TRIBUNA
A un año de la abdicación de Don Juan Carlos
miércoles 03 de junio de 2015, 20:33h
Actualizado el: 03 de junio de 2015, 20:56h
El 2 de junio de 2014, justo hace un año, Don Juan Carlos abdicó tras casi cuatro décadas como Rey de España. Era la primera sucesión al trono de toda la historia de la democracia española. Durante su primer año sin ejercer como monarca se ha mantenido en la sombra y apenas lo hemos visto en actos públicos, prefiriendo ceder todo el protagonismo a nivel institucional al heredero al trono, su hijo Felipe VI.
La imagen de Don Juan Carlos se vio notablemente afectada a raíz de que Corinna Sayn-Wittgenstein se diese a conocer como “entrañable amiga” del entonces rey, tras el grave escándalo del accidente de Botsuana en el que se rompió la cadera. Asimismo todavía la deterioró más la desafortunada relación de su yerno Iñaki Urdangarín y su hija Cristina con el caso Noos, hasta el punto de que se viene considerando que ello fue una de las razones que provocaron que el rey Juan Carlos finalmente abdicara.
No deja de resultar sorprendente y al mismo tiempo revelador de esta situación que el interés de tan excelsa figura en la historia de España gire actualmente en torno a cuestiones tan banales como quiénes son sus amigos, qué es lo que le une realmente a Corinna Sayn-Wittgenstein o si la relación existente con la reina Doña Letizia verdaderamente ha mejorado o no en los últimos tiempos. De hecho, estos constituyen algunos de los temas en los que se centrará Vanitatis para conmemorar el hecho histórico del anuncio de la abdicación de Don Juan Carlos.
Las elecciones del pasado 24 de mayo indican que algo está cambiando en España y que las nuevas generaciones exigen un proceso de renovación democrática que anime a la justificación de las instituciones para que la legitimación de las mismas sea real y efectiva. Nuestro rey se encuentra así en un escenario muy diferente del que tuvo su padre cuando reinó y se espera de él que vele por esa purificación de las instituciones, por supuesto, comenzando por la corona.
El Jefe del Estado español representa constitucionalmente y simbólicamente la unidad y la estabilidad política. Hay que reconocer que Felipe VI ha actuado con notable destreza en su primer año de reinado, abriéndose a los sectores sociales más desfavorecidos y además prodigándose en mantener las buenas relaciones exteriores tan bien llevadas, por cierto, por sus progenitores. De hecho, el aniversario de la abdicación no ha impedido que los reyes Felipe y Letizia se encontrasen en París, en su primer viaje de Estado a Francia, ya que la visita oficial había estado inicialmente prevista para el mes de marzo, no pudiéndose llevar a efecto debido al accidente aéreo de Germanwings.
Hay que reconocer que cuando Felipe VI se proclamó rey de España el 19 de junio de 2014, el 58% de los ciudadanos afirmaba que el Monarca les daba seguridad y si un año después la mayoría de los españoles le valoran muy por encima de otros personajes públicos junto a Doña Letizia, ello revela que el balance de este año para los nuevos reyes es claramente positivo. Asistimos a un giro en la concepción de la monarquía y en consecuencia del papel que asume la institución de la corona, a la que se exige renovación para poder adaptarse a los nuevos tiempos.
Felipe VI no ha dejado de insistir en que tratará de asumir como monarca un rol activo que le permita empatizar con la base social española tan necesitada de aliento por el embiste de la brutal crisis económica, para estar así atento a las diferentes demandas sociales acordes con esta era nueva en la que le toca reinar. Todo lo anterior a pesar de que la Constitución le otorgue un papel en el que reina pero no gobierna, todo lo más, ejerce las veces de moderador y árbitro imparcial dentro del entramado democrático institucional.
Creo que el papel del rey, a pesar de sus limitaciones, sigue siendo necesario para nuestra sociedad española desde el momento en que como factor de estabilidad, consenso y paz resulta imprescindible en la sociedad de nuestros días. Recordemos que, conforme al art. 56 de nuestra Constitución, el Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes.
Felipe VI tiene ante sí ahora el reto nada fácil de ganarse a la generación que no vivió bajo la dictadura de Franco y ni siquiera asistió al nacimiento de nuestra Constitución de 1978.
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Catedrática de Filosofía del Derecho
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