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Argentina, un conflicto enquistado

miércoles 28 de mayo de 2008, 22:43h
El conflicto entre el Gobierno argentino y los productores agropecuarios dura ya desde hace dos meses y parece que va para largo. Los desencuentros entre el matrimonio Kirchner y el campo están haciendo mella en la popularidad de la presidenta, que ha caído casi 60 puntos en menos de seis meses de mandato. Es comprensible que los productores agropecuarios se aparezcan en las pesadillas de los Kirchner y sólo así se entienden las graves acusaciones que el ex presidente, Nestor Kirchner, vertió contra ellos en último Consejo del Partido Justicialista. El Kirchner tachó las protestas agrarias de ataques “antidemocráticos con ánimo destituyente” y, para más inri, acusó a los productores de ser “golpistas que pretenden detener los cambios como en 1930, 1955 y 1976”.

Cristina Fernández, por su parte, ha procurado ser menos explícita y en sus últimas apariciones públicas ha aludido, sin citarlo, al conflicto con el campo, abogando por una Argentina “más tolerante, democrática y respetuosa”. En un encuentro con las Madres de la Plaza de Mayo, Fernández las puso como ejemplo de una protesta que dura ya 30 años en los que no ha habido “un acto de violencia, una amenaza o un ejercicio de intolerancia hacia el otro”. “Eso -insistió- que no les habían cobrado un impuesto, les habían quitado a los hijos”.

Los Kirchner tratan de hacer ver que las protestas del campo forman parte de una conspiración política. Lo cierto es que la cuestión es mucho más complicada. Esta crisis es la culminación de dos años de difíciles relaciones entre los productores agrarios y el Gobierno central, a causa de las políticas intervencionistas y arbitrarias llevadas a cabo por Ernesto Kirchner y continuadas ahora por su mujer, Cristina. A través de un sistema de retenciones -impuestos que pasan directamente a manos del Estado- hasta el momento, el matrimonio Kirchner se las ha arreglado para que el 100 por cien del dinero derivado de las mismas quede en poder del Ejecutivo central. De esta forma, han subsidiado a sus provincias afines, lo que les ha ayudado a mantener el poder político. Las protestas que llevan dos meses recorriendo el país son una respuesta espontánea y lógica de un pueblo cansado y harto de una forma de hacer política populista e irresponsable. Y nada tienen que ver con movilizaciones ni conspiraciones orquestadas por las oligarquías económicas contrarias a Fernández Kirchner, como se trata de hacer ver.
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