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TRIBUNA

La jubilación de la Universidad

Manuel Sánchez de Diego
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msdiegoucmes/7/7/11
sábado 06 de junio de 2015, 20:31h
Actualizado el: 06/06/2015 23:59h
“El viento es viejo, pero sigue soplando”, con estas palabras finales se despedía de la Universidad un magnífico profesor, investigador y amigo, Cándido Muñoz Cidad, Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid. Las palabras las tomaba prestadas de una pancarta en la que se animaba a Valentino Rossi, un mito del motociclismo.

Todos quienes intervinieron en el acto señalaron la gran valía de Cándido Muñoz Cidad. Aunque sobresaliera como académico de la economía, también lo ha hecho como gestor universitario, investigador, docente y, como amigo, montañero, conversador, melómano, persona letrada en las humanidades clásicas y en la humanidad del día a día.

Su última lección, plagada de referencia a autores del ayer, del pasado inmediato y del presente rabioso, se caracterizó por algo que él mismo predicó: la necesidad de seducir desde la enseñanza. La carcajada, la mirada de complicidad, el requiebro de la palabra y la sonrisa burlona hicieron presencia en una magistral clase que pudimos disfrutar gracias a su seducción. Como Cándido apuntó “el objetivo de la seducción es provocar en el alumno la pasión por aprender y por lo que se enseña”. Aprendimos y disfrutamos.

Sus reflexiones, nos mueven a leer a los autores difuntos, a hacer que los economistas se manchen las botas al pisar la realidad y a desenmascarar la impostura democrática que disfrutamos.

Citando a Schumpeter explicó cómo “una ciencia se desarrolla por obra de pequeñas acciones que crean un acervo común de ideas a partir de las que brotan, tanto por suerte como por mérito, las obras que ingresan en el panteón de la gloria”. Entiende el catedrático Muñoz-Cidad que en “los autores difuntos encontramos la genealogía de las ideas, un método de reflexión y, no es menos importante, su orientación a los problemas reales”

Una parte importante de su disertación, la más técnica y posiblemente la de mayor calado para la Economía fue dedicada a la realidad y los modelos de los economistas, con una frase seductora: los economistas no se manchan las botas. El profesor Muñoz-Cidad se lamentaba que el crack del 2008 “no figuraba en los itinerarios previstos por los manuales y técnicas al uso entre los economistas”. Eran los tiempos en que se decía que España se encontraba en la Champion’s League de la Economía, que en breve nuestra economía pasaría a la francesa o que “el sistema financiero español es quizás el más sólido del mundo”(Rodríguez Zapatero dixit en Nueva York septiembre 2008). Es cierto que algunos a contracorriente, sí que previeron la crisis. El propio Cándido Muñoz-Cidad en un informa del año 2006 decía “la solución –dolorosa- ha de venir por la flexibilidad de precios y salarios y la reconstrucción del sistema industrial, medidas que habrá que acometer una vez que finalice el boom inmobiliario, cuando posiblemente la economía española tenga que enfrentarse a una recesión larga y profunda de imprevisibles consecuencias”. Claro que no basta con escribirlo, además es imprescindible leerlo, entenderlo y ser capaces de tomar medidas –quitar el ponche cuando la fiesta empieza a ser demasiado ruidosa-, cosa que no se hizo en su momento y cuya resaca todavía vivimos.

Su tercera reflexión, sobre la democracia y la igualdad de oportunidades me toca muy cerca por mi afición al Derecho Constitucional, a los derechos fundamentales y a las reglas del juego político. Afición que me permite ganarme las lentejas. Sin embargo, las palabras de Cándido por su precisión y claridad me hicieron caer de cualquier pedestal del especialista. Es cierto que fueron pensamientos que en las comidas de los lunes y los martes habían salido a discusión y debate, pero su fuerza y claridad arrollan a la política de letra pequeña. La igualdad de oportunidades y el respeto a la Ley articularon su defensa de la democracia y que me obligan a anunciarles un artículo dedicado solo a ese tema.

En el cóctel posterior a la última lección, el profesor Eusebio Moreno señalaba que con el profesor Muñoz-Cidad se marcha de la universidad un gran humanista. Este convencimiento me aboca a una reflexión final en clave pesimista, algo que no suelo hacer: si la Universidad no es capaz de mantener a los magníficos profesores que se jubilan, es que algo estamos haciendo mal. Este año en la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM, tres catedráticos a los que admiro, se marchan a su casa. Al nombre Cándido Muñoz-Cidad de Economía, hay que añadir el de Antonio Lucas Marín de Sociología, al que seguramente tendremos que ir a buscar a China. También nos deja mi maestro, Teodoro González Ballesteros de Derecho Constitucional, jurista y periodista, persona entrañable que merece no solo unas palabras laudatorias, también mi gratitud. Todos ellos viento viejo, viento recio que sigue soplando.


Manuel Sánchez de Diego

Abogado y Periodista. Profesor de la UCM

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