“Cuando me etiquetas, me niegas”. Soren Kierkegaard
El otro día un amigo me habló de algo que había leído en internet: un estudio en el que se aseguraba que la gente dejaba de escuchar nueva música a los 33 años. Por lo visto, alrededor de esa edad el gusto musical madura y es difícil incorporar nuevos estilos, artistas, etc. Sin embargo, y a pesar de que pueda parecer lo contrario, estoy seguro de que la gente no deja de escuchar y aceptar nuevas ideas políticas ni con 33 años, ni con 40, ni con 60.
A raíz de las pasadas elecciones se produjo un acalorado ‘debate-chat’ en el grupo de la universidad al que pertenezco. Unos expusieron sus ideas con vehemencia, otros plantearon críticas constructivas y algunos mostraron sus miedos y preocupaciones. Desde primera hora fuimos soltando lo que se nos pasaba por la cabeza con total libertad y casi al final de la mañana una compañera afirmó haber llegado a un ‘consenso’. La palabra sonó rara al principio pero creo que salvando la gran diversidad que existe en el grupo, las distintas afinidades y principios, de una forma extraña llegamos a alguna que otra conclusión o idea consensuada que enumero a continuación:
Respeto. Es necesario escuchar y respetar la opinión de todos, sin atacar ni desmerecer.
Construir. Ponerse de acuerdo es bueno y deseable, es mejor construir que destruir. La mayoría de los partidos políticos se sienten más cómodos destruyendo y atemorizando que construyendo y consensuando.
Alta moralidad. Basta ya de tanta corrupción. Hoy por hoy parece imposible llegar a pertenecer a una lista de un partido político, para representar al pueblo, sin participar de forma directa o indirecta en actividades ilegales e inmorales. Jueces politizados no, por favor.
Experiencia demostrable. No se debería acceder a un cargo de político sin haber pasado antes por un trabajo ‘normal’, y menos aún se debería tener un alto cargo político sin haber demostrado una gran valía profesional y moral. Por supuesto, los máximos representantes de nuestro país deberían hablar inglés de forma fluida.
Buena gestión. Como si de la economía doméstica se tratara, es necesaria una gestión decente, honesta y madura de los ingresos y gastos públicos. Controles y justicia impositiva por una parte, pago -por supuesto- , auditoría y limitación de la deuda, por otro. Legislar buscando resultados inmediatos alimentando medidas populistas (más gasto, menos impuestos) o favoreciendo a las grandes corporaciones y fortunas (pelotazos, abusos) no es viable ni profesional. Lo primero nos lleva a la quiebra financiera, lo segundo a la rebelión social.
Mi padre siempre dice que en las reuniones con amigos no es necesario hablar sobre fútbol, religión o política, ya que siempre hay otras mil cosas en las que ponerse de acuerdo. Como él, pienso que las personas tenemos muchas más cosas en común que lo que nos separa, y que es preferible empezar por lo que nos une para ir limando las diferencias más adelante. Con cierta educación, madurez y paciencia, hasta en ciertos temas se puede escuchar y ser escuchado. Puede que a partir de una edad pongamos la misma música de siempre, pero estoy seguro de que casi todo el mundo sabría apreciar una buena letra o una buena melodía, nueva o antigua, simplemente con escucharla; sólo hay que darle al stop, quitarse los cascos y prestar atención.
Hay diversas formas de medir la evolución de un país. Por la manera en que conduce la gente, por la cantidad de animales abandonados que hay en las calles, por las conversaciones ideológicas entre amigos o por el tiempo que se tarda en echar a los deshonestos del poder. Creo que nuestro país progresa adecuadamente (PA+).
“Creyendo apasionadamente en algo que no existe todavía, lo creamos. Lo inexistente es lo que no hemos deseado lo suficiente”. Nikos Kazantzakis