Líbano: un futuro incierto
miércoles 28 de mayo de 2008, 22:28h
El parlamento libanés ha elegido, tras 18 meses de luchas e incertidumbres, al nuevo presidente de un país claramente fracturado. Michel Suleiman, cristiano de 59 años y hasta hace pocos días jefe del ejército -ha colgado el uniforme para evitar suspicacias- asume uno de los retos más importantes de su carrera, si no el que más. El mero hecho de que ya haya alguien que asuma la jefatura de Gobierno en Líbano ya es de por sí una buena noticia. Además, el nombramiento de Suleiman no ha levantado excesiva controversia. Esto es noticia en una nación donde la política se vive al límite, y en la que sus dirigentes corren el riesgo permanente de sufrir un atentado.
Quizá por ello, las primeras palabras de Michel Suleiman han dado esperanza a una población sumamente castigada por una violencia que, en muchas ocasiones, ni siquiera va con ellos. De hecho, el nuevo presidente ha ido en esta línea cuando ha afirmado que no quiere que su país siga siendo “campo de batalla para las guerras de otros”. Clara referencia a Siria e Irán por un lado, e Israel por otro, a quienes acusa de intervenir en asuntos que no son de su incumbencia, cuando no de usar suelo libanés para dirimir sus diferencias. Razón no le falta. Siria ha tenido siempre intereses en Líbano, y unas ansias nada disimuladas de tutelar cuanto allí suceda. Irán, por su parte, es el alma mater de Hizbolá, grupo terrorista que utiliza sus bases en el sur del Líbano para hostigar a Israel. E Israel, claro, se defiende, y ataca a quien le arremete, esté donde esté. Y en medio de todos ellos, Líbano. El día que se vea libre de semejantes compañeros, el país del cedro volverá a ser “la Suiza de Oriente Medio”.