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EPISTOLARIO

Joseph Roth & Stefan Zweig : Ser amigo mío es funesto

domingo 05 de julio de 2015, 14:16h
Joseph Roth & Stefan Zweig : Ser amigo mío es funesto

Edición de Madeleine Rietra y Rainer Joachim Siegel. Epílogo de Heinz Lunzer. Traducción de J. Foutcuberta y Eduardo Gil Bera. Acantilado. Barcelona, 2015. 425 páginas. 25 €

Por Alejandro San Francisco

Las obras literarias -una novela, una poesía, un ensayo- son la mejor manera de acercarse a un autor. Sin embargo, hay otras vías para aproximarse a los escritores que no pueden ser dejadas de lado, como es el caso de las biografías, que se concentran en la vida de ellos, o bien los estudios especiales sobre toda o parte de la producción literaria de un determinado autor. En un punto intermedio se ubican los epistolarios, que muestran al escritor en primera persona, pero desde una perspectiva más íntima, sin las pretensiones propias de la elaboración de una novela o un poema, sino con el ritmo de la vida diaria y las preocupaciones e intereses de un determinado momento.

La correspondencia entre Joseph Roth y Stefan Zweig desde 1927 hasta 1938 es muy bienvenida, por cuanto son dos autores de primer nivel en el siglo XX, que felizmente han sido recuperados en la lengua española en los últimos años, especialmente a través de diversas publicaciones de la editorial Acantilado. Así hemos visto aparecer y reeditar algunos de los trabajos fundamentales de Zweig, como sus Momentos estelares de la Humanidad, María Antonieta o El mundo de ayer, junto a otros de Roth, como Job y El Leviatán, además de una completa edición de Cartas (1911-1939). De este último habría que añadir su famosa La Marcha Radetzky (Edhasa) y Los cien días (Pasos Perdidos, 2013), que hemos comentado aquí en otra oportunidad.

Parte de estas y otras obras, su elaboración o su recepción en Europa, son algunos de los temas que cruzan la correspondencia entre los dos autores. Zweig (1881-1942) ya era un escritor conocido cuando comenzó su amistad con Roth (1894-1939). Ambos personajes eran judíos, otro de los asuntos que aparece repetidamente en las cartas, y que va acrecentando su importancia a medida que cambia la situación política europea, especialmente con el ascenso y llegada de Hitler y el nacionalsocialismo al poder en 1933. Esto marca no solo un cambio de gobierno, sino una situación dramática para los judíos y los escritores de esa “raza”, rápidamente proscritos de la lista oficial de autores permitidos por el totalitarismo nazi, muchos de los cuales debieron salir al exilio, mientras otros comenzaron a morir años después fruto de las persecuciones y de los campos de concentración.

Roth es particularmente duro con la situación política del momento, y así lo manifiesta en diversas misivas. De esta forma hablaba pocos meses antes de la subida de Hitler al poder en Alemania: “El nacionalsocialismo me alcanza en lo más particular -aparte de los libreros, aterrorizados y nacionalistas ellos mismos, quieren terminar con la literatura que llaman civilizadora, europea occidental y demás-” (7 de agosto de 1932). En otra ocasión advertía que “nos aproximamos a grandes catástrofes” (mediados de febrero de 1933), precisando que el gobierno nazi recién constituido no solo va contra los judíos, sino “contra la civilización europea, contra la humanidad” (22 de marzo de 1933). Zweig, quien entendió más tarde el peligro nacionalsocialista, habló después de una época “anémica en fuerza intelectual” (25 de septiembre de 1937) y se refirió al “olor podrido de Europa” (17 de octubre de 1937).

Por eso no extraña que ambos autores aparezcan como nostálgicos de épocas anteriores, maravillosamente descritas en El mundo de ayer o La Marcha Radetzky, así como la correspondencia va mostrando cuestiones no solo políticas, sino también de una índole más personal. En esto resultan particularmente expresivas las numerosas cartas en las que Roth cuenta a Zweig su precaria situación económica, sus problemas crecientes, mezclados con una clara depresión personal y una difícil situación familiar, que lo llevó a escudarse en el alcoholismo. Aunque son páginas que resultan a veces reiterativas y en exceso amargas, muestran muy bien el momento espiritual que vivía el escritor. El autor de los Momentos estelares de la Humanidad procuró aconsejar al amigo, incluso le facilitó dinero en ocasiones, pero sabía que no estaba ahí la solución a los contratiempos. Eso queda de manifiesto especialmente en el excelente Apéndice que reproduce extractos de cartas a terceros, en las cuales Zweig se refiere a Roth, donde expresa que “el alcohol lo está socavando complemente” (a Antonina Vallentin-Luchaire, julio de 1934), mientras después lamenta que estuviera anímicamente “lleno de amargura” (Carta a Friderike Zweig, 12 de diciembre de 1936) o que se hubiera convertido en una “víctima de sus problemas domésticos y del alcohol”.

Como Roth precedió a Zweig en la muerte en 1939, éste tuvo la oportunidad de rendir homenaje a su malogrado amigo con una necrológica en el Sunday Times de Londres, el 28 de mayo de 1939. Ahí se refirió a su obra con gran entusiasmo, destacando que había escrito “con el fervor de un verdadero poeta”. Finalmente agregaba que “una generación entera pierde con él un gran ejemplo, y sus amigos, a un amigo extraordinario". El epistolario se completa con un valioso epílogo escrito por Heinz Lunzer, donde trata de ambos escritores y su correspondencia.

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