo.