Parar al Estado Islámico
sábado 27 de junio de 2015, 00:04h
Una sucesión espantosa de acciones sangrientas del yihadismo ha sembrado el horror y luto internacionalmente. En plena festividad del Ramadán, el Estado Islámico (EI) ha realizado una infiltración en la ciudad de Kobane -defendida heroicamente meses atrás por las milicias kurdas-, causando más de un centenar de muertes entre la población civil. En Kuwait, el mismo Estado Islámico ha masacrado a más de una veintena de fieles mientras oraban en una mezquita. A su vez, más de treinta turistas occidentales han sido víctimas mortales en una playa tunecina a manos de unos terroristas calificados como “caballeros del Estado Islámico” por el propio EI. En el corazón de Europa, al sur de Lyon, un lobo solitario ha decapitado a un hombre, inscribiendo en su cuerpo mutilado un mensaje islámico, mientras sus colaboradores trataban de provocar una tragedia de grandes proporciones detonando una fábrica de productos químicos. Estamos ante un desafío global que exige una respuesta cada día más contundente hecha desde la eficacia y la inteligencia, nunca desde reacciones viscerales que es necesario evitar, comenzando por la xenofobia o el propio miedo.
La modulación de la respuesta exige seleccionar las armas a utilizar en cada caso. Francia ha dado un ejemplo de contestación política a las tragedias sufridas hace pocos meses y también hoy: unidad de las formaciones políticas en torno a la Presidencia y respaldo a unos cuerpos policiales bien coordinados. Pero la reiteración de sucesos similares indica que esa reacción no es suficiente. En todos los casos, los terroristas habían sido detectados por las Fuerzas de Seguridad como radicales peligrosos, pero no se reunió toda la información para actuar preventivamente contra ellos. Es urgente, pues, incrementar los servicios de inteligencia que proporcionen datos que sean auténticamente eficaces en la prevención. Y es preciso hacerlo a escala europea, no solo por solidaridad sino también por interés propio de cada uno de los miembros, ya que lo ocurrido en suelo francés puede ser solo un pálido aviso de lo que los yihadistas desean hacer en el conjunto del continente. Y lo harán, que no nos quepa duda: cuando puedan y como puedan. La pedagogía debería ser la mejor aliada en esa tarea de prevención, actuando en reductos de población islámica abandonados a fanáticos propagandistas. Recetas que la Unión Europea (UE) habría de hacer extensibles a un país como Túnez, cuya actitud dialogante y apertura democrática intentan doblegarse a base de ráfagas de kalashnikov.
Otros recursos habrán de emplearse sobre el epicentro real de estas oleadas de violencia, que hoy se encuentra sin duda en un Estado Islámico cada día más desafiante. Resulta inaudito que Occidente se ande aún con paños calientes con esta monstruosidad fortaleciéndose en la ribera del Mediterráneo. El plan norteamericano diseñado por Obama para utilizar a milicias chiíes y generales iraquíes contra el ejército del EI muestra cada vez más su inoperancia. En el Estado Islámico y sus pozos de petróleo incautados están hoy las principales fuentes de financiación. También el núcleo central de la propaganda, el activismo político y el orgullo de lobos solitarios que ven en el EI una fuerza triunfante. Se hace cada día más perentoria una rotunda acción internacional que neutralice por las armas una fuente constante de horrores y dé un aviso disuasorio a otros estados que vean en el islamismo una herramienta para coaccionar o doblegar a países democráticos.