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TRIBUNA

España, el centro del mundo

Natalia K. Denisova
sábado 13 de junio de 2015, 19:56h

Una tormenta en Madrid, aparte de muchas incomodidades, también puede traer momentos de sosiego. La del jueves pasado me pilló en la Real Academia de la Historia; cuando me disponía a salir de este hermoso caserón, el agua caía a cantaros, me quedé esperando hasta el final del diluvio madrileño y pegué la hebra con el portero principal. Las preguntas banales que solemos hacer en situaciones parecidas me dirigieron hacia uno de mis temas predilectos: la historia de España, o mejor dicho, la época del Imperio español. “¡Qué malos hemos sido! ¡Hemos destrozado todo en América! - estas son las exclamaciones más habituales que se oyen, cuando evocas el tema del Descubrimiento y de la Conquista de América. Y, como siempre, comienzas a responder: que no, hombre, que no ha sido así”… y todo lleva a una larga y tendida explicación de cómo ha sido realizada la conquista, la evangelización y la administración de los nuevos territorios y pueblos de América. La civilización que han llevado los españoles a América es un tema desconocido, olvidado y tergiversado permanentemente. Ay, amigos, la terrible Leyenda Negra. Casi nadie conoce, o peor, quiere reconocer la grandeza de la España imperial. Hablar mal o bien de España significaría tomar una postura, pero ahora ya ni esto tenemos: la dejadez se ha instalado entre los españoles con tal fuerza que a pocos les interesa desentrañar los secretos del pasado, no importa que sea para reivindicar sus grandezas o leer críticamente sus miserias. La neutralidad, lo políticamente correcto, en fin, la apatía es lo que domina por todas partes. Desgana y curiosidad por conocer nuestra historia son predominantes en la sociedad española. La falta del criterio para argumentar sobre la historia de España viene del desprecio por el pasado, que en términos orteguianos significa el desprecio por nosotros mismos.

En ese ambiente de analfabetismo histórico, es muy interesante la aparición de libros como el de Robert Goodwin, Spain. The centre of the world, 1519-1682. ¿Será exagerado por parte del estudioso británico llamar a España, el centro del mundo? No, creo que no; el autor da muchos argumentos y muy bien fundados para justificar este título. El libro, en general, no es excepcional: un título sonoro para narrar verdades sencillas. El libro, que espero pronto se traduzca al español, abarca cuatro reinados desde Carlos V a Felipe IV. Goodwin recupera el valor de Felipe II, que suele aparecer en la historiografía europea comoel demonio del mediodía, como un extraordinario administrador y gobernante que logró solucionar la primera crisis de la deuda soberana. El autor trata no sólo los temas político-militares, como la población morisca, la Inquisición y la Armada Invencible, sino dedica muchas páginas a la cultura del Siglo de Oro: Garcilaso, El Greco, Santa Teresa, Cervantes, Velázquez y Zurbarán, Góngora y Quevedo.

El logro de Goodwin, aparte de elegir un título atractivo y, yo diría, oportuno, es sintetizar un material disperso en varios estudiosos y reescribirlo con humor inglés y gracia andaluza. El libro desmonta algunos tópicos, pero sigue pecando de vez en cuando de lo políticamente correcto. Uno de los ejemplos de esta postura es la comparación que hace del Imperio español con todos los demás imperios: desde el punto de vista indígena [] el colonialismo fue una especie de desastre, se puede decir lo mismo de cualquier imperio y de cualquier acto colonial. Es falsa e infundada esta comparación: España es un ejemplo único en la historia universal, porque paró la conquista y convocó a los más grandes humanistas y juristas para averiguar si se llevaba a cabo de modo justo o injusto.

En cualquier caso, la relectura de los historiadores españoles y de los cronistas por Goodwin es un buen pasatiempo y una valiosa apuesta por menguar un poco la dichosa leyenda negra que tanto daño nos hace.

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