Podemos. Nada nuevo: la chabacanería al poder
jueves 25 de junio de 2015, 08:33h
Alba López Mendiola, potencial sustituta de Guillermo Zapata en la concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, se define a sí misma como “bollera, camionera, desviada, leñadora y feminazi”. Se considera igualmente “doctorada en el arte de quejarse” y “marxista-leninista”. Aparte de esto, su “experiencia profesional” consiste básicamente en haber participado en movilizaciones antisistema, y en haberle deseado una “mala muerte” a Emilio Botín.
Su antecesor, Guillermo Zapata, va a ser citado por la fiscalía para determinar si sus tuits antisemitas y vejatorios para con las víctimas del terrorismo son constitutivos de delito. Y la portavoz del consistorio, Rita Maestre, sigue jactándose de haber profanado la capilla de la Complutense -está imputada por un delito contra los derechos fundamentales y puede se condenada a un año de cárcel-. No son los únicos. La práctica totalidad de la flamante corporación municipal madrileña tiene un curriculum similar.
Lo peor es que, lejos de escandalizarse, una parte de su electorado sigue riendo unas gracias que no son tales. Justificar o practicar la violencia física o verbal y hacer causa del odio al que piensa diferente es una declaración de intenciones preocupante. Porque no se trata de simples tuits o salidas extemporáneas, sino de formas de ser y pensar que van a materializarse en poder político. Formas de ser y de poder –conviene subrayarlo- tan poco originales como lamentables. Las opciones sexuales de unos representantes municipales es una cuestión privada que interesa más bien poco a la ciudadanía. Tampoco escandalizan. Simplemente, formuladas de una manera soez y agresiva, resultan una expresión de zafiedad y chabacanería que atenta contra la estética, característica que se compadece mal con un desempeño de naturaleza cultural.
Otra cosa, es su auto definición como comunistas. Eso si es políticamente relevante, aunque tampoco escandaloso. Claro que quizá un poquito antigüito: una utopía cuyo ensayo pronto cumplirá el siglo, trágica y estrepitosamente fracasada en un baño de sangre, ayer, y cuyas variantes vemos hoy debatiéndose entre la miseria, en Venezuela y Grecia. Ya sabemos, pues, lo que es Podemos: zafiedad y agresividad en las formas, en combinación con un comunismo, en donde se mezcla la teoría del caudillaje de Karl Schmitt con el componente plebiscitario latinoamericano de Ernesto Laclau: una pócima que poco tiene que ver con el perfil sociológico de la sociedad europea y del que la socialdemocracia responsable debía alejarse como el de una peste electoral.