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LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS

El burladero nacional

José Antonio Ruiz
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
viernes 29 de mayo de 2015, 21:13h

Ya es «summer time» en El Corte Inglés, pero el Hermano Mayor de la cofradía PePera, a lo que se ve,todavía no ha caído en la cuenta, sumidos como están todos los nazarenos en la desorientación, más que la letra del tango del Desencuentro de Roberto Goyeneche.

Mariano, o el muermo, dicho sea con todo respeto, pero sin ninguna consideración periodística, pues en el pecado de su inmovilismo arriólico lleva la penitencia.

Flemático desde que su progenitor registró su partida de nacimiento, el Premier se empeña en seguir fuera de contexto y de época, como si el reloj del tiempo se hubiera detenido el día que Fraga se bañó en la playa de Palomares para demostrar que las bombas atómicas que se le cayeron a los americanos no eran radioactivas.

Inasequible al desaliento, lo único que se le ha ocurrido al atribulado presidente es susurrarle al oído a Cospedal lo que Ilsa a Rick en Casablanca: «El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos», desencadenando en la vice Soraya el consiguiente sarpullido de celos.

Rebelión a bordo. El barco se hunde, la marinería se amotina y el capitán se empeña en seguir tocando las maracas de Machín, ajeno a la tragedia, hierático como la escultura de un faraón egipcio.

Hay que tener cuajo para contemplar el casco perforado y el boquete por donde está entrando agua a mansalva, como en el aliviadero de un pantano franquista, y ponerse a silbar como Clint Eastwood en La muerte tenía un precio.

Le pasa por recrearse con el diario Marca y no molestarse en leer ni la Odisea de Homero, ni La tempestad de Shakespeare, ni el Relato de un Náufrago de García Márquez. La canción del macho cabrío nos retrotrae al origen mismo de la tragedia griega.

Cuando una exclamación vale más que mil imágenes: ¡Qué hostia! ¡Qué hostia me he pegado! –reconoció Rita Barberá dixit, horas después del revolcón, y no precisamente en la playa de la Malvarrosa.

Herrera, Fabra, Bouzá y Rudí… ¡Que pase el siguiente! Si no es una desbandada, es una espantá en toda regla, como la de aquel torero de infausto recuerdo que salió corriendo del ruedo en cuanto vio aparecer el cuerno del morlaco por la puerta de toriles, porque –reconoce- le faltaron huevos.

Huevos es de lo que parece que andan sobrados ahora, a buenas horas, algunos barones del PP, después de permanecer largos años Callados como muertos, que diría José María Pemán. Edificante espectáculo el de Juan Vicente pidiendo la cabeza política de su compañero de partido y sin embargo enemigo, el ministro Soria, al que culpabiliza de todos los males que aquejan a la Humanidad desde el origen mismo del Hombre.

Lo malo no ha sido el gesto en sí, sino las maneras de verdulera del castellano-leonés, que primero puso en entredicho a Mariano en la radio; y al día siguiente mandó a su vocero con el estoque en busca del canario, para que a que hiciera el canelo respirando por su herida, sin ninguna clase pero con mucha caspa.

Lo que va del inaceptable ¡Maricón el último… y yo el primero! Al ¡Sálvese quien pueda!

El problema no es que el PP tenga problemas de autismo comunicacional o no haya podido o sabido construir un relato del milagro económico y vender la moto averiada en el mercado negro de ocasión. El problema es que carezca de proyecto político y nos prive de esperanzas, en cuyo caso se explica que sus dirigentes no tengan nada que decir.

Suele suceder cuando uno se acostumbra a los ditirambos de Píndaro y a que le soben el lomo como a La vaquilla donde el soldado Limeño se cagó, en pleno rodaje, en el centro mismo del coso.

En el PP hay más conspiradores que republicanos infiltrados en el bando nacional en la película de Berlanga, donde no hace falta recordar que los buitres leonados acabaron devorando al toro, símbolo de esta España cornuda, en medio de la era que había entre las trincheras de los rojos y de los facinerosos. Nostálgicos de Juan de Orduña, acabaremos añorando el Credo Legionario de Millán-Astray, aquel baranda que fundó Radio Nacional y se las tuvo tiesas con Unamuno, al grito de ¡Muera la intelectualidad traidora!

Es cierto que nunca hasta 2011 un partido había recibido un caudal de votos tan acojonante como el PP de Rajoy, excepción hecha del PSOE de ¡Felipe, queremos un hijo tuyo! Pero no es menos verdad que nunca antes un partido se había pegado un hostión tan grande y había arrojado por la borda del despropósito tantos votos en tan corto espacio de tiempo.

Aquí el único listo ha sido Wert, que viéndolas venir, se ha buscado un chollo en el extranjero camusiano y se marcha con su novia Montserrat Gomendio a Paris, mon amour.

¿España? Ahórrate los cumplidos, no merece la pena. No quiero ser agorero, pero ponte en lo peor. Colau & Cía van a pasar de parar los desahucios, a desahuciar España, comenzando por repartir parcelas entre los desheredados la playa de la Barceloneta.

El problema del avispero nacional no es que los políticos no estén a la altura de las circunstancias; lo preocupante y descorazonador es que no lo estén los ‘ciudadasnos’; aunque es lógico lo que está aconteciendo, si tenemos en cuenta que si juntásemos todo el coeficiente mental de las redes sociales y de los contertulios televisivos, no daría ni para reunir una neurona.

Acidez de estómago? ¿Episodios de aerofagia? ¿Meteorismo? ¿Diarreas? ¿Estreñimiento? ¿Problemas de insomnio? ¿Palpitaciones precordiales? ¿Trastornos de ansiedad? ¿Acaso impotencia? (…) Bien mirado, es lo menos que podemos sufrir con la que está cayendo.

El gatillazo de España no tiene arreglo posible ni con una sobredosis de Viagra. Sobrada de razón anda Jane Goodall cuando dice que «es arrogante pensar que somos diferentes de los chimpancés».

José Antonio Ruiz

Periodista

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