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Tsipras arrastra a Grecia al precipicio

lunes 29 de junio de 2015, 08:31h
Alexis Tsipras echó las campanas al vuelo cuando llegó al Gobierno, prometiéndoselas muy felices. Pero esa subida al poder era algo enormemente fácil, aupado por una situación en la que los electores estaban dispuestos a creer en una solución mágica que les sacará del angustioso momento en el que vivían, relanzando el estado clientelar en el que vivían. Después, llegada la hora de la verdad, se ha ido revelando la verdadera condición del primer ministro griego que se resume en una absoluta incapacidad como estadista que debe hacer frente a los problemas sin obviar la realidad. Por el contrario, Alexis Tsipras ha ido sembrando el camino de arrogancia e insensateces hasta llegar al dislate de convocar un referéndum para que los griegos decidan si apoyan o no las propuestas de la Unión Europea (UE). Y, para colmo, un referéndum donde el Gobierno es juez y parte, pues en el mismo anuncio de la convocatoria ya daba la respuesta, naturalmente negativa. Con esta decisión, se pretendía, como el propio Tsipras manifestó, dar una lección de democracia a Europa, pero, sobre todo, buscaba reforzar su posición negociadora.

Sin embardo, lo único que ha conseguido ha sido enturbiar las negociaciones hasta la ruptura, poniendo al país heleno al borde del precipicio. Ayer a la decisión del referéndum, Tsipras unió la de poner en marcha un control de capitales que supone muy fuertes limitaciones para sacar dinero de los Bancos, que cierran a partir de hoy. Cierre al que se suma la Bolsa de Atenas. Es decir, el “corralito” está servido ante un cada vez mayor nerviosismo de una ciudadanía que está tomando conciencia de que el paraíso prometido por el izquierdismo radical y populista de Syriza puede convertirse en un infierno. Y mientras, Tsipras y Syriza siguen erre que erre acusando a la UE de ser la responsable de una situación cada vez más laberíntica.

Por el contrario, la UE se ha comportado con paciencia y generosidad y no ha ahorrado esfuerzos por evitar ese abismo al que no otro que Tsipras se empecina en arrastrar a sus compatriotas. Las condiciones del mercado internacional de capitales fuera del apoyo de la UE serían infinitamente peores. Aun en estos momentos, la UE no ha cerrado totalmente la puerta a retomar la negociación, siempre y cuando Tsipras abandone los despropósitos que, como se ha demostrado, solo conducen al desastre. Y el Banco Central Europeo (BCE) ha decidido mantener la liquidez de emergencia a los Bancos griegos.

En esta vía de completa irresponsabilidad y desatinos, Tsipras ha encontrado en Pablo Iglesias un complaciente compañero de viaje. El secretario general de Podemos ha dicho sin el menor empacho que la troika “ataca a la soberanía griega” en “una operación mafiosa de terrorismo financiero”, y, con su torticera retórica, ha señalado que se están configurando dos campos en el escenario europeo donde “o estamos con la democracia o estamos con la dictadura y nosotros vamos a estar, inequívocamente, con la democracia”. Proponer una votación sobre si la ciudadanía quiere o no devolver sus deudas, es tanto como preguntar a los ciudadanos de los países acreedores si quieren o no que les reintegren el dinero prestado: es una falacia demagógica que poco tiene que ver con la democracia. Ya sabemos que Grecia no es España, pero no queremos ni que se le parezca. El viaje que proponen Alexis Tsipras y Pablo Iglesias es solo hacia el abismo. Y esto no es retórica. Lo que está sucediendo en el país heleno es real, muy real.
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