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POR LIBRE

Guía para sobrevivir a los alcaldes de Podemos

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 14 de junio de 2015, 18:51h

A los habitantes de las tres grandes ciudades españolas, Madrid, Barcelona y Valencia, y también a los que viven en Zaragoza, Cádiz y Santiago, les ha tocado en suerte un alcalde de Podemos o de alguna de sus filiales. ¡Menuda suerte!

Ya se van conociendo las normas básicas para empezar a moverse sin contratiempos por las calles de estas ciudades que van a ser regidas por los políticos que se tiñen de morado. He aquí algunas.

Conviene circular en bicicleta, motocarro o automóvil de baja cilindrada y, a ser posible, abollado. Cualquier otro tipo de vehículo pudiera ser considerado una provocación capitalista. Los coches o motos de lujo deberán pagar miles de euros en peajes para poder circular y, desde luego, la autoridad no se hace responsable si son apedreados por los conciudadanos que, con razón, se sienten insultados por la arrogancia del conductor. Los policías locales tienen la orden de permitir estos espontáneos desahogos populares en defensa de la libertad de expresión.

También la grúa tendrá en cuenta el poder adquisitivo del dueño del vehículo a la hora de retirarlo si está mal aparcado. Los coches de más de 1.000 centímetros cúbicos, y, sobre todo, los más limpios, serán encamarados a la rampa de la grúa a empellones. Y de ahí, serán trasladados a un descampado en las afueras de la ciudad donde el propietario deberá abonar una cuantiosa multa antes de retirar su ya también abollado y polvoriento vehículo. Los coches destartalados y los motocarros serán respetados; un gobierno del pueblo no puede reprimir a su pueblo.

Los controles de alcoholemia, como no podía ser de otro modo, también variarán. No es lo mismo conducir con una cogorza de whisky escocés que con una de botellón. Los primeros pagarán caro ir beodos al volante: retirada fulminante del carnet de conducir, unos miles de euros de multa y una buena colleja propinada por el agente de movilidad; para que se despeje. Los que, en cambio, hayan trajinado litros de alcohol de garrafa podrán seguir circulando (y bebiendo). Tampoco hay que reprimir a la gente joven cuando quiere divertirse. Y menos si son votantes.

A la hora de acudir a una oficina para realizar alguna gestión municipal hay que vestirse adecuadamente. El caballero que cometa la osadía de presentarse con traje y corbata tendrá que esperar la cola dos horas más que el resto y si, además, se le olvida sellar algún papel, el funcionario tiene derecho a insultarle a gritos desde el otro lado de la ventanilla. Así, el público se entretiene con el espectáculo mientras espera. Hay que pensar en el pueblo.

Lo primero que tienen que hacer los que vivan en una calle de “un barrio rico” (casi todos lo son para los nuevos alcaldes) es empezar a ahorrar. Los impuestos se van a multiplicar hasta el infinito. También tendrán que prepararse porque la basura no se la va a recoger ni su padre y la fachada de la casa, recientemente remozada, va a convertirse, como tantas otras, en el mural de un festival grafitero que ha organizado el culto concejal de Cultura para “integrar la estética democrática a los barrios de los fachas”.

También las calles de los “barrios ricos” se convertirán en el escenario ideal para propagar la cultura popular. En sus amplias avenidas se organizarán festivales de rock duro hasta la madrugada, con barra libre incluido, claro; ya de mañana, se celebrarán también ferias ecológicas para cubrir su negro asfalto con huertas de verduras, legumbres y demás productos naturales. Carmena ya ha pensado plantar nabos en todos los rincones de la calle Serrano. Para que se enteren las pijas quién manda. Incluso en Serrano.

Pero lo más divertido llegará por Navidad. Es difícil adelantarse a las genialidades que estarán urdiendo los alcaldes para celebrar las fiestas. La cabalgata de Los Reyes Magos podría ser sustituida por el desfile victorioso de Simón Bolívar y sus tropas cuando expulsaron a los sanguinarios invasores españoles. A Carmena no le disgusta la idea. Y los pobres belenes tienen los días contados. A ver quién es el valiente que se atreve a poner en su casa o en el escaparate de su tienda la figurita del Niño Jesús.

También los fines de semana serán diferentes. El centro de las ciudades se reserva, desde media tarde hasta el alba, para celebrar manifestaciones, exclusivamente, eso sí, contra la política retrógrada de Mariano Rajoy; los asistentes deberán portar banderas republicanas y un máximo de un cóctel molotov por persona. De este modo, se logran dos objetivos: molestar con cortes de calles, atascos, ruido y pirotecnia a la oligarquía que pretendía salir a cenar o ir al teatro y, de paso, propagar las bondades de la imparable ideología populista. Y todas las mañanas de domingo, también por el mismo corazón de la ciudad, se celebrarán carreras de todo tipo, cortando al maldito tráfico todas las calles principales.

Sin duda, los nuevos alcaldes rumian muchas otras ideas para transformar las vetustas ciudades españolas en paraísos para el pueblo. Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Cádiz y Santiago de Compostela se han teñido de morado. Pero lo tienen negro. Y no es broma.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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