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TRIBUNA

El voto del miedo y understanding Podemos

lunes 15 de junio de 2015, 20:06h

En 1982, y también con ocasión del 11 M en 2004, se apeló al miedo como agente tensor para inclinar el voto hacia el centro derecha, y el resultado fueron dos mayorías del PSOE. En otoño puede ocurrir lo mismo, pero no será el PSOE sino un Podemos más PSOE, y en este orden, quienes pueden cambiar el mapa político de España para siempre.

Con apenas un año de vida, Podemos ha ido cosechando éxito tras éxito en una hoja de ruta detallada que ha sido publicitada por ellos mismos (lean por ejemplo Understanding Podemos, en la New Left Review). Me desconcierta este autobombo en un partido de una extremada y diabólica inteligencia estratégica. Puede que estemos ante un puro “farde profesoral”.

En sus documentos, apuntan a ganarse a la clase media, única capaz de darles el soporte electoral para alcanzar el poder. Lo pretenden a base de “marcas blandas” como las que gobiernan ahora en Madrid, Barcelona y muchas otras importantes ciudades españolas. En algunas cuentas post electorales se concluye que más de cien mil votantes del PP en Madrid han votado a Carmena, y de las clases medias de izquierda moderada muchos más. El éxito es indudable y da una idea de lo que puede pasar en Otoño en las elecciones generales.

Ahora los de Podemos incidirán en las consecuencias de la crisis. La austeridad que ha mandado (son palabras textuales de Monedero) a España al Tercer Mundo. Por ello, la alcaldesa Carmena propone como primera medida urgente en Madrid una ayuda para paliar la desnutrición infantil. Todo ello sin dar un solo dato que confirme que estamos en un Madrid dickenseniano donde los niños van desharrapados y descalzos por las calles. En mis tiempos de concejal en Madrid, los servicios sociales –absolutamente magníficos- tenían todo tipo de programas de infancia, y no dudo que si existe esta emergencia estarán trabajando en ella desde hace tiempo.

Incidirán, también, en la diferencia entre ellos y la “casta”. Inteligente la propuesta, por tanto, de Carmena de reducir el sueldo a todos sus concejales, pero no al resto. La “casta” seguirá cobrando como si tal cosa, mientras los que resuelven los problemas de los ciudadanos, los que trabajan, cobran la mitad.

Todo ello nos lleva donde más daño hace Podemos. La crisis de legitimidad de la vieja política a causa de la corrupción, alimentada por unas circunstancias de enorme exigencia hacia la ciudadanía: devaluación interior, paro, ajustes salariales, recortes, subidas de impuestos, etcétera. Rajoy quedó completamente tocado por el caso Bárcenas, ya es hora de reconocerlo. La falta de mecanismos internos en el PP para resolver esta crisis -o al menos para hacer una investigación interna que permitiera explicar lo ocurrido y corregirlo- son evidencias de la desastrosa gestión del asunto. Hay tiempo para rescatar al PP, relegitimar el liderazgo mediante unas primarias y explicar primero y establecer mecanismos después para que no pueda repetirse el caso Bárcenas. Un caso que hoy desgraciadamente podría volver a darse.

No frivolicemos con los objetivos últimos de Podemos. Como fieles lectores de Gramsci buscan cambiar la hegemonía de nuestra sociedad, concepto que significa la cultura o el sentido común por el que se rigen las relaciones socio-económicas. Quieren superar el consenso muy mayoritario hacia el sistema liberal/social democrático (el énfasis depende del partido en el poder) basado en la economía de mercado.

Su objetivo es una sociedad donde democracia sea igual a redistribución y la igualdad prime sobre cualquier otro valor. Esto de la democracia igual a redistribución de la riqueza es una modernidad heredera de la dictadura del proletariado. Antes, en la teoría marxista, el proletariado distribuiría en el estadio de transición a la sociedad comunista; ahora son los “garantes” o dirigentes de la nueva democracia quienes asegurarán la igualdad para todos (obvian qué tipo de sociedad quieren al final, pero es fácil sospecharlo). El poner en común la propiedad privada se considera un derecho esencial y, para ellos, sólo se alcanza la verdadera democracia cuando esto se consigue.

Independientemente de la viabilidad de una propuesta de este tipo, la opción de Podemos es sin duda rupturista en la terminología de la Transición, una opción que alienta hasta el extremo la dicotomía izquierda o derecha o, lo que es quizá más repulsivo, la vieja idea de las dos Españas, que perviven y mucho en la cabeza de algunos políticos y está muy desvanecida entre la ciudadanía.

Cuando se pretende una revolución de este tipo, los límites en el ejercicio del poder serán los mínimos. La cosa puede degenerar en un totalitarismo o en un estado tramposo y totalmente ineficiente y corrupto, como es el actual de Venezuela. Y nada hay más peligroso que un totalitario avanzando poco a poco hacia su sueño imposible. Habrá violencia, interpretaciones interesadas de la ley y de las reglas del juego (de las leyes que decidan aplicar, como proclama Colau). Viviremos muchas escenas de cuasi matonismo, como las que sucedieron a la salida del pleno del ayuntamiento de Madrid en las que todo aquel que no fuera disfrazado de Podemos (es decir, sin chaqueta y corbata) era insultado por una masa siniestra.

Por tanto, es necesario que el PP asuma los muchos retos que tenemos delante. Un sistema electoral que prima, hasta cierto punto, la existencia de tres partidos nacionales, pero no cuatro. Casi una cuarentena de provincias envía menos de siete diputados a las Cortes por lo que el cuarto partido tendrá una diferencia notoria de diputados con respecto del tercero, aunque esté a poca distancia de éste. Ciudadanos, como ha ocurrido en Madrid capital, puede acabar matando al PP si no es capaz de superar al tercer partido, probablemente el PSOE.

También es un reto el hecho de que Podemos ha conseguido movilizar o institucionalizar al voto más radical de nuestra sociedad. Este plus de movilización que va íntegramente a la izquierda produjo los vuelcos de 1982 y 2004 y explica el resultado de las elecciones que se acaban de celebrar. Es muy difícil cifrar cuántos votos son, pero comprueben, por ejemplo, la diferencia de votos nulos y blancos en Madrid en estas elecciones y las anteriores para ilustrar en parte mi argumento.

Pero también hay importantes retos en el debate y en el contenido. Hace falta un partido moderno, adaptado a los nuevos sistemas de comunicación -esto, como diría Rajoy, es de capital importancia- con un liderazgo totalmente ajeno a la corrupción y unas políticas que hagan recuperar el voto de las clases medias que es, justamente, el que ha perdido el PP. Un líder quizás churchilliano que no tenga complejos en defender lo esencial; el sistema liberal democrático de economía de mercado, el mejor sistema entre los posibles y que ha dado a nuestro país y a nuestro continente las más altas cotas de prosperidad y estabilidad social de la historia.

Luis Asua Brunt

Abogado, empresario

Abogado, empresario. Estudio en la Complutense y London School of Economics . Ejerció la abogacía en Londres y a su vuelta, 13 años en la cosa pública: 12 como concejal en Madrid y 1 como Viceconsejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio. Su último comentario: “Ah y no vuelvo ni a tiros a la política”.

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